Casi 1 de cada 3 menores de cinco años sufre alteraciones de sueño que derivarán en problemas de sobrepeso e irritabilidad

Un estudio advierte de la importancia de mantener buena higiene del sueño manteniendo rutinas y evitando el televisor en la habitación

MADRID, 12 (EUROPA PRESS)

Casi uno de cada tres menores de cinco años sufre alteraciones del sueño que podrían generarles problemas de obesidad, irritabilidad y déficit de atención durante su crecimiento, además convertirse, con el tiempo, en causa de fracaso escolar y de accidentes de tráfico, según un estudio sobre los hábitos de sueño de los menores de 14 años desarrollado en la Comunidad Valenciana y presentado hoy en Madrid.

Los encargados de exponer los resultados de este trabajo, elaborado por la Agencia Valenciana de Salud, la Unidad Valenciana del Sueño y el Grupo Hospitalario Quirón, fueron el coordinador del Grupo de Trastorno del Sueño de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap), Ramón Ugarte, y el coordinador del Grupo de Trastorno del Sueño de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP), Gonzalo Pin.

Según el estudio, que se prevé realizar a nivel nacional y que ya ha comenzado a realizarse en otras comunidades, como País Vasco o Cataluña, el 20 por ciento de estos menores sufre insomnio, el 17 por ciento de sonambulismo y el 10 por ciento otros problemas, como roncar (10%) --en el 2 por ciento síntoma de la aparición de una apnea del sueño-- o por un síndrome de piernas inquietas (2%).

Los padres detectan un aumento progresivo del insomnio desde los seis meses hasta los tres años, cuando el problema afecta al 20 por ciento y que de los seis meses hasta los siete años, puede afectar al 40 por ciento de estos menores, de los que un 20 por ciento llega a despertarse, según este estudio, "al menos cinco noches por semana".

EL 16% DE LOS MENORES SIN SIESTA

En esta situación inciden factores como la reducción del número de siestas de los menores, sometidos de forma temprana, por el trabajo de los padres, a los horarios de guarderías. Así, aunque un 80 por ciento de los niños de 24 a 36 meses duerme una siesta al día, un 16 por ciento no duerme siesta y sólo un 4 por ciento realiza dos.

Asimismo, influyen factores como la educación de los padres a la hora de proporcionarle al niño la capacidad de ser autónomos para conciliar el sueño, ya que menos del 50 por ciento niños de 6 a 12 meses de edad duerme sin ayuda de los padres y el 18,6 por ciento de los menores de 6 años despierta de noche "al menos 3 noches por semana", desvelándose un 11 por ciento durante más de media hora.

Cuando el niño crece, el problema radica en que los padres continúan sin inculcar a los niños buenos hábitos de sueño, ya que el 27 por ciento de los niños de entre 5 y 12 años discute la hora de irse a la cama para después sufrir problemas para levantarse y fatiga de no haber dormido por la mañana en el 17 por ciento de los casos. En esta franja de edad, un 6,5 por ciento se despierta por la noche.

En los adolescentes continúan estos malos hábitos, ya que, a los 14 años, el 53 por ciento acude a clase habiendo dormido menos de 8 horas y el 17 por ciento con síntomas de excesiva somnolencia, mientras que, a los 17 años, un 16,5 por ciento no duerme bien -- un 19% de mujeres y un 11,7% de varones-- por problemas relacionados con factores emocionales, mala higiene del sueño y ciertas parasomnias.

EL 50% DE LOS ADULTOS CON SUEÑO

Todas estas alteraciones, que en uno de cada dos casos pasan al adulto, tienen repercusiones en la salud de los niños y de los padres, que corren un mayor riesgo de sufrir una depresión. Sin embargo, se podrían prevenir y solventar enseñando a los menores "la importancia de mantener buenos hábitos y buena higiene del sueño".

Según el doctor Pin, el pediatra de Atención Primaria es "el profesional de la salud, junto con la Enfermería Pediátrica, que mejor conoce al niño, al adolescente y a su familia" y es en este contexto "donde se pueden detectar, tratar o derivar los problemas de sueño, y lo que resulta más importante, donde se pueden establecer pautas para evitar en buena medida estos problemas".

En los niños, la clave está en establecer rutinas, proporcionando al menor los denominados 'objetos de transición' --como peluches o mantas--, que facilitan la asociación del entorno al sueño y en definitiva, fomentar su capacidad de conciliar y mantener el sueño de forma autónoma.

Con los adolescentes, tratar de mantener una disciplina respecto al sueño, evitando instalar televisores en las habitaciones --el 40 por ciento de los adolescentes valencianos tiene este aparato en su cuarto-- y restringiendo el uso de los ordenadores y el móvil cuando es hora de ir a dormir, serían medidas útiles para mejorar el sueño.