Los malos tiempos vuelven a Karachi


Los disturbios en Karachi durante la última semana del mes de abril costaron la vida a 18 personas | Reuters

Los disturbios en Karachi durante la última semana del mes de abril costaron la vida a 18 personas | Reuters

KARACHI, Pakistán (Centro Pulitzer sobre Periodismo de Crisis) – A pesar de la larga historia de Karachi como la ciudad más violenta de Pakistán, este centro urbano y económico ha sido durante el último año un refugio contra las bombas y la violencia que se extienden por el resto del país.

Sin embargo, desde hace unas semanas, una nueva ola de conflictos étnicos amenaza con el regreso de la inestabilidad sobre esta enorme ciudad en las costas del mar Arábigo. La situación se ha visto exacerbada por la llegada de miles de refugiados que huyen de la violencia del norte de Pakistán.

Karachi es una ciudad de inmigrantes, de más 14 millones de personas, que llegan de todos los rincones del país tras la promesa de una oportunidad económica. Los miembros de dos de estos grupos son los que ahora protagonizan violentas escaramuzas en toda la ciudad: los pastunes del norte y los mohajir, de lengua urdu y descendientes de los inmigrantes indios tras la separación de ambos países.

"Creemos que las operaciones militares en el norte han hecho que los talibanes ahora desvíen la atención hacia Karachi", declara Haider Abbas Rizvi, de MQM (Movimiento Muttahida Qaumi), un poderoso partido político vinculado con los mohajir de la ciudad. "Son los militantes talibanes en las áreas pastunes los que promueven la talibanización de Karachi y fomentan la violencia".

Anteriores disturbios

Los informes indican que las recientes disputas se iniciaron después de que un hombre no identificado disparara a tres miembros de MQM. Karachi se ganó su mala reputación debido a casos de violencia étnica en los años 80 y 90. Pero los nuevos disturbios tienen un matiz político más siniestro porque se sospecha que las comunidades de esa etnia han albergado a militantes talibanes.

Las informaciones de luchas armadas, incendios intencionales y la muerte de docenas de personas -la mayoría pastún- han hecho crecer la tensión entre los ciudadanos. También se han cerrado las escuelas y reducido la circulación. Patrullas de soldados fuertemente armados recorren la ciudad, sobre todo ahora que los líderes pastunes han convocado una huelga general para el 12 de mayo.

"Es básicamente miedo, los miembros de la élite política de Karachi atemorizan a la población con amenazas de talibanización", declara Amir Hamza Marwat, miembro de Pashtun Fikri Jirga, una organización con sede en Karachi que se preocupa por la situación de los refugiados. "A cada uno de nosotros en la ciudad lo ven como un problema; cualquiera es un talibán".

Mohammad Sher Ali Khan, un refugiado venido de Matta, en el valle de Swat, declara que él y su familia deberían ser considerados víctimas de la violencia política y no como sus causantes. El área de Swat está ahora controlada por talibanes de origen pakistaní. Hace nueve meses, Khan, su esposa y 13 hijos huyeron de la lucha entre militantes talibanes y el ejército pakistaní y ahora viven de sus ahorros en el barrio de Landhi, en un suburbio industrial de Karachi.

Khan, de 55 años, recuerda los huertos y los animales que dejó por culpa de la violencia y la falta de servicios médicos para su mujer enferma, que finalmente le obligaron a abandonar su hogar. Un lugar que seguramente la guerra ya ha destruido, afirma. Más de medio millón de desplazados

"Tuvimos que irnos para salvar nuestras vidas. Asumimos que hemos perdido todo, pero no tenemos noticias de qué ha pasado", declara con aire tranquilo, sentado en el patio de su vivienda alquilada y debajo de la ropa tendida al sol. "Creo que los animales probablemente han muerto a causa de las bombas". Khan es sólo uno de los cientos de miles de refugiados que escapan de la guerra en el norte de Pakistán. Los cálculos de Naciones Unidas hablan de casi 600.000 y las nuevas olas humanas que abandonan el distrito noroccidental de Dir hacen aumentar aún más esas cifras.

Sin embargo, esta gente desplazada –muchos se han ido a ciudades donde tienen familia o con comunidades que les puedan ayudar a aguantar la crisis- está a punto de quedarse sin el refugio que creían haber encontrado. La policía de Karachi indica que los allanamientos han permitido arrestar a militantes que planeaban ataques en la ciudad.

"Tenemos que ir juntos a las diferentes zonas de Karachi y pedirle a la gente que no le sigan el juego a estos militantes", declara Rizvi, en alusión a la preocupación de que las comunidades pastunes de Karachi estén protegiendo a militantes talibanes. "Necesitan colaborar con la policía y con los militares y entregar a esa gente".

Khan dice que Karachi –considerada una ciudad de oportunidades para muchos- no les ha recibido con los brazos abiertos, pero teme que no tenga otro lugar donde ir. "No podemos volver a casa debido a la violencia, pero aquí en Karachi nos llaman terroristas, de modo que, dónde iremos en el futuro", se pregunta mientras se acaricia la barba y mira a sus hijos. "Eso es lo que más me preocupa, ahora mismo vamos aguantando, pero ser tildados de terroristas, talibanes, me mortifica cada día, especialmente porque sé que no podemos volver a casa".