Absuelta en Valladolid la enfermera acusada de no asistir a un paciente que murió por insuficiencia respiratoria

VALLADOLID, 11 (EUROPA PRESS)

La Audiencia de Valladolid confirmó la absolución de una enfermera del Hospital Clínico Universitario, F. de C, que fue acusada de denegar asistencia a un paciente de 65 años que en febrero de 2003, tras serle extirpado un pulmón a causa de un cáncer, murió como consecuencia de una insuficiencia respiratoria que, tal y como sostenían los acusadores, tendría que haber sido advertida horas antes al médico de guardia por parte de la ATS.

En su fallo, la Sala acordó desestimar el recurso de apelación que la acusación particular interpuso contra la sentencia absolutoria dictada en junio de 2008 por el Juzgado de lo Penal número 3, cuyo titular, de conformidad con las defensas, dejó libre de cargos a la imputada al no apreciar indicios de delito en su conducta y por carencia de pruebas, según informaron a Europa Press fuentes jurídicas.

El fiscal, que había calificado los hechos como un delito de omisión del deber de socorro, había pedido una multa de 2.880 euros y la inhabilitación de la enfermera para el ejercicio profesional por espacio de un año, que en el caso del abogado que representaba los intereses de los familiares del fallecido se elevó a dos años de cárcel, tres años de inhabilitación y al pago de una indemnización de 124.652 euros por delito de homicidio imprudente por imprudencia profesional, si bien, con carácter alternativo, se adhirió a la petición de la acusación pública.

Por su parte, los abogados de la defensa, tanto de la acusada como de la aseguradora Zurich, habían solicitado una sentencia absolutoria, como así ha ocurrido finalmente, por entender que la actuación de la enfermera fue correcta y que el paciente, Luis G. de L, estuvo perfectamente atendido en todo momento y que su óbito se produjo a causa de la gravedad de la afección que le había llevado a pasar por quirófano y fruto de un edema agudo que, entre un 80 y 100% de los casos, es mortal de necesidad entre aquellos pacientes a los que se extirpa un pulmón.

Los defensores se apoyaron en el testimonio de los peritos, quienes fueron unánimes al sostener que la muerte del paciente se hubiera producido de forma inevitable aunque hubiera sido ingresado antes en la UVI. "No hubiera conducido a nada, pues hay que recordar tenía sólo un pulmón y que se le había extirpado un tumor en grado 4, uno de los más graves. Si no se le ingresó antes es porque no presentaba sintomatología de sufrir un edema", mantuvo uno de los peritos.

Durante el juicio, la acusada, con 27 años de ejercicio profesional, explicó que el día de autos, el 9 de febrero de 2003, se hallaba de turno de mañana en el Clínico y que ya a eso de las 11:00 horas pasó con el médico de guardia por la habitación 207 de la segunda planta del centro para visitar al paciente, quien, según aseguró, se encontraba bien y no presentaba síntoma alguno de que tuviera problemas para respirar.

"TENGO LA CONCIENCIA TRANQUILA".

La imputada, cuyo testimonio fue corroborado por el citado médico de guardia y otras dos enfermeras, negó asimismo que una hija del interno, María G. de L, le pidiera a las pocas horas que llamara urgentemente a un médico ante un supuesto empeoramiento de su estado. "Tengo la conciencia muy tranquila. Nunca me pidió tal cosa, eso es mentira. Si eso pasa pego unos gritos que se entera toda la planta", aseveró, no si antes asegurar que jamás había visto a una mujer tan nerviosa y fuera de sí en su vida.

Por contra, F. de C. declaró que la hija la llamó únicamente para quejarse de que otro enfermo que compartía habitación con su padre recibía muchas visitas y que sus abrigos olían demasiado a tabaco", recordó la enfermera, quien aseguró que hasta que ella salió de turno, a las 15 horas, el paciente presentaba unas constantes normales y una saturación de oxigeno correcta, de entre el 95 y 96 por ciento.

La versión de la hija del fallecido, así como la de otros familiares, fue diametralmente opuesta, ya que sostuvieron que el recién operado ya presentaba síntomas de empeoramiento sobre las 11:30 horas del domingo día 9 de febrero, tales como asfixia, mareos, falta de coordinación en el habla y hasta un color azulado en las mucosas y las uñas.

La testigo, que no cesó de llorar durante su declaración, denunció haber pedido con insistencia a la enfermera que llamara con urgencia a un médico y que ésta, lejos de hacerlo, le dijo que su padre se encontraba bien y que se tranquilizara porque lo único que pasaba es que ella tenía un "ataque de nervios".

"COMO UN PEZ FUERA DEL AGUA".

No fue hasta la llegada, a las 19:30 horas, de su hermana Covadonga, acompañada por el marido de ésta, que casualmente había hecho la especialidad de radiología en el Clínico, cuando los intentos de la familia por que se atendiera al paciente fueron atendidos.

Así, Covadonga no pudo ser más explícita en la descripción del estado en que se encontraba su padre cuando le vio. "Respiraba como un pez fuera del agua. Yo no soy médico, pero era evidente que se estaba muriendo", dijo la testigo, cuyo marido, gracias a los contactos que tenía en el hospital, consiguió que a su suegro le hicieran una placa.

El resultado de la misma fue tan alarmante que acto seguido fue bajado a la UVI, donde fallecería poco después a causa de una insuficiencia respiratoria.