Más del 30% de los cuidadores españoles de enfermos de Alzheimer pide ayuda médica, según un estudio

El 70% de ellos sufre depresión y pueden padecer trastornos del sueño, problemas digestivos, cefaleas y otras enfermedades causadas por el estrés

MADRID, 07 (EUROPA PRESS)

Más del 30 por ciento de los cuidadores españoles de enfermos de Alzheimer pide ayuda médica, debido a los problemas de salud que les provoca el esfuerzo físico y psicológico que supone cuidar a una persona con trastornos tanto de memoria como de comportamiento, según muestran los datos de la encuesta TRACA, acerca de la vivencia de los cuidadores familiares de estos enfermos, que ha sido presentado hoy por la Fundación Española de Alzheimer (FAE).

Los resultados de este informe muestran también que los trastornos de conducta de estos pacientes que más molestan a los cuidadores son la apatía, la irritabilidad, los trastornos psicóticos --alucinaciones e ideas delirantes--, la agresividad y la violencia. En tres de cada diez familias estas situaciones causan nerviosismo, preocupación por el futuro y trastorno de todos sus miembros.

El jefe de neurología del Hospital Clínico UCM, el doctor Matías Guiu, explicó que las personas que se dedican al cuidado de sus familiares sufren habitualmente cuadros depresivos (en un 70 por ciento de los casos), reflejado en el dolor moral, trastornos del sueño, problemas digestivos, así como somatizaciones.

Además, añadió que son muy frecuentes las consultas por problemas reumatológicos y cefaleas, y destacó que el estrés que causa esta dedicación puede ser un factor precipitante de muchas enfermedades. "Si la situación del cuidador se prolonga, tiene unas repercusiones que no son imputables directamente, pero que seguramente tendrán mucho qué ver, como la ansiedad y el estrés permanente", dijo.

Los datos de la encuesta revelan también que la mayoría de los cuidadores son mujeres con una media de edad que supera los 50 años. En este sentido, este experto señaló que "se aprecia en el cuidador que generalmente es el cónyuge, por lo tanto están en la misma edad del paciente, y muchas veces el cuidador también sufre un deterioro cognitivo incipiente que hay que vigilar".

Asimismo destacó que existe un rechazo en los cuidadores informales a aceptar dedicarse sólo una parte del tiempo al cuidado de sus familiares, a pesar de que exponen a problemas de salud. "La enfermedad del cuidador es difícil y extraño que la acepte y la cuente, es un acto de amor que supone también un perjuicio para ellos", apuntó.

Según destacó el doctor Guiu, "al cuidador se le exige no sólo que cuide, sino que sea observador y que diga cómo se ha de tratar al paciente, y esto supone una enorme responsabilidad para él, porque no existe otra forma de dimensionar el factor del comportamiento, que varía mucho entre los pacientes".

RESIDENCIAS COMO SINÓNIMO DE ABANDONO

Por su parte, el jefe de Geriatría del Hospital Clínico UCM Madrid, el doctor José Manuel Ribera Casado, indicó que muchos de los cuidadores no han sido preparados para ello, y aprenden el oficio "ejerciéndolo". Además, señaló que cuando se le pregunta acerca de la posibilidad de ingresar al paciente en una residencia, más del 60 por ciento no quieren. "Las residencias aún tienen un componente simbólico de dejadez, que hace que los cuidadores prefieran seguir teniendo en casa a su familiar enfermo", dijo.

El experto puntualizó que "la sociedad ha de valorar más la tarea de estas personas, ya que si hubiera que pagar un sueldo a estos cuidadores informales el Estado se quedaría sin dinero", y destacó la necesidad de comprometerse a facilitar formación para estas personas.

El investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y también patrono de la fundación, Adolfo Toledano, destacó la importancia de tener en cuenta que el Alzheimer es una enfermedad socio-sanitaria, porque no existe sólo el enfermo, sino que afecta en gran medida a su familia. "Estos enfermos están en casa porque lo quiere la familia y porque lo quiere el Estado", apuntó y subrayó que "hay que ayudar a estas familias, porque ellas le ahorran dinero al Estado".

En cuanto a la Ley de Dependencia, la presidenta de la FAE, Micheline Antoine Selmès, señaló que "a nivel de valoración del enfermo que hacen los equipos técnicos no se contemplan los trastornos del comportamiento, es decir, que se viene a establecer un grado de pérdida de autonomía, y los trastornos del comportamiento como tal no son expresados".