Miércoles, 13.11.2019 - 01:18 h
Entrevista con César Bona

El mejor maestro de España: "Un mal gesto de CR7 o de Messi llega a las aulas"

Reinvidica que niños y adolescentes sean el centro de la educación, que les dejen expresarse y que las clases sean abiertas.

César Bona
César Bona.

César Bona (Zaragoza, 1972) es considerado el mejor maestro de nuestro país desde que en 2015 accediera al top 50 de los mejores maestros del mundo, según el Global Teacher Prize, el considerado Nobel de la Educación. Bona, no obstante, tiene los pies en el suelo y capta lo que influye a sus alumnos en las aulas. Y uno de los elementos que más lo hace es... el fútbol. De hecho reconoce que "un mal gesto de Messi o CR7 llega a las niños en las aulas". Se cumple así el axioma de que los pequeños reproducen lo que ven en casa a sus padres y en la tele o en el campo a sus ídolos.

En mayo de 2017, Bona formó parte del Jurado de los Premios Princesa de Asturias, en la categoría de Comunicación y Humanidades. Es autor de numerosas publicaciones que están sirviendo de referencia en muchas universidades y escuelas, y se ha convertido en un auténtico ‘gurú’ que llena auditorios allí por donde va. Su actividad ‘extraescolar’ le ha llevado a dejar la tiza, pero está deseando “volver a dar clase y estar con los niños en un año o año y medio”. Pero, mientras, prepara su tercer libro -tras ‘La nueva educación’ y ‘Las escuelas que cambian el mundo’, dos auténticos ‘best sellers’-, que saldrá en el mes de septiembre e imparte conferencias por toda España.

Pese a su timidez habla alto y claro y no duda en afirmar, por ejemplo, “que la mejor política económica que puede llevar a cabo un país es invertir en educación”. Por eso, “no entiende” los “recortes” que ha habido en España durante la crisis y que han llevado a que el presupuesto educativo de todas las administraciones sea aún hoy 9.000 millones de euros inferior al de 2009, cuando comenzó la hecatombe económica que vivieron el mundo y nuestro país. Y es que este maestro aragonés propugna una escuela “pública, abierta y participativa” en la que “los niños se sientan como en casa y tengan ganas de volver al día siguiente al aula”.

Los grandes recortes sociales por la crisis fueron en Educación y en Sanidad.

“Es un drama y una paradoja. Si queremos mejorar la sociedad tenemos que mejorar las escuelas porque todo empieza en la educación. La mejor y más productiva política económica y a favor del empleo que puede hacer un país es invertir en educación. Un país que no invierte en educación será siempre un país pobre”.

Pues ahora todos los partidos, menos PP y Ciudadanos, abandonan la subcomisión del Congreso que trabaja por un pacto nacional sobre la educación.

“Yo solo soy un maestro y no sé nada de política, pero me resulta tremendamente curioso que los políticos, que representan no a ellos mismos ni a sus partidos sino a toda la sociedad, no sepan llegar a un pacto educativo para este país. Quizás sea porque las ideologías acortan la visión. Tenemos que volver a la esencia y preguntarnos, ¿qué es la educación? ¿Para qué sirve? Para mejorar el mundo en el que vivimos, para preocuparnos del mundo en el que vivimos y para educar seres sociales. Y a partir de ahí hay que preguntar a quienes están todo el día ahí, también a los niños, a las familias… Y a los docentes claro. En un gran pacto educativo es necesario que se cuente con los maestros y con la comunidad educativa para que aporten su visión, sus necesidades…”.

¿El maestro es el gran olvidado de la educación en España?

“El gran olvidado de la educación en España es el niño, la niña o el/la adolescente”.

Le ha salido una frase redonda, explíquese.

“Pensamos por ellos, pero no pensamos como ellos, que se pasan toda su infancia y su adolescencia en un centro educativo y qué menos que preguntarles qué piensan, cómo se sienten… Que ellos también colaboren en el proyecto en el que van a estar inmersos durante buena parte de su vida. Además…”.

Hay que dejar al niño con ganas de volver a clase

César Bona
César BonaMejor profesor de España

¿Sí?

“El niño es el centro del sistema educativo porque en la educación preparamos a los niños para la vida. No se debe olvidar nunca eso, es el centro de todo. El niño es el centro del universo educativo, el sol sobre el que gira todo. Tenemos que hacer que el niño tenga ganas de volver a la escuela al día siguiente. Nuestro sistema está encorsetado por el currículo. Este y la burocracia son los dos grandes problemas contra lo que luchamos los maestros. Hay que dar menos información y fomentar más la participación. Preparamos a los niños para el examen, no para la vida. Le proporcionamos una serie de conceptos memorísticos que se olvidan en unos días y no nos damos cuenta de que el niño es un ser social, que tiene que participar en la escuela, dar y recibir, ser escuchado, escuchar, ser educado en el diálogo, en la convivencia, en la reflexión, en conocerse unos a otros… Con un currículo más corto y una educación más basada en la experiencia se aprendería mucho más. Hay que educar para la vida y la escuela no es una burbuja.

Y si encima les mandamos un montón de deberes.

“Un tema polémico porque somos los adultos los que decidimos. Siempre es blanco o negro, en esto no hay grises. ¿Para qué deberes? ¿Para qué tantos? ¿Son realmente útiles para el aprendizaje? Yo echo la vista atrás, cuando era niño, y me veo haciéndolos deprisa y corriendo el domingo por la noche escuchando de fondo la canción de 'Estudio Estadio'. Y hacía los deberes porque el lunes alguien me los iba a pedir en el cole, no porque fueran imprescindibles y necesarios para mi aprendizaje. Eso no quiere decir que los deberes no sean útiles, pero no deben ser porque sí. Tienen que servir para complementar, para fomentar la curiosidad del niño. El reto de la educación y los educadores es dejar al niño con ganas de aprender al día siguiente. Si los dejamos saturados no querrán saber nada al día siguiente”.

Usted siempre habla de que la escuela debe de ser abierta, de que cuando se entra en la escuela no se cierre la puerta sino que se abra la ventana.

“Educamos niños para la vida, para el presente y para el futuro, seres sociales. Repito, la escuela no es una burbuja sino una entidad abierta donde entran los niños y donde éstos deben de tener a su disposición unas gafas especiales para mirar. La etapa más importante en nuestra educación es la infantil, no la universidad. Y es importante, muy importante, ‘sacrificar’ en ciertos momentos el temario y los planes de estudios por tutorías y asambleas para que los chicos se conozcan, conozcan a quién tienen a su lado, a su escuela, a su profesor… y puedan exponer en público sus preocupaciones, dialogar con el otro… Es paradójico que en una etapa como la de secundaria, cuando el chico, el adolescente, más necesita sentirse querido, encontrarse a sí mismo, no le dejemos hablar ni expresarse y le impongamos una batería de conocimientos con los que informamos más que educamos”.

Pues hay una frase acuñada que dice que la familia educa y el maestro enseña.

“Esa frase ha hecho mucho daño y ha levantado un muro enorme entre las familias y la escuela y los maestros. La educación, así con mayúsculas, es un trabajo en común de todos. De las familias, de los maestros, de los propios niños, de la sociedad en general. En la escuela se educa y se enseña y en casa también. La escuela no es un sitio en el que el padreo o la madre, o ambos, aparcan al niño durante unas horas y ya está… Y luego está el papel de la sociedad”.

¿Cuál es?

“Los niños y jóvenes tienen modelos de comportamiento como son sus padres, sus profesores, sus amigos o los personajes con relevancia social. Un mal gesto el domingo de Cristiano Ronaldo o Messi –ojo no digo que los hagan, solo estoy poniendo un ejemplo- son miles de malos gestos de los niños el lunes en las escuelas. Yo lo he vivido en las aulas. En aquella ‘tormenta de clásicos’ cuando estaban Mourinho y Guardiola en el Madrid y el Barça, los niños y niñas de uno y otro equipo se odiaban. Menos mal que llegaron Casillas y Xavi y con su gesto de cordura lo apaciguaron todo. Quiero decir con esto que todo lo que tiene a su alrededor el niño influye en su educación porque repito una vez más: la escuela no es una burbuja. Hay una corriente comunicativa de fuera hacia adentro de la escuela y de dentro de la escuela hacia afuera”.

¿Y es tan mala como señalan algunos indicadores la educación en España?

“No. Hay cosas que mejorar, seguramente bastantes, pero hay ejemplos maravillosos en España de excelentes escuelas. Lo que pasa es que sufrimos el ‘efecto Finlandia’” –uno de los países del mundo, si no el que más, con mayor reputación de su sistema educativo- “y cuanto más lejano sea algo lo vemos mejor y, sobre todo, mejor que el nuestro. Pero tampoco somos tan malos”.

¿Y ustedes, los maestros, que echan en falta en nuestro sistema?

“El del maestro es un trabajo vocacional, aunque el otro día me encontré una respuesta en twitter de una maestra que me decía: ‘Si tengo que hacer todo eso, que me paguen el doble’. ¿Solo vas a hacer eso si te pagan el doble? Me parece un drama y un ejemplo que no dibuja el verdadero perfil del docente en España, pero lo quería señalar. Volviendo a tu pregunta, creo que tenemos un maravilloso trabajo, pero en la Universidad nos imparten conocimientos, muchos conocimientos, pero no nos enseñan a saber tratar con las emociones humanas, a tratar con las personas, no nos dan los herramientas que necesitamos para educar a los niños y niñas. Y este es un gran fallo de nuestro sistema educativo. Tenemos que educar a las niñas y niños en actitudes y valores que reviertan en la sociedad, así como, en la innovación y creación de proyectos. No solo podemos trabajar para los colegios, tenemos que traspasar las paredes de los centros para que la escuela sea un lugar al que los niños quieran ir cada día, porque de ello depende su rendimiento. Los maestros somos los verdaderos ‘influencers’ que tenemos que hacer de la escuela y la educación un lugar para el cambio. Los niños vienen de fábrica con ilusión. Los maestros tenemos un reto: cuando salgan del colegio tienen que seguir manteniendo esa ilusión. Tenemos que concienciarles, enseñarles a emprender, a innovar, a relacionarse con sus iguales y con el mundo, no solo informarles y preguntarles la lista de los reyes Godos. A todos nos han enseñado a obedecer y hay que enseñar a tomar decisiones, no solo a obedecer”.

¿Y usted cuando vuelve al aula a hacer todo eso?

“Lo estoy deseando. Llevo dos años desde que ‘colgué la tiza’ y necesito volver, estar con los niños, que es lo que me gusta. En un año o año y medio volveré a las aulas”.

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