La llegada del Papa a Israel causa tensiones


JERUSALÉN (Israel) -  El Papa Benedicto XVI se enfrenta a las divisiones de los grupos religiosos en Israel, país al que llega este lunes. El pontífice debe cuidar al máximo sus gestos para no herir la sensibilidad de las diferentes confesiones.

La propia Iglesia Católica procura no pisar terrenos pantanosos. Por ejemplo, insiste en que la visita prevista a Yad Vashem, el memorial y museo del Holocausto en Israel, no debería incluir una muestra que sugiere que el Papa Pío XII mantuvo una “posición neutral” ante el asesinato masivo de judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Benedicto XVI rezará por las víctimas del Holocausto en el memorial, pero no entrará al museo.

En Nazaret, donde Benedicto XVI pronunciará misa el 14 de mayo, el Movimiento Islámico acusa al pontífice de insultar al Islam en un discurso de 2006 y ya han distribuido panfletos llamando a la violencia contra el Papa.

Por su parte, los servicios de seguridad de Israel afirman que el papamóvil no es lo suficientemente seguro y quieren protegerlo con una limusina blindada, donde los feligreses no podrían verle. Y los refugiados de un campamento de Belén, que el Papa sí planea visitar, construyen una plataforma para el acto justo delante del muro de concreto que Israel ha levantado alrededor del pueblo. Los líderes del campamento se niegan a hacerlo en otra parte, con un fondo menos emotivo.

Viajes previos

Al padre William Shomali todo esto le resulta inquietantemente familiar. Como rector del seminario del Patriarcado Latino de Beit Jala, una localidad que forma parte de Belén, Shomali fue el encargado de organizar en marzo de 2000 el encuentro ecuménico de Jerusalén con motivo de la visita de Juan Pablo II. El anterior Papa también fue el primer pontífice en acudir a la sinagoga de Roma y realizó una visita histórica a la mezquita de Damasco. Sin embargo, sus intentos de reconciliación no pudieron con el rencor de Oriente Medio.

En Notre Dame, el complejo católico que da a las murallas de la ciudad vieja de Jerusalén, el rabino principal de Israel, Yisrael Meir Lau, y el presidente del Consejo Superior del Tribunal Islámico de la Autoridad Palestina, Taisir Tamimi, se negaron a plantar un olivo con el Papa porque no se querían saludar entre ellos. Shomali tuvo que pedirle a Juan Pablo II que plantara él solo el símbolo de la paz.

El encuentro posterior de los tres líderes es recordado por la imagen del Papa entre Lau, incómodo en su asiento, y Tamimi, con el semblante rígido. “Sólo hablaron de su propio sufrimiento”, declara Shomali. “Necesitamos abandonar la mentalidad de víctima y reconocer nuestras propias culpas antes de que pueda haber reconciliación”.

Desde ese encuentro en el año 2000, palestinos e israelíes han pasado cinco años de violencia de la Intifada y una devastadora guerra en Gaza. Nada les ha hecho mostrarse más dispuestos a reconocer su propia culpa. Con esto en mente, Benedicto XVI se prepara para un nuevo intento.

En su primer día en Jerusalén acudirá a Notre Dame. Allí se celebra un encuentro con los máximos rabinos de Israel, un importante jurista musulmán, y los jefes de la minoría drusa de Israel.  El mensaje del encuentro es claro: “Su Santidad rechaza la negación del Otro”, explica el obispo Munib Younan, jefe de la Iglesia Luterana en Tierra Santa.

Para Younan, la doble condición del Papa de líder religioso y Jefe de Estado confiere a sus intervenciones espirituales una connotación política. Esto, espera el obispo, podría ayudar a revertir la inquietante politización de la religión en Oriente Medio.

“Política y religión se entremezclan. Nos gustaría que la religión condujera la política y no al revés”, afirma Younan. Esto también podría dar un importante impulso a las negociaciones de paz entre Israel y los palestinos, sostienen los líderes cristianos.

Pero quizás lo más realista es que la visita del Papa reconforte a la sufrida comunidad árabe cristiana de Israel. En pueblos como Belén y Nazaret, los cristianos eran mayoría, pero ahora afrontan todo tipo de odio y a veces violencia de la creciente población musulmana. El obispo Younan lo califica de “cristianofobia”, una conducta que ha obligado a gran parte de su congregación y a muchos miembros de otras religiones cristianas a emigrar a EEUU y Suramérica.

*Matt Beynon Rees realiza la cobertura de Oriente Medio para GlobalPost. Ha sido jefe de la delegación en Israel de la revista Time, además de publicar en The Scotsman y Newsweek.