Miércoles, 22.11.2017 - 05:17 h

Manguel defiende que "la prueba de realidad es la literatura" al recibir el Premio Formentor de las Letras 2017

Afirma que los libros ofrecen "un vastísimo catálogo de identidades entre las cuales podemos conocer o reconocer las nuestras" El escritor argentino-canadiense Alberto Manguel ha defendido que "la prueba de realidad es la literatura", durante la ceremonia de entrega del Premio Formentor de las Letras, que este año ha reconocido el conjunto de la obra del autor, que a lo largo de varias décadas ha estudiado la influencia del libro en sus diferentes aspectos, con una atención especial a la importancia de la lectura para las jóvenes generaciones.

Manguel defiende que "la prueba de realidad es la literatura" al recibir el Premio Formentor de las Letras 2017

Afirma que los libros ofrecen "un vastísimo catálogo de identidades entre las cuales podemos conocer o reconocer las nuestras"

El escritor argentino-canadiense Alberto Manguel ha defendido que "la prueba de realidad es la literatura", durante la ceremonia de entrega del Premio Formentor de las Letras, que este año ha reconocido el conjunto de la obra del autor, que a lo largo de varias décadas ha estudiado la influencia del libro en sus diferentes aspectos, con una atención especial a la importancia de la lectura para las jóvenes generaciones.

La ceremonia de entrega, que ha tenido lugar este viernes 22 de septiembre a las 20.00 horas en el Hotel Barceló de Formentor, ha contado con la presencia de numerosos rostros conocidos de la sociedad balear. El premio --dotado con 50.000 euros, organizado por la Fundación Santillana y el Hotel Barceló Formentor, y patrocinado por los propietarios del hotel, la familia Barceló, y la familia Buadas-- ha sido entregado por Marta Buadas, en representación de las familias Buadas y Barceló, mecenas de los galardones.

En un discurso pronunciado en castellano y titulado 'Las lágrimas de Isaac. De cómo la lectura inventa la realidad', y plagado de referencias a los orígenes de la literatura y sus vínculos con los viajes, la historia y la religión, Manguel ha argumentado que los "primeros ritos fueron ritos de palabra". "A partir del impulso narrativo que define a nuestra especie, a partir del esfuerzo de entendimiento que nuestra imaginación realiza para dar sentido al mundo, una cierta verdad que no es del todo falsa surge de nuestra lectura de un código de signos cuya gramática hemos olvidado", ha relatado.

En cualquier caso, Manguel ha señalado que "la escritura simbólica es una invención mucho más reciente", con referencias a Mesopotamia y a los orígenes la escritura, cuya invención, a su juicio, "nos concedió una suerte de modesta inmortalidad" y que, en su caso concreto, le ofrece "como espectador privilegiado, el reino de este mundo y de todo otro mundo imaginable, de manera más íntima y convincente que la realidad misma".

En este punto, el escritor ha rememorado sus inicios en el mundo de la literatura, cuando "sentía que los personajes de mis libros eran un caleidoscopio de rasgos fragmentarios de esa persona cambiante que yo descubría cada mañana en el espejo" por lo que sus libros le daban "la infinitamente generosa posibilidad de ser quien quisiera".

El autor ha calificado a los libros como "mundos de papel y tinta (o electrónicos) en los que intentamos leer nuestra realidad de carne y hueso", al ofrecer "un vastísimo catálogo de identidades entre las cuales podemos conocer o reconocer las nuestras". "Esta es la convicción que me guía a través de mis bibliotecas --ha apostillado--. Página tras página, volumen tras volumen, busco, conscientemente o no, esa fluida persona que, como el dios Proteo, cambia de mentalidad y de forma de año en año y de hora en hora".

"Me reconozco en Caperucita Roja y su desobediencia civil, y no en la obediente Cenicienta; en las aventuras de Lazarillo pero no en las del Cid; más en el algo torpe doctor Watson que en el agudo Sherlock Holmes; en Fausto más que en Orestes; y ahora, en estos últimos años, en el Rey Lear y su desesperada vejez, como antes me identificaba con sus hijas impacientes", ha reconocido.

Para Manguel, sus lecturas "componen una monstruosa cosmología de espejos en la que está presente todo instante y todo lugar de mi biografía", momento en que ha hecho alusión a la Biblia --"otro capítulo más de mi voraz libro que contiene todas mis lecturas"-- y a las religiones, que "sabiendo perfectamente que el dogma no convence a nadie, llevan a cabo sus misiones evangelizadoras a través de relatos, fábulas y alegorías".

Ante los asistentes, el escritor ha argumentado que "todo escrito humano es una azarosa e ineficaz aproximación al tumulto de conocimientos, sueños, afectos, reflexiones y acontecimientos que todo momento abarca y que decimos pertenece a la realidad histórica, sin jamás reproducirla por entero. Pero también sabemos que, a veces, el mismo azar nos depara cuatro o cinco palabras impresas que parecen encerrarlo todo".

El ganador del Premio Formentor de las Letras 2017 ha rememorado que "los antiguos pensaban que solo la divinidad podía crear obras que reprodujeran fielmente las cosas de la realidad" aunque, en su opinión, "el mérito mayor de estas obras divinas es su verosimilitud, su identificación total con las cosas del mundo real". No obstante, ha indicado que "un poeta, aún Dante, siendo humano, no puede nunca llegar a tal perfección".

EL PAPEL DEL LECTOR

Asimismo, ha asegurado que "todo lector, aún el más profundo y perspicaz, nunca logra una comprensión cabal del texto; siempre se halla, como Agustín, en una 'regio dissimilitudinis' en la cual apenas llega a vislumbrar la riqueza plena de la obra literaria". "Sin embargo, esta ceguera es también un beneficio", ha apostillado, porque "a causa de esa disimilitud entre nuestra lectura de un texto y el texto mismo, entre la lectura del mundo y el mundo mismo, en esa zona de reflejos oscuros y gestos ambiguos, los lectores descubren la plenitud de sus poderes".

"Aprendí desde temprano que el arte del lector consiste en leer entre líneas", ha razonado, añadiendo que "relatar, escuchar, escribir y leer son nuestras prerrogativas" y que "la invención de historias es un arte propio del ser humano".

"Perdidos en un universo en el que no son válidas nuestras primordiales nociones de tiempo y de espacio, en el que nuestras gramáticas y nuestros sentidos de individualidad y alteridad están ausentes, desde temprano nuestra especie empezó a construir una suerte de universo paralelo imaginado", en el que "incapaces de aceptar que nuestro cerebro es incapaz de concebir las once dimensiones del universo, nos hemos hecho cartógrafos de lo inconcebible".

En alusión al astrofísico Stephen Hawking, quién dijo en una entrevista no exigir "una teoría que corresponda a la realidad porque no sé qué es la realidad. La realidad no es una cualidad que puede ser probada con papel tornasol", Manguel ha asegurado estar de acuerdo con esta afirmación aunque, en su caso, "la prueba de realidad es la literatura" pues permite "contar nuestra ancestral experiencia de tantas maneras como sea necesario, para poder leer en esas ficciones, aunque sea imperfecta y oscuramente, lo que sospechamos es la verdad".

Esta ceremonia de entrega ha sido la antesala de las 'Conversaciones de Formentor', que este año cumplen diez años y que tendrán lugar del 22 al 24 de septiembre en el Hotel Formentor Royal Hideaway, bajo el lema 'Bohemios, magos y vagabundos'.

Antes de la entrega del premio, el presidente del jurado, Basilio Baltasar, ha leído el acta de esta edición en la que se destaca que "la minuciosa recreación del arte de leer, la pericia con que los lectores aprenden a comprender la inmensidad del mundo, pertenecen al enciclopédico saber con que Alberto Manguel ha retratado la vida de los libros"

Por su parte, el presidente de la Fundación Santillana, Ignacio Polanco, también presente en el evento, ha recordado a algunos de loa galardonados como Juan Goytisolo o Ricardo Piglia.

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