La Tierra está cada vez más enamorada de Marte


  • Tras creer equivocadamente vislumbrar canales de agua en su superficie y pensar que podía estar habitado por marcianos, los humanos se lanzan a su conquista.

  • El planeta color sangre --a causa de la presencia de óxido de hierro en su superficie-- lleva el nombre del dios de la guerra. Y conquistarlo no es fácil.

La sonda TGO de ExoMars se inserta con éxito en la órbita de Marte

La sonda TGO de ExoMars se inserta con éxito en la órbita de Marte MADRID | EUROPA PRESS

La Agencia Espacial Europea esperaba seis pequeños "minutos de terror". Schiaparelli debía frenar primero gracias a un escudo térmico y luego a un gran paracaídas. Hacia el final, nueve retrocohetes se activarían. Cerca del suelo se cortarían sus motores. Schiaparelli tendría entonces una velocidad nula y haría una pequeña caída libre de uno o dos metros.

El impacto final se esperaba a las 14H48 GMT. Schiaparelli debía posarse en el interior de una elipse de la llanura ecuatorial de Meridiani Planum, en la que ya aterrizó en 2004 el robot móvil estadounidense Opportunity. El módulo estaba equipado con una pequeña estación meteorológica que mediría la presión, la temperatura, la velocidad del viento así como los campos eléctricos en la superficie de Marte.

La vida de Schiaparelli será corta: dos a ocho días ya que sólo tiene una batería que no es recargable.

Buscará vida y la fibalidad de su escudo térmico

Alejandro Cardesin, ingeniero de operaciones científicas de ExoMars, explica que el principal objetivo de la misión era probar diferentes tecnologías para la reentrada en la atmósfera de Marte y el aterrizaje sobre su superficie. En una segunda fase, la misión intentaría recoger muestras que podrían probar la existencia de vida en el planeta

El pasado domingo la sonda Schiaparelli se separó del orbitador TGO para iniciar el descenso y este último comenzó a acercarse a la órbita de Marte, a fin de establecer hoy mismo una trayectoria en torno a dicho planeta.

El módulo posee una estación meteorológica en su interior para conocer mejor la superfice marciana, aunque sus baterías apenas durarán seis u ocho soles de aquel planeta (no tiene alimentación directa).

Podría medir la temperatura, la humedad, la velocidad del viento y la presión, aunque su propósito fundamental era probar la fiabilidad del escudo térmico, del paracaídas supersónico de 12 metros de diámetro; de los sistemas de guiado, navegación y control, y de una estructura deformable para la toma de tierra final. "Una vez estabilizado, TGO mediría y analizaría los gases presentes en la atmósfera de Marte y, en especial, los infrecuentes gases traza. Se centraría en detectar la existencia, cantidad y distribución del gas metano, que en la Tierra es de origen biológico o vulcánico y suele ser una prueba de la presencia de vida".

El ingeniero señaló que la idea es comprobar “si realmente hay metano, si este circula por la atmósfera o si solo se da durante cortos períodos de tiempo”.El siguiente reto de ExoMars tendrá lugar en 2020, cuando se envíe un pequeño robot capaz de desplazarse cientos de metros por la superfice del planeta y se puedan llevar a cabo mediciones y experimentos mucho más complejos, que se transmitirán a la Tierra desde TGO.

Esta es la segunda vez que Europa se lanza a la conquista de Marte. En 2003, la sonda europea Mars Express había largado el mini módulo Beagle 2, de concepción británica, pero nunca dio signos de vida. Se sabe desde 2015 que aterrizó, pero que estaba dañado.

El robot norteamericano Opportunity, que llegó a Marte en 2004, sigue funcionando. Intentará observar a Schiaparelli y su gran paracaídas durante el descenso. Y el robot Curiosity trabaja desde 2012 en el suelo marciano.

El hombre, fascinado por Marte

Desde hace milenios, el hombre está fascinado por Marte. Tras creer equivocadamente vislumbrar canales de agua en su superficie y pensar que podía estar habitado por marcianos, los humanos se lanzan a su conquista y quieren enviar el primer vuelo tripulado hacia 2030.

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El planeta color sangre --a causa de la presencia de óxido de hierro en su superficie-- lleva el nombre del dios de la guerra. Y conquistarlo no es fácil.

Desde los años 1960, hubo más de cuarenta misiones espaciales al planeta más cercano, más bien hostil con su delgada atmósfera, sus gélidas temperaturas, la aridez de su suelo y tormentas de polvo. Hubo muchos fracasos, sobre todo rusos.

La Unión Soviética es la primera en enviar sondas al planeta vecino a partir de 1960, pero sufrió una serie de reveses.

Estados Unidos obtiene un primer éxito con la sonda Mariner 4 que sobrevuela Marte en 1964, trayendo de regreso imágenes que muestran una superficie árida cubierta de cráteres.

Mariner 9, en 1971, logra una primer puesta en órbita exitosa. Por su parte, los soviéticos logran posar Marte 3 también en 1971, pero ésta deja de emitir al cabo de unos pocos segundos.

Gracias a sus costosos programas Viking, los norteamericanos dan un paso decisivo hacia la conquista de Marte. Las dos sondas Viking 1 y Viking 2 envían con éxito sus respectivos módulos de aterrizaje en 1976.

Lanzado en 1996, el módulo norteamericano Mars Pathfinder es el primero en llevar un pequeño robot móvil a Marte, el Sojourner, franqueando una nueva etapa. El interés por Marte no ha disminuido y hay nuevos actores que intentan la aventura.

Locos por Marte

En 2018, la Nasa enviará al robot norteamericano InSight para escrutar las entrañas de Marte. Llevará un instrumento de fabricación francesa para medir la actividad sísmica. El año 2020 promete mucho.

La misión ruso-europea ExoMars 2020 enviará un robot para perforar a dos metros de profundidad el suelo marciano y buscar rastros de una vida bacteriana pasada. Gracias a Mars 2020, la Nasa quiere enviar un robot móvil y realizar otras perforaciones. 

China también planea enviar una nave espacial alrededor de Marte hacia 2020, antes de desplegar un vehículo teledirigido en su superficie. Y los Emiratos Árabes Unidos están preparando una pequeña sonda científica.

Obama quiere enviar seres humanos en 2030

El presidente Barack Obama confirmó la semana pasada su voluntad de que Estados Unidos "envíe seres humanos a Marte en la década del 2030 y hacerlos regresar en seguridad a la Tierra". Ese "paso de gigante" se logrará gracias a una estrecha colaboración con el sector privado.

"Desde hace décadas, decimos que vamos a enviar hombres a Marte con la esperanza de que aumente el presupuesto de la Nasa para lograrlo", dijo a la AFP el planetólogo francés François Forget, director de investigación del Centro Nacional francés de Investigación Científica (CNRS).

"La gran revolución, es que ahora se piensa en lo que puede hacer la Nasa, eventualmente con socios extranjeros, con un presupuesto constante", agrega.

Musk quiere instalar una aldea en Marte

El multimillonario Elon Musk, fundador de la empresa SpaceX, es aún más ambicioso. A fines de septiembre, presentó un proyecto para establecer una "aldea" en Marte, enviando seres humanos a bordo de grandes naves espaciales equipadas con cabinas, al precio de 100.000 dólares por persona.

Dijo ser "optimista" acerca de la posibilidad de enviar la primera misión tripulada en 2024, que llegaría a Marte al año siguiente.

Esta es la segunda vez que Europa se lanza a la conquista de Marte. En 2003, la sonda europea Mars Express había largado el mini módulo Beagle 2, de concepción británica, pero nunca dio signos de vida. Se sabe desde 2015 que aterrizó, pero que estaba dañado.