Un mexicano dado de alta hoy en China se siente feliz de salir de la cuarentena

  • Shanghai (China), 7 may (EFE).- Gerardo Santana, uno de los cinco ciudadanos mexicanos que permanecía en cuarentena en Shanghai, dado de alta en la madrugada de hoy, explicó que, sobre todo, se siente "feliz" de haber salido de la cuarentena y de "estar saludable", según dijo en una entrevista a Efe.

Un mexicano dado de alta hoy en China se siente feliz de salir de la cuarentena

Un mexicano dado de alta hoy en China se siente feliz de salir de la cuarentena

Shanghai (China), 7 may (EFE).- Gerardo Santana, uno de los cinco ciudadanos mexicanos que permanecía en cuarentena en Shanghai, dado de alta en la madrugada de hoy, explicó que, sobre todo, se siente "feliz" de haber salido de la cuarentena y de "estar saludable", según dijo en una entrevista a Efe.

La cuarentena es "una experiencia que no la vives a diario", declaró el joven de 31 años, que permaneció aislado desde el pasado 2 de mayo hasta la madrugada de hoy en el hotel Howard Johnson de Lingang, una localidad costera a 75 kilómetros de Shanghai.

Con todo, "fue una estancia bastante agradable, dentro de lo que cabe", aseguró Santana ya que, a pesar del aislamiento obligatorio, se sintió "muy bien tratado".

Ahora, ya en libertad para continuar su vida en China y regresar a la ciudad de Ningbo (provincia oriental de Zhejiang), donde cursa unos estudios de postgrado, sobre todo dice sentirse "feliz de haber cooperado para el control de esta situación, de estar ya fuera de peligro, fuera de la cuarentena y de estar saludable".

Santana se desplazó a Shanghai el jueves 30 de abril para recoger a un amigo, Manuel Pascual, proveniente de Ciudad de México, que viajaba a China para visitarlo.

Pascual estaba a bordo del vuelo AM098 de Aeroméxico donde también viajó el joven mexicano diagnosticado con gripe AH1N1 el 1 de mayo en Hong Kong, el único caso confirmado en China hasta la fecha.

Cuando se descubrió el caso, las autoridades chinas localizaron a todos los pasajeros de aquel vuelo para ponerlos en cuarentena, y Santana y su amigo compartieron desde entonces una habitación en el hotel de Lingang.

Allí estuvieron todo el tiempo en comunicación con el consulado mexicano en Shanghai, que les envió libros, películas, naipes y pasatiempos para amenizar su estancia, y también podían recibir llamadas telefónicas desde el exterior, al contrario de lo que ocurrió a otros mexicanos en el hotel Guomen de Pekín.

En su habitación tenían conexión a internet y televisión, para "tratar de quitarse el estrés", y además de comida occidental recibían la visita de un médico tres veces al día para registrar su temperatura.

"Recibimos muy buen trato, no tengo realmente ninguna queja", aseguró Santana, que aunque estaba aislado en la habitación, podía comunicarse por teléfono con los otros ocho mexicanos que estaban en el hotel.

El pasado martes, el resto de los mexicanos aislados de Shanghai y el este de China fueron enviados al mismo hotel, hasta sumar 49 personas, aunque la mayoría de ellas, incluido Pascual, regresaron a México en el vuelo fletado para evacuarlos por el Gobierno de Felipe Calderón.

Santana en ningún momento dudó en permanecer en China para continuar sus estudios, aunque su amigo tomó el vuelo porque tenía comprados los billetes de regreso con Aeroméxico, y por el momento el gigante asiático tiene suspendidos los vuelos con esta aerolínea desde el viernes pasado.

Con todo, los mexicanos aislados en Shanghai, según Santana, a pesar de "la frustración normal y el nerviosismo que se tiene por una situación como ésta", se sintieron en general "tranquilos y muy acompañados".

"Siempre, desde que entramos, estuvimos informados de lo que pasaba, se nos especificó el tiempo de las comidas y la hora a la que íbamos a salir hoy", detalló.

Al terminar la cuarentena las autoridades de Shanghai les regalaron hoy un peluche de Haibao, la mascota de la Expo 2010, y les entregaron una carta que certifica que pasaron la cuarentena sin problemas, y que les agradece su colaboración para ayudar a mantener bajo control la amenaza de una posible epidemia por el virus.