Gejiu, la ciudad china donde el sida supone la muerte social


El ser portador de VIH supone la marginación en la región china de Yunnan

El ser portador de VIH supone la marginación en la región china de Yunnan

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GEJIU, China – Los adultos de Gejiu a menudo son despedidos de su trabajo cuando se corre la voz de su condición de portadores de VIH y sólo les quedan sus parientes para sobrevivir. Los niños se arriesgan a la discriminación en la escuela si trasciende su estado, por lo que los familiares les ocultan los resultados. Éste es el panorama de la ciudad que las agencias internacionales consideran la localidad del país con más casos de sida en China.

A la expansión de la enfermedad contribuyó el hecho de que Yunnan, provincia donde está Gejiu, comparta frontera con Vietnam y Laos, una de las zonas de producción de heroína más grandes del mundo. El consumo de drogas y una floreciente industria del comercio sexual en esta ruta del narcotráfico crearon las condiciones propicias para que el sida se expandiera por esta ciudad minera de 300.000 habitantes.

Una de las familias afectadas es la de Xin Deming. Él ha conocido de cerca los efectos devastadores de la epidemia. Dos de sus tres hermanos han muerto a causa de la heroína y tres de sus cuatro hijos también han sido adictos. Pero él no consume drogas y trabaja para una ONG local dedicada a la sensibilización sobre la epidemia.

Su afán es luchar con tesón para que la vida de su sobrina huérfana de 10 años no se arruine por el hecho de ser portadora del VIH. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, la pequeña está a merced de un tratamiento irregular, una enorme discriminación social y una abrumadora incertidumbre ante el futuro. Un informe con cifras a la baja estima en 10.000 el número de menores infectados en China.

La marginación es tan grande en los niños que Xin ha ocultado a su sobrina su condición. La pequeña va a la escuela en una zona rural donde el comité de salud local, bastante dado a filtrar información, no tiene conocimiento de su historial médico. "Me dijo que sabía que era diferente", declara. "Le pregunté qué quería decir y me dijo, 'no sé la razón, pero sé que soy diferente de los otros niños'", explica. En este sentido, explica el caso de una familia que habló abiertamente con un periódico sobre su hijo, portador del virus. Al poco tiempo, el niño, víctima de burlas, se vio obligado a dejar su centro educativo.

Ausencia de medicamentos

El hospital local no siempre dispone de los medicamentos infantiles contra el VIH, por lo cual la niña recibe a veces la dosis de un adulto. Nadie parece saber si las dos son compatibles. Si bien los medicamentos son gratis por ley, la familia debe pagar en efectivo por cualquier otra enfermedad que desarrolle debido al virus.

Su caso no es una historia aislada. En un informe publicado esta semana, el grupo norteamericano Asia Catalyst indica que una serie de trabas, como la falta de servicios de salud adecuados y una ayuda internacional limitada, impide que muchos niños reciban los cuidados precisos. "China ha experimentado un gran progreso en la lucha contra el sida, pero demasiados niños infectados reciben un tratamiento inadecuado", indica Sara Davis, directora ejecutiva del grupo. "De hecho, miles ni siquiera reciben tratamiento", añade.

Si bien la desorganización del sistema de salud tiene una parte de responsabilidad, el estigma y la desinformación se hacen evidentes en lugares como Gejiu. La discriminación es tan grande que es prácticamente imposible encontrar padres portadores y sólo se atreven a hablar a condición de mantener su anonimato. Si sus hijos resultan estar infectados, no se lo dicen a nadie o simplemente mienten. A menudo, no les hacen las pruebas y prefieren no saberlo.

"Si tu hijo diera positivo, le dirías exactamente lo contrario a todo el mundo, es decir, que es VIH negativo", declara una mujer, ex drogadicta y usuaria de jeringuillas que asegura que su propio hijo no tiene el virus, pese a que ambos progenitores sí son portadores.

Otro caso es el de una pareja que aún no se sentía lo suficientemente débil como para solicitar los medicamentos retrovirales. Cuando llegue ese día, dicen, se negarán a seguir el tratamiento para evitar así que su hija descubra que tienen sida. Existe sólo una clínica en su área que distribuye os medicamentos y el riesgo de que su hija vea la razón por la que van allí es demasiado grande.