Con o sin Brexit, el Festival de Edimburgo sigue celebrando la cultura europea

El Festival artístico Internacional de Edimburgo, la capital de Escocia, reivindica este año más que nunca sus raíces europeas, como un antídoto al voto británico favorable al Brexit hace menos de dos meses.

Esta celebración anual data de 1947, "cuando la idea de un festival artístico multiforme que ahora nos resulta familiar era totalmente desconocida", afirma su director actual, Fergus Linehan.

"En lugar de focalizarse en celebrar una región o una forma particular de arte, el festival Internacional celebraba el internacionalismo. Y para ser sinceros, el europeísmo en especial", agrega.

En las calles medievales de la ciudad, cubiertas de afiches con la programación, reina el ambiente festivo hasta altas horas de la madrugada, con una animación que puede evocar la del Festival de Aviñon (sur de Francia), la otra capital de las artes escénicas. Y al igual que en Aviñón, hay un Festival "inn" y otro "off", llamado aquí "Fringe" (Margen).

Pero Edimburgo no se limita al teatro y la danza y este año vuelve a exponer, entre el 5 y el 29 de agosto, su espíritu ecléctico, con óperas y conciertos de música clásica y contemporánea.

En cartelera destacan "Norma", de Bellini, interpretada por la mezzo-soprano italiana Cecilia Bartoli, así como una puesta de "Ricardo III", de Shakespeare, por el director alemán Thomas Ostermeier o conciertos del grupo islandés Sigur Rós, del senegalés Youssou N'Dour o del francés Yann Tiersen.

La programación se afirma como reflejo de una cultura europea, cuya defensa se impuso como una necesidad al finalizar la Segunda Guerra Mundial.

"Conocíamos los abismos en los cuales el nacionalismo había precipitado a Europa y teníamos una necesidad real de encontrar un marco de celebraciones que no se reclamasen de una religión o de una nación", afirma Linehan.

En el Fringe, el mayor festival de artes del mundo con más de 3.000 espectáculos, el espíritu sincrético se amplía a los géneros de cabaré y variedades, de circo y de obras infantiles. Como ejemplo de búsqueda de sincretismo, la banda "Poción de Fe" mezcla ritmos caribeños con salsa cubana y mambo africano.

El año pasado, Fringe vendió más de 2,3 millones de entradas. El Festival Internacional anunció por su lado una frecuentación de 435.000 espectadores.

"El Fringe empezó como algo anárquico, como una respuesta al orden establecido", explica Shona McCarthy, su directora ejecutiva.

McCarthy espera que el Brexit no se convierta en una barrera para el carácter internacional de los dos festivales, aunque estos no benefician de ninguna financiación europea directa.

Escocia votó contra el Brexit y su capital lo hizo por una rotunda mayoría de 75% en el referéndum del 23 de junio. Una convicción proclamada con orgullo en la célebre repostería Maxime del lugar: "Proud to be European" ("Orgulloso de ser europeo").

"El Brexit me preocupa", admite Linehan, para quien "muchos discursos [de los partidarios del Brexit] constituyen un ataque directo contra los valores" del Festival.

"Estos íntimamente vinculados a Europa. No podemos extirparnos de ella. Vamos a tener [por ejemplo] una orquesta inglesa interpretando a Bach. No es que esto me parezca algo imponente, pero existe y se logró con mucha lucha. Me da la impresión de que el Brexit considera todo eso como algo natural", argumenta.

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