Gasco insta a los cristianos a defender la vida humana del naciente aunque pueda suponer burlas

VALENCIA, 2 (EUROPA PRESS)

El cardenal Agustín García-Gasco exhorta en su carta de esta semana a defender la "vida humana naciente" a pesar de que ello "puede suponer para el cristiano descalificaciones, burlas e incomprensiones", según informaron fuentes del Arzobispado de Valencia en un comunicado. García-Gasco considera que si la democracia "no respeta los derechos fundamentales de los más débiles, se degrada hasta ser una simple tiranía de las mayorías".

El purpurado, que expresa que los no nacidos "también son nuestros hermanos", sostiene que en "ningún caso se pueden apoyar reformas que se empecinan en presentar como bueno acabar con la vida humana más débil e indefensa, y desertar de la ayuda a la madre para que lleve adelante la vida de su hijo".

En su carta, que titula 'El progreso no es confundir', el cardenal insiste en que el verdadero progreso "no establece la confusión entre el bien y el mal", sino que "busca y desea la civilización del amor y de los derechos humanos". Por ello, García-Gasco insiste en que el "verdadero progreso" supone rechazar "la violencia que implica todo aborto realizado sin consentimiento de la madre o con él", pues en ambos casos "se destruye un ser humano con un código genético distinto al de sus progenitores desde su concepción".

El purpurado describe cómo en la actualidad "somos muchos los que lamentamos que los legisladores no asuman iniciativas encaminadas a reducir drásticamente el número de abortos, a restaurar en la conciencia ciudadana el valor de la vida desde el momento de la concepción, y a ayudar a toda madre en estado de gestación a llevar a feliz término el nacimiento de su hijo".

El cardenal García-Gasco parte en su carta de que el progreso "es un gran bien para las personas, y no debe verse como un riesgo o peligro". Sin embargo, advierte de que situar "el bien y el mal a la misma altura es como una 'bomba retardada' que, al final, todo lo destruye". Por este motivo, considera el purpurado que cuando "el relativismo moral se propaga se acaba actuando por el interés propio, excluyendo el interés de los demás", lo que provoca que la violencia "se haga presente con suma facilidad en la sociedad".

"Si bien y mal son relativos, también lo son la justicia y la iniquidad, la guerra y la paz, la vida y la muerte", añade el cardenal que insiste en que si la democracia "no respeta los derechos fundamentales de los más débiles se degrada hasta ser una simple tiranía de las mayorías".

De igual forma, señala, "considerar el funcionamiento del sistema democrático desde una perspectiva relativista lleva a confundir la verdad con lo que determina la mayoría". Para el purpurado, "el que lo más votado sea lo preferido por la mayoría con el respeto que merece, no lo convierte en verdad" e insiste en que "la razón, la ciencia, la verdad, no es un dictado de las mayorías ni de las minorías, sino que obedece a otros parámetros distintos que no resultan incompatibles".

En su carta, el cardenal Agustín García-Gasco invita al fiel laico a "ejercer un discernimiento especialmente delicado en realidades que remiten a las exigencias morales fundamentales e irrenunciables como son el carácter sagrado de la vida, la libertad de enseñanza o la promoción de la familia fundada sobre el matrimonio entre un hombre y una mujer". En este sentido, recuerda como primer criterio a tener en cuenta "la distinción y la conexión entre el orden legal y el orden moral".

Al final de su carta, el purpurado afirma que quien defiende la vida humana naciente actúa "en nombre de la dignidad humana" y "está llamado a ser un testigo valiente y humilde del Evangelio, que rechaza cualquier tipo de violencia y que confía en las armas del amor y de la razón que le inspiran su seguimiento de Cristo".