Lunes, 25.05.2020 - 04:54 h

Cardin: el pret a porter era comunismo, pero el comunismo real fue un engaño

Al diseñador francoitaliano Pierre Cardin las ideas revolucionarias siempre le han atraído, su pret a porter supuso comunismo en la moda. Pero reconoce que cuando, subyugado por el igualitarismo, viajó a China y a Rusia en los setenta, se topó con la realidad: "aquel comunismo era un engaño".

Sergio Andreu

Barcelona, 27 ene.- Al diseñador francoitaliano Pierre Cardin las ideas revolucionarias siempre le han atraído, su pret a porter supuso comunismo en la moda. Pero reconoce que cuando, subyugado por el igualitarismo, viajó a China y a Rusia en los setenta, se topó con la realidad: "aquel comunismo era un engaño".

El estilista ofreció hoy en la Universidad de Barcelona una charla con el título "La producción cultural según Pierre Cardin", acerca de sus trabajos como promotor cultural.

Esta era una línea paralela al mundo de la moda que, entre otros puntos del planeta, le llevó a China para inspirarse, cuando en Europa los intelectuales hacían apología del maoísmo, y donde se llevó una de las mayores decepciones de su vida tras cruzar medio planeta.

"El comunismo es una ideología bonita pero no se puede aplicar, fue una gran desilusión. Lo que vi allí: hambre, frío, hospitales sucios, fue terrible. Supuestamente se basaba en la igualdad, pero me quedé muy decepcionado porque aquel comunismo engañaba a la gente, tanto en China como en Rusia. Fui con la idea de que aquello era el paraíso, pero realmente se vivía mejor en Francia".

A Cardin, que se encuentra en la capital catalana para participar en la pasarela 080, se le conoce evidentemente como maestro de la alta costura, por el atrevimiento de sus diseños geométricos.

Pero más allá de la marca se esconde un prolífico productor con más de 500 espectáculos a sus espaldas que reflejan una pasión por el teatro y el ballet que no le han arruinado, pero que le han hecho perder dinero en muchas ocasiones.

A sus 90 años, ha recordado que de joven quiso ser actor y bailarín, pero, aunque se decantó por la moda, triunfando desde sus inicios en la Casa Dior y luego con su propia firma en los años cincuenta, nunca abandonó ese interés por la gran cultura.

Eso le llevó en 1970, cuando era un hombre más que consagrado, a abrir el Espace Cardin, una plataforma por la que no sólo pasaron estrellas de la talla de Marlene Dietrich, Jeanne Moreau, Jean Cocteau, Juliette Greco, Dionne Warwick (ha citado mientras tarareaba un tema de la norteamericana) o Maia Plisssetskaia, sino que sirvió de escaparate para nombres entonces desconocidos como Gerard Depardieu o Isabelle Adjani, entre otros

Para la Dietrich ha tenido palabras de elogio, "era maravillosa, una gran actriz, la más perfeccionista", pero también algún reproche al definirla como en exceso caprichosa -le hizo ir a buscar un tul de tela inglesa a Londres- y un poco desdeñosa cuando no se la veneraba.

Le costó caro, por no ir a verla al camerino tuvo que enviarle, en desagravio, 300 rosas cada día que trabajó en el Espace Cardin.

El artista Salvador Dalí, a quien conoció en 1945 y para quien montó "Dali follies", fue para Cardin un maestro y a menudo se veían en Cadaqués (noreste de España), ha señalado el estilista

Durante cerca de una hora, Cardin ha desgranado decenas de anécdotas sobre personajes de la cultura europea ante un auditorio jovencísimo.

"Muchos de las personas de las que hablo están muertas y vosotros sois tan jóvenes que seguramente no los conocéis", ha bromeado el diseñador, cuyas palabras iban acompañadas por una serie de fotografías sobre sus montajes teatrales y de ballet.

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