Martes, 11.12.2018 - 10:51 h

Jacques Tati, el cómico al que no puedes dejar de conocer

El estreno ayer de 'El ilusionista' ha vuelto a poner de actualidad a Jacques Tati (1907-1982), autor del relato en el que se basa esta película.

Jacques Tati, un cómico con el espíritu de Chaplin y Keaton
Jacques Tati, un cómico con el espíritu de Chaplin y Keaton

No se puede hablar de comedia en el cine sin mencionar al francés Jacques Tati. Posterior a grandes maestros del mudo como Buster Keaton y Charles Chaplin, este actor, guionista y director fallecido en 1982 recuperó la esencia de aquel género nacido de los gags del día a día, los que funcionan en cualquier rincón del planeta. Por eso sus películas recuerdan al humor que manejaban genios anteriores, rescató ese espíritu de gags universales y se lo llevo a su terreno, la crítica contra la mecanización de la sociedad con la clase media como protagonista.

El estreno en España deEl ilusionista (L'Illusionniste) ha puesto de nuevo de actualidad a Tati, nacido en 1907. Suyo es el relato escrito en 1956 y adaptado ahora para el cine en formato animado por Sylvain Chomet. Como si de un trabajo del propio Tati se tratase, sacarlo adelante ha costado cuatro años de luchas y esfuerzos. El resultado ha sido una película que conserva la esencia del cine del cómico francés. Las desventuras con la tecnología y la modernidad de un viejo mago que tiene que resignarse a que el mundo ha cambiado. Ambientada en la Europa de comienzos de los sesenta, retrata una sociedad en pleno proceso de evolución donde los viejos métodos -la magia de sacar un conejo del sombrero-, ya no sirven. Es la época de los grupos musicales, del fenómeno fans. Y para no romper la magia del relato de Tati, lo diálogos apenas existen.

Gran aficionado a los deportes y procedente de una familia de aristócratas con orígenes rusos, Tati se inició en el cine como actor. La Segunda Guerra Mundial se interpuso en su carreta interpretativa obligándole a un parón de varios años. Cuando regresó ya lo hizo pensando como director, aunque participó en algunos títulos como actor antes de dar el salto definitivo. Su primera película a los mandos llegó en 1949 con la aclamada Días de fiesta, en la que él mismo hacia el personaje del cartero que debía repartir la correspondencia en bicicleta el día más importante para el pueblo y que era capaz de montarse una oficina postal en la parte trasera de un camión en marcha. Un trabajo muy cuidado que fue reconocido en Cannes y Venecia. Es su gran obra y le abrió las puertas del cine.

Dicen quienes le conocían que era un hombre muy metódico y perfeccionista. Y era esa obsesión por la perfección lo que impidió que su legado fuese mayor. Solo seis películas dejó como herencia al cine cómico francés. Cinco de ellas contaron en el reparto con su alter ego en la pantalla, Monsieur Hulot, un personaje al que presentó en 1953 con Las vacaciones de Monsieur Hulot, un tipo ridículo en su vestimenta y con una asombrosa capacidad innata para convertir la situación más cotidiana en una concatenación de gags de lo más absurdos e hilarantes. Hulot se convirtió a partir de aquí en el protagonista de todas las películas dirigidas y escritas por Tati. Pasó a ser su sello personal como el personaje con bombín y bastón lo fue para Charles Chaplin.

Dedicaba gran parte de su tiempo a probar nuevos gags, tuvo que enfrentarse a la quiebra y se tomaba con calma lo de lanzar un proyecto. Cinco años tardó en estrenar Mon oncle, de nuevo con Hulot, ese hombre corriente superado por la tecnología que cada vez que aparece en escena convierte la vida de quienes le rodean en un desastre tras otro. Hasta una década después no se volvió a ver a Hulot en acción. Fue en Laytime (1968), la película más larga de Tati, que continuó durante toda su vida fiel a ese estilo cómico carente casi por completo de diálogos.

Sus dos últimos trabajos fueron Traffic (1970) y Parade (1974). En la primera Hulot era un conductor con curiosos remedios para acabar con los problemas del tráfico al que le tocaba viajar desde París a la Exposición Universal de Ámsterdam. El último se estrenó en televisión y después dio el salto al cine. En la actualidad, parte de la familia de Tati (incluida su hija) lucha por la conservación de la obra de este genio del humor francés que dejó una herencia escasa en cantidad pero de gran calidad en su mayoría.

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