Más de 100 cordobeses peregrinarán en julio a Polonia, como pidió Asenjo, tras las huellas de Juan Pablo II

CÓRDOBA, 23 (EUROPA PRESS)

Más de un centenar de cordobeses, entre religiosos y seglares, han respondido a la llamada que les hizo el pasado marzo en una carta pastoral el administrador apostólico de la Diócesis de Córdoba y arzobispo coadjutor de Sevilla, Juan José Asenjo, y peregrinarán el próximo mes de julio a Polonia, tras las huellas del Papa Juan Pablo II.

En declaraciones a Europa Press, el director del Secretariado Diocesano de Peregrinaciones del Obispado de Córdoba, Carlos Linares, detalló que en dicha peregrinación, a celebrar entre el 12 y el 19 de julio, con pundo de salida y vuelta en Madrid y por vía aérea, tomarán parte un total de 108 personas, incluidos el vicario general de la Diócesis de Córdoba y moderador de la Curia, Fernando Cruz-Conde, el vicario episcopal de la Ciudad de Córdoba, Manuel María Hinojosa Petit, y ocho sacerdotes.

Por su parte, Asenjo participará puntualmente en la peregrinación, estando previsto que acuda a Cracovia, ciudad emblemática por muchos motivos históricos, pero también por lo que implicó en la vida de Juan Pablo II antes de ser Papa, con la idea general, para toda la peregrinación, de conocer de manera directa "sus raíces espirituales, en qué fundamentó toda su teología, su antropología y su manera de ver las cosas".

De esta forma, según señaló Linares, los peregrinos católicos cordobeses, religiosos y seglares, visitarán la capital de Polonia, Varsovia, la ciudad natal de Juan Pablo II, Wadovice, y la sede de Cracovia, donde se formó, enseñó y ejerció los ministerios sacerdotal y episcopal.

Visitarán también los santuarios de la Divina Misericordia y de Czestochowa, la Universidad Jagellónica, donde ejerció como profesor, y el campo de extermino de Auschwitz, donde recordarán a los mártires del siglo XX Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, y San Maximiliano María Kolbe.

EN RECUERDO DEL PAPA

Con motivo de la organización de esta peregrinación, Asenjo ya recordó algunos de los rasgos más sobresalientes del servicio de Juan Pablo II a la Iglesia universal, algo que se demuestra por el hecho de que "a su muerte (el 2 de abril de 2005) fue calificado como campeón del ecumenismo, pues no regateó esfuerzos a la búsqueda de la restauración de la unidad querida por Cristo para su Iglesia". Se recordaron entonces sus iniciativas audaces en el campo del diálogo interreligioso y su compromiso con la verdad, en una época como la actual, "marcada por el relativismo ideológico".

A juicio de Asenjo, "con su magisterio, Juan Pablo II iluminó los más variados temas del dogma y de la moral, prestando así un espléndido servicio a la fe, especialmente con la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica, auténtico compendio de la doctrina católica y verdadero vademécum para todo fiel cristiano que quiera hoy conocer y vivir las verdades fundamentales de la fe", de la misma forma que "no es posible olvidar su cercanía a los jóvenes, con los que llegó a establecer una comunión emocionante".

De igual modo, según concluyó Asenjo, "no es posible soslayar su fecundo magisterio sobre el papel de los laicos en la vida de la Iglesia, su doctrina sobre el sacerdocio y la vida consagrada y su compromiso con el Concilio Vaticano II, propiciando su interpretación más auténtica y genuina y señalándo los ejes por los que debe discurrir la verdadera renovación de la Iglesia".