Los bebés que sufren microcefalia también tendrán problemas de visión y audición

  • Lo recién nacidos con problemas de microcefalia están sufriendo también importantes daños en su vista, según los expertos.

  • La malformación del cerebro está asociada al contagio de mujeres embarazadas con el virus zika, transmitido por el mosquito Aedes Aegypti, cuyo brote irrumpió en 2015 sin avisar.

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El virus del zika provoca problemas de visión y audición además de microcefalia. Hasta 22 países americanos ya se han visto afectados por esta enfermedad y su expansión no deja de crecer, según apuntan los expertos. 

La mitad de los 135 bebés que están siendo tratados en un centro de rehabilitación en la ciudad brasileña de Recife sufren visión limitada debido a la deformación del nervio óptico y retina y algunos también tienen estrabismo, según ha explicado la doctora Camila Ventura. "Entre el 40 y el 50% de ellos tienen serios problemas de visión", apunta.

Mateus Lima tenía grandes sueños para su hijo pero se complicaron en el parto. La explicación más probable por ahora es que un mosquito infectó a su esposa en el embarazo y dañó la vida del niño irreversiblemente.

"Cuando nació fue como un bombazo. Yo tenía tantos sueños, quería que hiciera deporte, que jugara, que fuera sano y fuerte", recuerda sentado con su mujer Kleisse Marcelina en una sala del hospital Irmã Dulce en Salvador de Bahia, en el noreste de Brasil, la capital de uno de los estados más golpeados por la explosión de casos de bebés nacidos con microcefalia en el país. 

"No pasará nada"

La malformación del cerebro está asociada al contagio de mujeres embarazadas con el virus zika, transmitido por el mosquito Aedes Aegypti, cuyo brote irrumpió en 2015 sin avisar.

"Tuve zika en el quinto mes de embarazo. Fui al médico y me dijo que no había riesgo para mi bebé. Pero cuando nació, el 22 de noviembre, nos dijeron que tenía microcefalia y ahí supimos que nunca sería un niño normal", cuenta Kleisse, de 24 años, dos más que su marido.

Era su primer hijo juntos y Kleisse no paró de llorar tras el parto. "Hoy estoy más tranquila, pero sigo teniendo miedo por el futuro de mi hijo", confiesa. "¿Podrá caminar o hablar?", se pregunta.

El pequeño Pietro se mueve agitado en los brazos de su padre. Su cuerpo se nota más rígido y su cabeza más firme que en un niño con desarrollo normal del cerebro a la misma edad, una característica de bebés con microcefalia.

Los ventiladores de la sala apenas logran aliviar el aire ardiente del verano. Este hospital atiende gratuitamente a familias pobres y tal como los Lima Marcelina, hay otras con bebés ya diagnosticados con la malformación o que vienen por primera vez.

"Me enfermé de zika en el embarazo y me dijeron que no pasaría nada, pero al octavo mes detectaron microcefalia. Desde ese momento no dormí más", cuenta Ana Paula Santos, de 34 años, cargando en sus brazos a Flavia, de un mes y medio de vida, que también se mueve con inquietud.

"Si hubiese sabido me habría cuidado más, habría usado repelente. Toda la vida nos han picado los zancudos, pero sólo ahora pasa todo esto", se queja Kleisse.
"¡Mosquito del demonio!", grita desesperado su marido.