El coste de un paciente con esclerosis lateral amiotrófica se acerca a los 50.000 euros anuales, alerta la SEN


MADRID|
El coste de un paciente con esclerosis lateral amiotrófica se acerca a los 50.000 euros anuales, alerta la SEN

El coste de un paciente con esclerosis lateral amiotrófica se acerca a los 50.000 euros anuales, alerta la SEN MADRID | EUROPA PRESS

En España se diagnostican tres casos nuevos de esclerosis lateral amiotrófica (ELA) al día, unos 900 nuevos casos al año, y, según estima la Sociedad Española de Neurología, existen más de 3.000 afectados, cuya discapacidad y dependencia tiene un coste anual por paciente que se acerca a los 50.000 euros anuales.

Con motivo del Día Internacional de la Esclerosis Lateral Amiotrófica, que se celebra este miércoles, el coordinador del Grupo de Estudio de Enfermedades Neuromuscualres de la SEN, el doctor Gerardo Gutiérrez, recuerda que "es una enfermedad con un alto coste socio-sanitario" porque es una enfermedad que evoluciona hasta la parálisis completa de los pacientes. "Por lo tanto, a lo largo de la enfermedad, en un corto plazo, se pasa de una situación de cierta normalidad a una de dependencia completa", añade.

Actualmente no se dispone de tratamientos eficaces, aunque sí es susceptible de ser tratada con terapias de control de la sintomatología y de prevención de las complicaciones graves o letales, además de medidas de soporte ventilatorio o nutritivo o fisioterapia dirigida. Por lo tanto, una identificación temprana de la enfermedad permitirá iniciar su abordaje multidisciplinar y la planificación de cuidados para intentar lograr la mayor calidad de vida del paciente el mayor tiempo posible.

"Desde hace más de 20 años solo contamos con un fármaco que, aunque con resultados discretos, consigue una prolongación moderada de la supervivencia. Además, se ha demostrado que el uso de ventilación mecánica no invasiva -en aquellos en los que está indicada- prolonga la supervivencia y mejora la calidad de vida de estos pacientes", añade.

De cara a una mejor atención, los expertos recomiendan mejorar el estado nutricional y el peso de estas personas así como llevar a cabo tratamientos de neurorrehabilitación, que no sólo deben contemplar la atención del paciente, sino ayudas técnicas y de soporte domiciliario, así como la formación y preparación del cuidador principal y de sus familiares, también mejora la calidad de vida, la salud y la supervivencia.

"Los pacientes deben ser tratados en unidades especializadas en un contexto de trabajo multidisciplinar en el que diferentes especialistas con especial formación en ELA colaboren para ofrecer el tratamiento adecuado para cada área alterada. Neurólogos, rehabilitadores, neumólogos, digestólogos, endocrinólogos, fisioterapeutas, logopedas y terapeutas ocupacionales deben trabajar en equipo para ofrecer la mejor asistencia", advierte.

POCA PREVALENCIA POS SU ALTA MORTALIDAD

La esperanza de vida media de las personas que la padecen es de tres años, con una supervivencia de más de cinco años sólo en el 20 por ciento de los pacientes y de más de diez en el 10 por ciento. Por tanto, se puede decir que su prevalencia es baja por su alta mortalidad, de hecho es la enfermedad degenerativa de las motoneuronas más frecuente y la tercera enfermedad neurodegenerativa en incidencia, tras la demencia y la enfermedad de Parkinson.

Habitualmente se presenta entre la quinta y sexta décadas de la vida - aunque hay casos descritos a partir de la segunda- y es ligeramente más frecuente en varones. Aunque es una enfermedad de presentación clínica muy heterogénea, los primeros síntomas de la enfermedad suele ser debilidad en las extremidades (60-85% de los casos) o en la región bulbar (15-40%), pérdida de fuerza progresiva, torpeza, disminución de la masa muscular y calambres. Un 5-10% de los casos presenta una demencia asociada, en general del tipo fronto-temporal, que puede aparecer antes, durante o posteriormente al inicio de la ELA.

"Esta heterogeneidad en la presentación de los síntomas, unido al comienzo lento de la enfermedad, hace que actualmente el diagnóstico de la enfermedad se demore entre los 17 y 20 meses. Y es precisamente cuando los primeros síntomas se producen en la región bulbar, es decir, en los músculos de la boca, cuando se producen los mayores retrasos en el diagnóstico porque estos pacientes habitualmente llegan al neurólogo después de varias consultas", concluye Gutiérrez.