Domingo, 19.08.2018 - 13:33 h
Qué pasa después de cruzar el Estrecho

“Aquí no duran ni un día”. España no es el destino de la migración subsahariana

Nuestro país siempre ha sido una de las puertas de entrada a Europa a la vez que encargada de registrar la primera recepción.

El buque Open Arms a su llegada al muelle de San Roque (Cádiz)
El buque Open Arms a su llegada al muelle de San Roque (Cádiz) / EFE

Más de 22.800 llegadas en lo que va de año, que ya superan a las de todo 2017; 87 migrantes desembarcaron del Open Arms en Algeciras; y otros 630 lo hicieron en el puerto de Valencia a mediados de junio después de días a la deriva en el Aquarius. Son cifras que representan la inmigración que llega a costas españolas y detrás de las que está el rostro e historias de hombres, mujeres y niños con chalecos naranjas. España siempre ha sido país de entrada a Europa por su obvia cercanía a África y la encargada de registrar esa primera recepción a través de una burocracia en muchos casos desconocida.

“España es un puro país de paso. Aquí, no duran ni un día”, declara con firmeza Carlos Arce, coordinador del área de Inmigración de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDH-A), que se empeña en desmentir que haya millones de subsaharianos tratando de llegar a España y que reduce a "anecdóticas" las llegadas que engrosan titulares. En cambio, señala a los aeropuertos como la principal vía de entrada a nuestro país de extranjeros: residentes de la Unión Europea, como rumanos, británicos e italianos, además de marroquíes y latinamericanos, ocupan los primeros puestos de origen de la inmigración en España, según los datos del Instituto Nacional de Estadística.

Así que ni son tantos, ni quieren quedarse. “Todos quieren ir a Francia”, declara uno de los policías nacionales encargados de la gestión del Centro de Atención Temporal a Extranjeros (CATE) de Crinavis, en San Roque. La mayoría de los migrantes procede de países francófonos, por lo que una vez en España tratan de seguir su camino hacia el país vecino. Al margen de este aspecto, en un gesto "de solidaridad europea", el Elíseo anunció el jueves que acogerá a una veintena de los 87 migrantes que han llegado en el Open Arms. Los demás también pueden viajar por el espacio Schengen europeo porque, transcurrido el tiempo inicial de detención, que puede durar hasta un máximo de tres días, la mayoría queda en libertad.

Estos tiempos de estancia en diferentes centros o el papeleo administrativo que se inicia desde el primer momento son normalmente poco conocidos. Se habla de protocolos –aquel con el que se hizo una excepción con los migrantes del Aquarius, pero que ahora vuelve a ser el habitual—y de trámites legales. Pero ¿qué sucede cuando llega una patera? ¿Cuáles son los pasos a seguir con aquellos que Salvamento Marítimo intercepta en aguas españolas y traslada a los puertos de la frontera sur?

Tras cruzar el Estrecho

Amadou Diop espera a pocos metros de la verja que delimita el pabellón de El Saladillo, en San Roque (Cádiz). Es uno de los centros que durante las últimas semanas de julio tuvieron que habilitarse para alojar a los centenares de migrantes que inundaron el Mediterráneo y desbordaron los centros de Algeciras y Tarifa. Según la prensa local gaditana, El Saladillo llegó a albergar a más de 300 migrantes.

Desde una patera o saltando la valla de Ceuta y Melilla, "cualquier entrada irregular es una infracción administrativa", cuenta Arce, encargado del área de migraciones de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía, que además es profesor de Derecho en la Universidad de Granada. Así que el primer trato que reciben los migrantes cuando pisan territorio europeo es en calidad de detenidos.

denuncia de las asociaciones

Polémica por el uso de pabellones y polideportivos

La Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía denuncia que durante las últimas semanas se han utilizado pabellones y polideportivos como centros de detención improvisados, debido a la falta de espacio en las comisarías. Instalaciones que no cumplen las condiciones para la privación de libertad de los migrantes, según Carlos Arce.

Critican también que se desconoce si para aquellos que, por la misma falta de recursos, han tenido que pasar alguna noche en las cubiertas de los barcos de Salvamento Marítimo, estas horas se contabilizan dentro de las 72 máximas fijadas por ley, ya que, dentro de las embarcaciones, no es posible realizar labores de identificación. 

En las comisarías deben esperar hasta un máximo de 72 horas, tres días durante los que las autoridades tratan de identificarles. Como no suelen traer pasaporte o ningún documento, les toman las huellas, el nombre y la nacionalidad. Durante este periodo y de acuerdo a la Ley de Extranjería, son sometidos a un procedimiento administrativo exprés que bien puede terminar con la devolución –al país de origen o al último en el que se conozca que hayan estado—o con el traslado a un Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE), donde continúa la detención.

Extender el arresto tiene como objetivo ganar tiempo para lograr la deportación, continúan desde las asociaciones. "Para que se pueda realizar una extradición, el país de origen tiene que aceptarla, y muchos estados subsaharianos tienen este tipo de acuerdos con España", explica Luis Carlos Pariente, jurista y experto en materia de asilo. Sin embargo, tras los tres días de detención, y aunque "por ley no debería ser así", muchos quedan en libertad porque "los CIEs están colapsados" y no tienen capacidad para alojar a más personas. El tiempo máximo de estancia en un CIE es de 60 días, y transcurrido ese periodo, si no se produce la devolución, también quedan en libertad. Se convierten entonces en los llamados ‘sin papeles’.

En Algeciras, la "mayoría dice que son de Guinea-Conakri", cuenta Arce, porque es un país que no tiene acuerdo de extradición con España. Los que peor lo tienen son los marroquíes, separados del resto desde el primer momento y retornados automáticamente por la relación entre ambos países. "Da igual que sean homosexuales, minorías étnicas o manifestantes en el Rif", lamenta en relación a que estos casos podrían acogerse al Estatuto de los Refugiados. 

Amadou, sin embargo, es de Senegal, y ni él ni su compañero Moussa temen decirlo (quizá porque desconozcan lo sencillo que sería para las autoridades extraditarles a su país de origen). Pero ellos no irán a un CIE. Caminarán libres, con un registro europeo que mostrará cuándo han entrado y con un papel en el bolsillo como única documentación que no sabrán traducir, un expediente de devolución. Dicho expediente indica el tiempo que tiene la persona para formalizar su situación en el país y, una vez expirado, serviría como excusa para otra detención y apertura de trámites para la extradición.

A la izquierda, Amadou, ingeniero, posa en el pabellón de El Saladillo con su amigo Moussa, futbolista. Los dos vienen de Senegal.
A la izquierda, Amadou, ingeniero, posa en el pabellón de El Saladillo con su amigo Moussa, futbolista. Los dos vienen de Senegal / Marta Maroto

¿Y los más vulnerables?

Amadou muestra en su teléfono un vídeo de cómo fue su viaje en patera desde Tánger y por un precio que algunos sitúan en torno a los 2.000 euros. En la balsa había una mamá con un bebé en brazos. "En cuanto se bajan de la embarcación se separan los casos excepcionales y van a un centro de atención", continúa Arce. Las personas consideradas como vulnerables son menores, aquellos que viajan con niños a su cargo, mujeres embarazadas, personas enfermas o en peor estado de salud...

Durante las primeras 72 horas se identifican estos grupos en riesgo. Es, además, el tiempo durante el que los recién llegados pueden alzar la voz y solicitar el estatuto de refugiado. Los refugiados tienen una protección especial al considerarse que corren peligro de muerte en el caso de ser retornados a su país de origen. Pasan entonces a disposición de ONGs.

Sin embargo, la mayoría de las pateras vienen cargadas de migrantes que la administración considera como"económicos". Son los que vienen para mejorar su situación laboral. Amadou, que es ingeniero, está rodeado de personas que vienen de países como Camerún, Costa de Marfil, Malí... y sí, después de explicar que "África está en crisis" cuentan que querían venir a España para tener la oportunidad de trabajar. 

cATE de crinavis

La llegada a Algeciras, paso a paso

El Gobierno ofreció un trato especial a los más de 600 migrantes a bordo del Aquarius, con un permiso de 45 días de residencia por causas humanitarias. Unos privilegios que ahora ha dicho no poder mantener, de manera que los 87 migrantes a bordo del Open Arms que desembarcaron el jueves en Algeciras recibieron el mismo trato que aquellos que han llegado por patera. 

El Centro de Atención Temporal a Extranjeros (CATE) tiene capacidad para 600 personas y representa el modelo con el que las autoridades quieren acometer la primera recepción. Tras un chequeo médico que efectúa el Equipo de Respuesta Inmediata en Emergencias (ERIE) de Cruz Roja, los migrantes son llevados al CATE, que tiene un acceso marítimo para facilitar el atraco de los barcos de Salvamento Marítimo. 

Ya en tierra, descansan un periodo de hasta una hora en unas tiendas de campaña habilitadas en el exterior del centro, donde pueden ducharse y cambiarse de ropa (este aspecto es obligatorio, nada más llegar se les proporciona una muda completamente nueva). El CATE está haciendo las veces de centro de detención pese a no serlo, ya que es aquí donde los migrantes pasan las 72 horas de privación de libertad obligatorias, donde son identificados.

Tienda de campaña del CETA de Crinavis habilitada para la primera recepción de los migrantes
Tienda de campaña del CATE de Crinavis habilitada para la primera recepción de los migrantes / Marta Maroto

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