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"Acepto tus disculpas, idiota, acepta tú las mías" Cómo pedir perdón… en serio


  • En estos días tiempos se evidencia el tono hipócrita con que algunos piden perdón en público.

  • Ni la asociación HazteOír ni el drag-queen que se disfrazó de Virgen están realmente arrepentidos por sus ofensas.

El autobús de HazteOír y el número del drag-queen en el carnaval han ofendido a muchas personas en España.

El autobús de HazteOír y el número del drag-queen en el carnaval han ofendido a muchas personas en España. L.I.

Me encantan los chistes cortos. Algunos, además de excitar la risa, tienen mucha miga. O mensaje, como se suele decir... moraleja, catarsis o como quieran llamar a ese estímulo que exprime la materia gris. Hay un chiste muy viejo (y muy conocido, perdónenme por la falta de originalidad) que siempre que lo recuerdo me arranca la sonrisa. Y dice así:

"Llega un hombre a una librería y pregunta al dependiente: “¿Tiene algún libro que explique cómo hacer amigos, idiota de m...?”

Parece mentira, pero la realidad circundante y la actualidad cotidiana nos ofrece constantes oportunidades para presenciar escenas parecidas. La ampulosa amabilidad de algunos departamentos de atención al cliente, sólo comparable a su desesperante ineficacia para resolver la reclamación planteada, encuentra en el citado chiste un espejo perfecto de su actitud. Mucho “permítame”, mucho “no me cuelgue”, mucho “si es tan amable”... pero de lo reclamado, nones.

En nuestros tiempos se evidencia el tono hipócrita con que algunos piden disculpas públicas cuando resulta evidente que han ofendido al prójimo. Dos polémicas muy recientes ofrecen ejemplos de estos arrepentimientos mojados con lágrimas de cocodrilo. Se trata además de polémicas que han corrido prácticamente paralelas, y que convergen en un pecado similar relacionado con la libertad de expresión. Me refiero al famoso autobús de HazteOír con su polémico mensaje sobre la transexualidad, y a la gala drag-queen del carnaval de Las Palmas que presentó a una Virgen crucificada y que ofendió a no pocos católicos.

Un perdón falso sin arrepentimiento

Tanto la asociación HazteOír, responsable de la campaña de bus, como el artista que representó el número carnavalesco no han tardado en pedir disculpas “a quien se haya sentido ofendido” por sus acciones.

(Te interesa leer: "HazteOír ha hecho una jugada casi perfecta". ¿Acierta la transexual Carla Antonelli?)

El problema de esa frase, positiva de suyo, es que no suele ir acompañada de lo que los moralistas clásicos exigían como condiciones imprescindibles de un perdón verdadero: el “dolor de los pecados” y el “propósito de enmienda”. Dicho de otro modo: una manifestación más o menos explícita pero sin duda sincera de arrepentimiento por el daño causado y una voluntad decidida de no volver a irrogar nuevos perjuicios al prójimo.

(Ahora me acuerdo de otro chiste, el del tío que se va a confesar y dice: "Padre, me acuso de haber robado tres sacos de arroz a mi vecino... bueno, mejor ponga cinco, porque esta tarde voy a mangarle otros dos").

Ni la asociación HazteOír ni el drag-queen teológico están arrepentidos por lo que han hecho. Todo lo contrario. Han coronado la plasta de sus ofensas con la guinda del cinismo. No me extrañaría que los ofendidos les contestasen, casa uno al suyo, con el mismo tono: “Acepto tus disculpas, idiota. Acepta tú las mías”.

Al cura lo que es del cura

Pero no desesperemos. He encontrado también en estos días unas disculpas que merecen ser aceptadas por la sociedad, como de hecho lo ha sido por el colectivo ofendido. Hablo del perdón solicitado en público por el Obispo de Las Palmas. Este hombre se equivocó claramente al decir que había sentido más dolor por el numerito del susodicho drag-queen que por las víctimas del accidente de Spanair de 2008. Fue un error que atentó contra el sentido común y contra los principios cristianos, que ponen el amor a Dios y al prójimo (primer mandamiento) por encima del respeto al nombre del Creador (segundo mandamiento).

El prelado se percató de que algo no marchaba bien cuando los familiares de los muertos en aquel accidente comenzaron a protestar y los medios a hacerse eco de sus protestas. Así que reflexionó y actuó como buen hijo pródigo: pidiendo perdón. Pero a diferencia de HazteOír y del drag-queen, lo hizo como Dios manda, nunca mejor dicho. Me permito reproducir su breve carta porque es toda una lección de humildad y civismo:

"Queridos hijos y hermanos:

En cuanto he comprobado las reacciones a mi carta de ayer por lo que se refiere a Vds., las Familias de la Asociación de Víctimas, he hecho todo lo posible por contactar con Dª Pilar Vega, su Presidenta. Lo he conseguido y, sin excusas ni pretextos, le he pedido perdón, a ella, y en ella a todos Vds., por la desafortunada comparación que aparece en un párrafo de mi carta de ayer que me arrepiento sinceramente de haber escrito.

Siento profundamente el daño que les he ocasionado y me gustaría encontrar el modo de aliviarlo, si no es posible cancelarlo. Ese daño en Vds. es lo que más me duele y entristece de cuanto estoy viviendo estos días. Les pido por favor que acojan mi petición de perdón, que me dejen un pequeño rincón en sus corazones.

Con sincero corazón recé por todos sus familiares fallecidos y por todos Vds., con sincero corazón he seguido haciéndolo, y seguiré rezando para que todos encuentren cada día un poco más de paz.

No tengo otro modo más rápido y eficaz de llegar a todos Vds. que el publicar estas líneas en los Medios. Con todo afecto

Francisco, Obispo ".

Al César lo que es del César, y al cura lo que es del cura. Chapeau, don Francisco. Es usted un hombre bueno y sabio. Se le nota en lo bien que rectifica.

Sigue @martinalgarra