Chris Gilmour: esculpiendo en el cartón

  • Un FIAT 500 de los años 60, una antigua máquina de escribir, una silla del dentista, una bicicleta y una estatua de la Reina Victoria a tamaño natural. Los otros escultores utilizan el bronce o el mármol, pero Chris Gilmour prefiere un material más inusual: el cartón. Y consigue con él resultados excepcionales.
Chris Gilmour: esculpiendo en el cartón
Chris Gilmour: esculpiendo en el cartón
lainformacion.com
Alessia Cisternino

Su evolución artística ha sido de las más comunes: una carrera  en Bellas Artes en la Universidad de Bristol, una especialización en escultura, un estudio compartido con otros artistas en Manchester, talleres de arte en escuelas, centros psiquiátricos y centros de barrios. Y dos padres artistas a su vez que desde pequeño le dejaban hacer en sus estudios lo que le daba la gana: es decir principalmente desmontar y montar objetos.

Y sin embargo Chris Gilmour, escultor inglés afincado en Italia desde hace 10 años, de común no tiene casi nada, ya que desde el año 2000 realiza esculturas a tamaño real de objetos cotidianos – bicicletas, antiguas máquinas de escribir, coches de época como un FIAT 500 de los años 60, sillas del dentista, guitarras eléctricas, cafeteras y últimamente incluso estatuas de la Reina Victoria – utilizando sólo y exclusivamente cartón y pegamento.

Un artesano más que un escultor que tiene como referentes a artistas de fama internacional como Anish Kapoor, Andy Goldsworthy, Tom Friedman y Bill Woodrow y que a su vez ha alcanzado el reconocimiento internacional exponiendo sus obras en varias ciudades italianas tanto como en Nueva York.

Al inicio sólo se trataba de pequeñas esculturas en cartón que servían de modelos en escala para las esculturas que tenía pensado realizar, pero poco a poco estos experimentos, digamos, “desechables” se convirtieron en la ocupación principal de Chris Gilmour, que de esta forma ha conseguido diversificarse del resto de los escultores contemporáneos.

Sin hacerles la guerra, sino simplemente atreviéndose con un material tan inusual en la escultura como el cartón, ayudándose solamente con un poco de pegamento y prescindiendo de estructuras de sostén de madera o metal.

Un material, el cartón, que a la vez que se moldea convirtiéndose en arte encuentra otro uso y otra función a las cajas de los televisores, de las máquinas del café, de los ordenadores y de algún que otro bien de lujo que acabamos de comprar y de cuyo envoltorio acabamos de deshacernos. Pese a que se trate y sin darnos cuenta de que se trata de un material relativamente costoso. En términos económicos tanto como medioambientales.  

Aunque quizás no sea la preocupación para el medioambiente el rasgo principal de la obra de Chris Gilmour, el mensaje de la vacuidad de la sociedad del consumo, de la necesidad que tenemos de reflejar y medir nuestra personalidad y nuestro valor en bienes materiales y finalmente el mensaje de la importancia de cuidar los materiales y reciclarlos pensando en lo que nos cuesta y le cuesta a la naturaleza conseguirlos llega. Fuerte y claro. A tamaño natural y en forma de objetos de todos los días.

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