Lágrimas y decepción al suspenderse la procesión del Jesús de Medinaceli, la más concurrida y devocionada de Madrid

MADRID, 10 (EUROPA PRESS)

La procesión de Jesús de Medinaceli, la imagen que suscita más concurrencia y devoción entre los madrileños, se suspendió esta tarde por el mal tiempo que reinó en el Viernes Santo en la capital, provocando las lágrimas y la decepción de medio millón de madrileños que iban a contemplar el paso.

Ésta ha sido la segunda suspensión del día, junto a la del Divino Cautivo. En cambio, sí marcharon las procesiones del Santísimo Cristo de los Alabarderos, la del Silencio, María Santísima de los Siete Dolores y la del Santo Entierro, que comenzó su recorrido a las 20.30 horas, según informó a Europa Press uno de los miembros del Consejo Diocesano de Hermandades de Madrid y portavoz, Enrique Guevara.

La archicofradía primaria nacional de la Real Ilustre Esclavitud de Nuestro Padre Jesús de Nazareno y los padres capuchinos de la basílica de Jesús de Medinaceli decidieron que el paso no saliera ante el temor de que sufriera algún daño provocado, ya que en otra ocasión reciente la lluvia sorprendió a la talla y su reparación fue muy costosa.

Cientos de miles de personas, que esperaban a las puertas de la iglesia, en la Carrera de San Jerónimo y en calles aledañas, se marcharon, decepcionadas y algunas con lágrimas en los ojos, a partir de las 20.00 horas, cuando los padres capuchinos confirmaron que Jesús de Medinaceli no iba a salir.

No obstante, los cofrades colocaron la imagen en la puerta de la basílica para que sea venerada hasta medianoche por los fieles. En los momentos en que procedieron a colocar la imagen en la entrada, algunas personas se pusieron nerviosas y se creó una pequeña abalancha, que suscitó la intervención de la Policía Municipal para controlar la situación, que no llegó a mayores, según indicaron a Europa Press fuentes municipales.

Conocida la decisión de la hermandad del Nazareno, muchos espectadores caminaron hacia la Puerta del Sol y la calle Mayor hasta llegar a la Puerta de Oriente, donde posesionaba la cruz los Alabarderos. Otros muchos se fueron a casa con pesar.

"No ha sido un Viernes Santo Común común, sino de desconcierto, en contraste con la marabunta de gente que se vio en las procesiones del Jueves Santo, que fueron un éxito", señaló Guevara, que admitió que el paso de Medinaceli es el "alfa y omega" de todos los madrileños.

A pesar de ello, señaló que la decisión de suspender la procesión ha sido "acertada", ya que, además del patrimonio de la talla, recién restaurada y con nuevo manto, "corrían peligro muchos ancianos y niños que participaban en la procesión antes las nefastas condiciones climatológicas".

IMAGEN DESCONOCIDA PERO MILAGROSA

Aunque se desconoce el autor y el origen de la imagen de Jesús de Medinaceli, los anales datan que ya en 1614, cuando los españoles conquistaron la fortaleza de Mámora - próxima a Tánger y reducto de piratas berberiscos -, llevaron, entre otras imágenes, la de Nuestro Padre Jesús Nazareno.

Reconquistada de nuevo la fortaleza por los musulmanes en 1681, éstos trasladaron la imagen de Jesús a Mequinez, en donde, para profanarla, la arrastraron por las calles de la ciudad. La leyenda cuenta que, al redimir, por orden de Carlos II, a los cautivos españoles convino con los musulmanes dar tanto oro como fuese el peso de la imagen para recuperarla.

A pesar de ser de tamaño natural y de gran peso, el platillo de la balanza descendió de forma repentina y prodigiosa con las primeras monedas depositadas en él. Ante aquel inesperado prodigio, los musulmanes, enfurecidos, deciden quemar la efigie, pero una peste que, como castigo se propagó por la ciudad, les obligó a desentenderse de la imagen, quedando con ello definitivamente rescatada, continúa la leyenda.

Una vez trasladada a Madrid, el Duque de Medinaceli, primer ministro de la Nación, construyó, para el culto del Nazareno una capilla en solares de su propiedad. De ahí nació la denominación popular de 'Jesús de Medinaceli'.

Desde 1895 la capilla con la imagen fue entregada a la custodia de los padres capuchinos de Madrid. Por motivos de seguridad, durante la guerra civil española la imagen fue trasladada a Ginebra, de donde regresó a su iglesia de la capital una vez finalizada la contienda.