Almodóvar y Cebrián o cómo el éxito puede causar una ceguera galopante


  • ¿Qué extraño demonio ciega de forma tan galopante a tantas personas dotadas de poder o tocadas por el éxito? Es un misterio.

  • "El halago debilita", decía José María García, y a juzgar por las desafortunadas declaraciones de Almodóvar y Cebrián, no le faltaba razón.

Pedro Almodóvar y Juan Luis Cebrián, dos trayectorias públicas marcadas por el éxito.

Pedro Almodóvar y Juan Luis Cebrián, dos trayectorias públicas marcadas por el éxito. L.I.

Cuando se llega muy alto en la profesión y se alcanza la cima del éxito resulta difícil conjurar el peligro de la soledad. Era José María García quien decía aquello de “el halago debilita”, y no le faltaba razón. Los aduladores no acompañan: parasitan. Y cuando se está solo, encumbrado por las masas y rodeado de abrazafarolas, correveidiles y chupópteros (García dixit) el líder comienza inadvertidamente a distanciarse de la realidad. Hasta que la realidad sale al encuentro.

Me ha venido la frase de García a la memoria tras leer las declaraciones de dos personajes cuya trayectoria profesional ha estado marcada por el éxito durante muchos años: el cineasta Pedro Almodóvar y el periodista-ejecutivo Juan Luis Cebrián, presidente del grupo PRISA.

El primero calificaba de ‘atroz’ este fin de semana la actitud de los ciudadanos que han boicoteado la película de Fernando Trueba, ‘La Reina de España’. Se trata de la misma película que ya, a tres semanas de su estreno, se ha confirmado como un rotundo fiasco comercial (14 millones invertidos y solo 400.000 recaudados).

(Te interesa leer: Trueba, ahí tienes lo que los españoles piensan de ti, de tu broma y de tu película)

"Me parece monstruoso y atroz el boicot generado por un tuit, y ahí también incluyo la responsabilidad de los medios de comunicación. Todo esto representa lo peor de los totalitarismos y lo único que me provoca es el peor de los fantasmas que hemos vivido. Es estremecedor, estoy horrorizado y desde aquí mando a Fernando y al equipo toda mi empatía y cariño”, declaró el genial manchego (genial para el cine) poco antes de la gala de los premios de la Academia del Cine Europeo.

Libertad de expresión

Olvida el cineasta que ninguno de quienes pretendían ver dicha película se ha visto obligado a dejar de hacerlo por un tuit, un whatsapp o un comentario en el trabajo. Cabría admitir que la película ha fracasado no por un boicot, sino porque no ha gustado al público, a la crítica o a ambas.

También olvida que fue él mismo, Pedro Almodóvar, quien hace doce años celebró públicamente la difusión de los SMS que animaban a manifestarse frente a las sedes del PP, en plena jornada de reflexión electoral, y exigir responsabilidades por la respuesta del Gobierno en el peor atentado terrorista de la historia de España, con casi 200 muertos.

¿Alguien impidió a los ciudadanos manifestarse en aquella ocasión? No. ¿Por qué entonces fue bueno que la gente ejerciera su libertad como le pareció oportuno, en circunstancias mucho más peliagudas que el estreno de una película, y sin embargo promueve el totalitarismo quien muestra algún tipo de rechazo a Trueba?

Para completar su noche de dislates, y a propósito de las críticas a Bertolucci, Almodóvar dijo que no se sentía bien "hablando de algo 40 años después de que haya sucedido. Ahora mismo, acusar de violador a Marlon Brando y a Bernardo Bertolucci es algo que no soluciona nada. ¿A quién le interesa realmente?"

¿Se habrá escuchado a sí mismo Pedro Almodóvar? ¿Se habrá percatado de que, con ese razonamiento suyo, vierte una capa de silencio sobre delitos tan graves como los abusos perpetrados por ciertos eclesiásticos, sufridos en silencio por sus víctimas y, esto es lo más alucinante de todo, denunciados por el mismo Almodóvar en su película 'La mala educación'? 

La degradación de los medios de comunicación

El caso de Cebrián, con sus sorprendentes declaraciones a Jordi Évole en la noche del domingo, y a Carlos Alsina en la mañana del lunes, permite sospechar que sufre un mal parecido.

Su persistencia en rechazar cualquier cuestionamiento a su gestión o a su abultado patrimonio, en eludir preguntas incómodas, en establecer comparaciones de dudoso gusto como el número de veces que se masturba, ofrece el cuadro de un líder acorralado, insensible y, en definitiva, agotado.

Cebrián, uno de los periodistas más influyentes del último siglo, ha sido incapaz de verse reflejado en su propia frase: “La degradación de la clase política solo es comparable a la degradación del periodismo”.

Él, que ha sido quizá el personaje con más poder mediático en los últimos 40 años, ¿no percibe alguna cuota de responsabilidad propia en esa degradación?

¿No percibe, por ejemplo, que alguien de su posición no puede afirmar "nadie de La Sexta me ha llamado para preguntarme por los Papeles de Panamá" cuando horas después los aludidos pueden publicar grabaciones con esas mismas llamadas que él juzgaba inexistentes?

Pues no. No lo percibe.

¿Qué extraño demonio ciega de forma tan galopante a tantas personas dotadas de poder o tocadas por el éxito? Es un misterio.

Parafraseando a Talleyrand, en su juicio sobre Napoleón, qué lástima que hombres tan grandes estén tan mal educados.

Sigue @martinalgarra