Los argentinos viven la Pasión de Cristo en su propia "tierra santa"

  • Buenos Aires, 9 abr (EFE).- Los argentinos no necesitan ir a Jerusalén para empaparse sobre la vida de Cristo porque Buenos Aires tiene su propia "tierra santa", el único parque temático del mundo dedicado a la vida de Jesús, desde su nacimiento hasta la resurrección, con unas 580 figuras de tamaño natural.

Los argentinos viven la Pasión de Cristo en su propia "tierra santa"

Los argentinos viven la Pasión de Cristo en su propia "tierra santa"

Los argentinos viven la Pasión de Cristo en su propia "tierra santa"

Los argentinos viven la Pasión de Cristo en su propia "tierra santa"

Buenos Aires, 9 abr (EFE).- Los argentinos no necesitan ir a Jerusalén para empaparse sobre la vida de Cristo porque Buenos Aires tiene su propia "tierra santa", el único parque temático del mundo dedicado a la vida de Jesús, desde su nacimiento hasta la resurrección, con unas 580 figuras de tamaño natural.

Más de 3 millones de turistas, en su mayoría argentinos, uruguayos y brasileños, aunque también europeos, han recorrido esta particular "tierra santa" porteña en sus diez años de existencia, según sus promotores.

Ubicado en la costanera norte del Río de la Plata, el parque, de siete hectáreas de extensión, no sólo permite hacer un completo recorrido por la vida de Cristo sino que trata de reflejar la fusión de culturas y religiones del viejo Jerusalén.

La gigantesca figura de Jesús que emerge cada hora a espaldas de un figurado monte Calvario con un enorme corazón en su pecho y repartiendo bendiciones hacia los cuatro puntos cardinales, con el "Aleluya" como música de fondo, es, sin duda, la mayor atracción del parque, visible incluso desde el aire.

Antes de llegar a este monumental Jesucristo, los visitantes habrán tenido oportunidad de conocer a fondo las distintas etapas de su vida, desde su nacimiento -en un pesebre-, hasta su muerte y su resurrección, pasando por la entrada en Jerusalén a lomos de un borrico y la última cena.

Todo recreado mediante figuras humanas y animales de tamaño natural que se confunden con decenas de empleados que trabajan en el parque ataviados como en la Palestina de hace 2.000 años.

Soldados romanos, campesinos, pastores, mujeres vestidas con túnicas y tapadas de pies a cabeza y hasta algún que otro emperador venido a menos se ocupan de mantener la ambientación de este parque, no exento de cierto toque "kitsch".

En el corazón de este singular "pueblo", es posible encontrar una capilla católica junto a una sinagoga y frente a una pequeña mezquita en la que se respeta la costumbre musulmana de entrar descalzo y separar a hombres y mujeres en el rezo.

Cruzando el "Vía Crucis" uno se puede topar con el mismísimo "Arca de Noé" que, con el paso de los siglos, y en esta versión porteña de la historia sagrada, se ha transformado en un restaurante de comida armenia.

Incluso puede dedicarse a la meditación en el Muro de las Lamentaciones, una recreación de la pared de Jerusalén, en el que los turistas pueden depositar también sus deseos con la confianza de que llegarán a la auténtica "Tierra Santa" porque, una vez al año, la embajada de Israel en Argentina se ocupa de recoger todos los papeles y trasladarlos al auténtico Muro de las Lamentaciones.

A pocos metros, uno puede hacerse a la idea de que se lleva la bendición del desaparecido Papa Juan Pablo II, cuya figura se encuentra protegida por una urna de cristal, muy cerca de la madre Teresa de Calcuta y de Mahatma Gandhi.

"Esto es un lugar no solamente religioso, porque además es ecuménico, sino que es un parque espiritual, tolerante, abierto a todos los credos. Es como convivían allá, en cada sector", explica a Efe la directora del parque, María Antonia Ferro.

Según Ferro, los visitantes se van "emocionados, más allá del credo que practique, siente que encuentra paz, recobra un poco la fe, la esperanza. Es como un bálsamo, un alimento para el alma".

Una opinión que comparte Helio Vélez, un ciudadano uruguayo que ha visitado el parque ya en tres ocasiones porque "siempre se aprende algo nuevo" y siente que es un lugar "muy espiritual, quien cree en el Señor se encuentra muy bien aquí".

Después de una buena dosis de cultura religiosa, nada mejor que un descanso en la plaza del pueblo para disfrutar de un espectáculo de danza árabe o de un grupo musical como los que amenizan las tardes en el parque, muy cerca del Gólgota donde un Cristo de poliéster y resina sigue crucificado esperando la hora de su resurrección.