Rodríguez Plaza reconoce que ser cardenal no es una "preocupación muy fuerte" y que es momento de "pastorear" en Toledo

Aunque la fecha no está cerrada, el nuevo arzobispo de Toledo cree que su toma de posesión podría celebrarse el 21 de junio

VALLADOLID, 16 (EUROPA PRESS)

El hasta ahora arzobispo de Valladolid y recientemente nombrado arzobispo de Toledo, Braulio Rodríguez Plaza, puso hoy de manifiesto que, pese a que sus antecesores en su nuevo cargo ostentaban también el título de cardenal, esto no constituye una preocupación "muy fuerte" para él, quien ahora tiene encomendada la tarea de "pastorear" en su nuevo destino.

Plaza, quien compareció hoy ante los medios de comunicación de Valladolid minutos después de que la noticia se difundiera de manera oficial en Toledo, hizo una distinción entre ser arzobispo y ser cardenal, cargo que, recordó, depende directamente del Papa, punto en el que sí reconoció que "los de Toledo" sí querrán su nombramiento como cardenal.

Rodríguez Plaza, quien se refirió a su próxima labor de "pastoreo" en Toledo, donde a su llegada tocará "oír, ver y callar" antes de tomar decisiones, negó la posible vinculación existente entre su edad y sus destinos y adelantó que, aunque la fecha aún no está cerrada, su toma de posesión podría tener lugar el 21 de junio debido a las dificultades de que sea antes por las celebraciones de Pentecostés, el Corpus y la toma de posesión del obispo de Jerez.

La fecha, pendiente de un encuentro con el hasta ahora arzobispo de Toledo, el cardenal Antonio Cañizares, no es por tanto "segura" aunque, matizó, el nuncio apostólico ya puso de manifiesto en su momento su deseo de que el relevo se produjera "pronto" teniendo en cuenta que el traslado se comunicó vía epistolar los últimos días de marzo.

Rodríguez Plaza, quien se denominó a sí mismo "arzobispo del Duero" por haber dirigido las diócesis de Osma, Salamanca y Valladolid, trasladó su deseo de ser recordado como un obispo "que ha querido serlo" y que no se ha alejado de sus fieles "ni de la sociedad vallisoletana", en la que se ha "adentrado profundamente" pese a lo costoso que, según confesó, le han resultado siempre los cambios.

"No hacen falta muchas cosas espectaculares", señaló en referencia al modo en que le gustaría ser recordado y antes de resaltar que las diócesis castellanas tienen siempre ante sí retos "muy complejos" como la reorganización de las parroquias, especialmente en parroquias grandes "y con abundancia de clero" y en "constante cambio" y que, en el caso concreto de Valladolid, se puso ya en marcha hace menos de un año un plan pastoral fruto de la reflexión de sacerdotes, laicos religiosos.

Asimismo y en referencia al seminario diocesano Braulio Rodríguez, quien recordó que la "raíz toledana" de su familia "ha estado siempre ahí", negó contar con la "fórmula química" que posibilite su "levantamiento" ya que, añadió, las nuevas vocaciones dependen de la labor de las familias y del trabajo en la comunidad cristiana, a lo que se suma, a su juicio, la necesidad de "contrastar" las personas que son llamadas a la vocación con el propio Jesucristo.

"Es cuestión de vitalidad, de creer realmente que Jesucristo merece la pena", destacó el recién nombrado arzobispo de Toledo antes de resaltar que el mayor número de seminaristas que encontrará en su nuevo destino --casi el doble de los de Valladolid-- , en cuanto al número, es "importante" pero no "absolutamente decisivo" y que serán esos seminaristas que conocerá a su llegada quienes tienen ante sí una tarea "muy importante" ya que tienen que responder a los "retos formativos" para que la vitalidad "continúe".

En último término y sobre la posibilidad de que algunos de sus colaboradores en Valladolid pueden marcharse con él a Toledo, como el caso de su secretario, José Andrés Cabrerizo, aseguró que nunca lo ha hecho, que ese asunto no se ha abordado y que Valladolid "necesita sacerdotes" pero, por el contrario, añadió que "todo depende" del "amor tan grande" que Cabrerizo "tiene a Valladolid".

DESPEDIDA Y SALUDO

Asimismo y durante su comparecencia ante los medios de comunicación, Braulio Rodríguez leyó una carta de despedida de sus fieles de Valladolid, quienes durante casi siete años fueron su "preocupación" y "alegría" como obispo, labor que ha dejado una "profunda huella" por haber sido una "experiencia cristiana honda" en la que se ha sentido, según confesó, "acogido y acompañado".

Tras resaltar que ha conocido todas las parroquias y comunidades de la Diócesis de Valladolid, el nuevo arzobispo de Toledo pidió perdón por sus posibles errores y "fortaleza" para ser buen obispo en su nuevo destino y mostró su deseo de tener presentes a las familias, enfermos e inmigrantes, así como a los sacerdotes religioso, otros consagrados y a los movimientos apostólicos.

A ésta se sumó otra misiva que, dirigida a sus nuevos fieles de Toledo, el hasta ahora obispo de Valladolid leyó y en la que agradeció a Benedicto XVI su "muestra de confianza" por el relevo, les pidió oraciones por el buen desempeño de su nueva labor y recordó, además, al vallisoletano cardenal Marcelo González, "con cuya amistad fui enriquecido ya desde mis primeros años de sacerdote".

Su buen quehacer, su entrega a esta Iglesia de Toledo ha seguido, con su reciedumbre castellana, la estela de tantos grandes arzobispos, que me sirven sin duda de estímulos en mi ministerio", añadió antes de hacer también mención al arzobispo emérito, Francisco Álvarez, y a quien sustituirá en el cargo, Antonio Cañizares, por su "labor ingente".

Junto a la comunidad cristiana de Toledo, añadió, comenzará la "aventura sorprendente" de "caminar en la tarea eclesial" de una iglesia "que está en marcha con vitalidad sorprendente", punto en el que destacó que lo importante no es, en el momento actual, lo que él pueda prometer sino su convencimiento sobre el hecho de que tiene que "mostrar a Cristo" y sobre la importancia de cada uno de ellos.

Por último, a las autoridades de su nuevo destino recalcó su deseo de querer servir al pueblo de Toledo desde su servicio eclesial.

EN VALLADOLID DESDE 2002

Braulio Rodríguez Plaza fue nombrado el 28 de agosto de 2002 nuevo arzobispo de la Diócesis de Valladolid en sustitución de José Delicado Baeza y después de que el entonces Santo Padre, Juan Pablo II, aceptase la renuncia de monseñor José Delicado Baeza al gobierno pastoral de la Archidiócesis de Valladolid, presentada el 18 de enero de 2002, cuando cumplió 75 años.

En aquel momento la Nunciatura Apostólica en España designó a Braulio Rodríguez Plaza, hasta ese momento obispo de Salamanca, para hacerse cargo de la Archidiócesis vallisoletana, destino del que tomó posesión el 13 de octubre del mismo año.

"A los 33 años de ejercicio del ministerio episcopal, 27 al frente de esta Diócesis, estoy dando gracias a Dios especialmente desde que se me comunicó que el Santo Padre ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral de la Archidiócesis de Valladolid", destacó entonces Delicado Baeza.