Pablo Ráez y la pregunta del millón: ¿por qué se tiene que morir un tío tan joven y tan majo?


  • La muerte a los 21 años del atleta Pablo Ráez, que luchó contra la leucemia hasta este sábado, ha reavivado entre muchos españoles una cuestión existencial profunda.

  • El ser humano siempre trata de encontrar sentido a lo que le pasa porque intuye, casi de forma instintiva que existe un por qué de las cosas.

Fallece Pablo Ráez tras su mediática lucha contra el cáncer

Fallece Pablo Ráez tras su mediática lucha contra el cáncer

El sargento Muck y el soldado de primera Penkala saltaron por los aires el 10 de enero de 1945 cuando una bomba alemana cayó justo en su trinchera, cavada en un bosquecillo a las afueras de la ciudad belga de Foy. Segundos antes, ambos asomaban sus cabezas a ras de tierra para apremiar a un compañero rezagado. Cuando éste se arrastraba a pocos metros para juntarse con ellos entre un estruendo ensordecedor, vio cómo una bomba caía de lleno en la trinchera hacia la que se dirigía. Muck y Penkala se volatilizaron. Quedaban solo cuatro meses para que la guerra terminase. (Ver la escena recreada a partir del minuto 7:40 en este vídeo).

Medio siglo más tarde, los veteranos de la Compañía Easy, brillantemente retratada en la serie ‘Band of Brothers’, visitaron el campo de batalla. Podían indicar el lugar exacto donde Muck, de 22 años, y Penkala, de 20, habían dejado de existir. Una pregunta percutía en la mente de todos: “¿Por qué ellos y no yo?”.

Muck y Penkala eran magníficos combatientes. Habían tomado las precauciones debidas. Se habían protegido. ¿Por qué la bomba tuvo que caer justo en ese reducido agujero del bosque?

Recuerdo haber hablado con soldados y guerrilleros veteranos de la guerra de El Salvador que, habiendo conocido a tantas personas jóvenes muertas en circunstancias fortuitas, meditaban cosas parecidas.

La muerte de Pablo Ráez

La muerte a los 21 años del atleta Pablo Ráez, que luchó contra la leucemia hasta este sábado, ha reavivado entre muchos españoles una cuestión existencial profunda. No pocas personas se enteraron de la existencia de este chico solo al leer los titulares de su muerte. Han conocido su grandeza de ánimo y su solidaridad por tantas personas que atravesaban su misma enfermedad. Su testimonio, difundido ampliamente a través de las redes sociales, sirvió para disparar las donaciones de médula, imprescindibles en la lucha contra la leucemia.

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El dolor que ha causado su muerte, no solo entre sus allegados sino entre muchos periodistas y personas anónimas que le daban ánimos desde el fondo de su corazón, ha sido hondo y sincero. El sacerdote que ofició su funeral este domingo, que bautizó al chico con 14 años y al que se le supone ducho en este tipo de actos, reconoció con la voz entrecortada “no saber cómo enterrar a Pablo”. La abundancia de menciones en las redes sociales dan buena cuenta del pesar de tantos.

La vida nos ofrece constantes oportunidades para meditar el porqué de lo que parecen desgracias sin explicación. El ser humano siempre trata de encontrar sentido a lo que le pasa -sobre todo a lo malo que le pasa- porque intuye, casi de forma instintiva, como un imperativo tan natural como el comer, que existe un por qué de las cosas.

Aparte del significado que puedan encontrar sus más próximos, la muerte de Pablo Ráez (o más bien debería escribir “la vida de Pablo Ráez”) me ayuda a comprender una explicación del misterio de la vida: pasamos por el mundo para contribuir a hacerlo un poco mejor; cada uno en su circunstancias, cada uno en su campo de influencia particular, que al final suele ser más amplio de lo que uno piensa.

El ejemplo de Pablo, un joven desconocido para la mayoría hasta que la enfermedad irrumpió en su vida, así lo demuestra. Sólo en la provincia de Málaga, las donaciones de médula se multiplicaron ¡un 1.400%! ¿Podernos figurarnos cuántas vidas ha salvado, está salvando y salvará este chico después de muerto?

Pues sí: ¿Quién me iba a decir a mí hace una semana que hoy estaría glosando las virtudes de alguien de quien apenas tenía noticia? Pues lo hago con sumo gusto, y con la esperanza de que se me contagie algo del ejemplo de generosidad, reciedumbre y amor que los ha dejado a todos.

Descansa en Paz, querido Pablo. Gracias por hacer el mundo un poco mejor.

Sigue @martinalgarra