Lo que Pablo Iglesias debe aprender de Barbra Streisand, Gamaliel y la misa de la 2


  • El líder de Podemos me parece un caso paradigmático de persona muy instruida pero muy poco culta. La cultura exige actitud, amén de conocimiento.

  • Los fracasos, mucho más que los éxitos, han espoleado los avances de la Iglesia en el mundo.

La cantante Barbra Streisand protagonizó un fenómeno mediático que pasó a la historia de Internet.

La cantante Barbra Streisand protagonizó un fenómeno mediático que pasó a la historia de Internet. GettyImages

La narrativa cristiana está llena de contradicciones. El mismo mensaje central de esta religión cabalga sobre paradojas constantes: bienaventurados lo que sufren, bienaventurados los que lloran, bienaventurados los perseguidos...

La Iglesia católica heredó esta mentalidad y da buena cuenta de ella en su rica liturgia. “Hay que morir para vivir”, reza una popular canción de la misa, inspirada a su vez en la famosa frase de Tertuliano, que en el siglo II escribía aquello de “sanguis martyrum semen christianorum” (la sangre de los mártires es semilla de cristianos).

Los fracasos, mucho más que los éxitos, han espoleado los avances de la Iglesia en el mundo. Solo diez años después de la terrible persecución del emperador Diocleciano a principios del siglo IV, el cristianismo fue legalizado. Siglos antes, el hostigamiento a los seguidores de Jesús en Palestina los había desperdigado por todo el Imperio Romano, y con ellos su doctrina. Remontándonos a fechas más cercanas, no deja de sorprender que el torrente laicista plasmado en la Constitución republicana de 1931 desembocase, pasado el amargo cáliz de la Guerra Civil, en un estado confesional con ribetes cuasi teocráticos: Del “España ha dejado de ser católica” de Azaña al “Franco, Caudillo de España por la Gracia de Dios” de las monedas.

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Está más que acreditado por la historia que perseguir a la Iglesia no suele traer buenos resultados. Ya lo advirtió un viejo fariseo, Gamaliel, quien pocos años después de la muerte de Cristo pronunció un discurso lleno de sentido común. El Sanedrín, consejo de ancianos que gobernaba entonces al pueblo de Israel, había ordenado detener a los apóstoles de Jesús. Gamaliel, que era un fariseo destacado en dicho senado, vino a decir más o menos lo siguiente: Hay que dejar en paz a estos tipos. Si su mensaje no viene de Dios, desaparecerán como ha ocurrido con muchos otros como ellos en los últimos años. Pero si su mensaje cuenta con las bendiciones de lo alto, no conseguiremos acallarlo por más que los encarcelemos, azotemos o matemos. San Lucas lo cuenta con detalle en el capítulo 5 de los Hechos de los Apóstoles.

El efecto Streisand

En cierto modo, Gamaliel estaba anticipando algo parecido a lo que dos mil años más tarde se conocería como “Efecto Streisand”, un fenómeno descrito a partir de unas fotos privadas que la cantante Bárbra Streisand se empeñó en borrar y que provocó justo lo contrario: todo el mundo se vio las susodichas fotos por el revuelo mediático que se organizó, incluso aquellos que en principio no tenían ningún interés en ellas.

La Misa de La 2 bate récord histórico y fue el programa con más cuota del domingos. La Misa de La 2 bate récord histórico y fue el programa con más cuota del domingos.

La Misa de La 2 bate récord histórico y fue el programa con más cuota del domingos. L.I.

Y eso, exactamente eso, es lo que ha ocurrido con el espacio televisivo dedicado a retransmitir la misa católica de la segunda cadena de televisión española. Basado en la aconfesionalidad del Estado, el líder de Podemos, Pablo Iglesias, pidió la supresión de la eucaristía que retransmite La 2 por la mañana de los domingos. “Una televisión pública no es lo más sensato para ritos religiosos”, afirmó.

¿Debe o no un servicio religioso entenderse servicio público? ¿Debe o no prohibirse la emisión de programas religiosos en una televisión sufragada por los impuestos de todos

Gracias a esas palabras, y al subsiguiente clima de indignación que provocó en ambientes católicos, la misa de este domingo ha triplicado su audiencia. Muchos de estos indignados parecían decir: “Yo no veo la misa, pero… ¿qué hay de malo en que otros -mi abuela, mi suegro, mi padre enfermo- la vean?”.

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Entre los espectadores de este espacio televisivo y religioso, habitualmente unos 300.000 según los registros de audiencia, y que superaron el millón el último domingo, abundan las personas mayores y/o impedidas que tampoco verían la misa por televisión si pudieran acudir en persona a una parroquia. De ahí que la prohibición resultara un tanto más estridente.

¿Religión con los impuestos de todos?

Pero la cuestión es más profunda. ¿Debe o no un servicio religioso entenderse servicio público? ¿Debe o no prohibirse la emisión de programas religiosos en una televisión sufragada por los impuestos de todos?

La propuesta proviene de una persona atea y que, no estando bautizada, aun así se llama Pablo y se apellida Iglesias

Se me antojaría difícil entender una prohibición. ¿Quién duda que la religión es también un fenómeno cultural y humano, de honda raigambre en la sociedad española?

Fijémenos, por ejemplo, en el origen de la polémica. La propuesta proviene de una persona atea y que, no estando bautizada según confesó en una entrevista, aun así se llama Pablo (como el fundador del PSOE... y el principal apóstol de la religión católica) y se apellida Iglesias (como el mismo personaje… y la misma institución). Si esto no es un ejemplo de influencia máxima de la religión sobre una sociedad, incluso entre los que la rechazan abiertamente, que venga Dios y lo vea (nunca mejor dicho).

Resumo: el líder de Podemos me parece un caso paradigmático de persona muy instruida (licenciaturas, postgrados y conferencias adornan su extenso currículum académico), pero muy poco culta. La cultura exige actitud, amén de conocimiento.

Sí, Pablo, basta pensar un poco en cómo te llamas para concluir que la religión no es un fenómeno exclusivamente espiritual. La cultura también está en las iglesias, en las mezquitas y en las sinagogas. Sobre todo en España.

Sigue @martinalgarra