Lunes, 19.02.2018 - 11:14 h
Entrevista a Gonzalo Pontón, autor de 'La lucha por la desigualdad'

"¿Universidad? Fábrica de parados, unos hacen que enseñan y otros que aprenden"

A los 65 años empezó su primer libro, le dedicó siete años de su vida y ganó con él el premio Nacional de Ensayo. No, no es políticamente correcto.

Gonzalo Pontón
Gonzalo Pontón.

Gonzalo Pontón, licenciado en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad de Barcelona y fundador de las editoriales Crítica y Pasado&Presente ha pasado su vida entre lecturas. A los 65 años comenzó a escribir su primer libro, que le ha llevado nada menos que siete años de su vida. Ha merecido la pena porque con 'La lucha por la desigualdad, una historia del mundo occidental en el siglo XVIII', ha logrado el premio Nacional de Ensayo. No solo eso. Tal vez lo que más orgullo le produzca es que más de 4.000 lectores se han enfrentado a un 'tocho' (como él mismo lo llama) de 800 páginas. Hay esperanza, pues, aunque no mucha en cuanto a acabar con la desigualdad. 

Pontón se pone en primera línea de batalla para denunciar que la desigualdad es una arquitectura pensada y ejecutada desde el SXVIII. En su libro arremete contra una revolución industrial que "destruyó la agricultura y a los campesinos", contra una educación que sigue siendo garantía de éxito para una élite, "porque la universidad es una fábrica de parados porque así lo hemos querido. Tenemos una universidad funcionarial, anquilosada y endogámica. Los profesores están mal pagados y los estudiantes ya saben que no van a encontrar trabajo con sus licenciaturas. Unos hacen ver que enseñan y otros hacen ver que aprenden. Por otra parte, se están desmantelando los estudios humanísticos y científicos que son vitales para el progreso intelectual de la especie humana ¿Para qué nos sirve?". Un detalle aclaratorio. No, Pontón no es políticamente correcto, porque eso es simplemente "hipocresía". Que quede claro.

Tampoco cree que los que acuden a la universidad lo hagan con la emoción de otros tiempos. "¿Qué incentivo tiene para intentar comprender el mundo un joven de 30 años que tiene dos licenciaturas y un máster, pero que nunca ha encontrado trabajo o, si lo encuentra, es en precario, con un contrato semanal y con 800 euros de paga mensual?". Destaca Pontón que varios estudios científicos demuestran que la incertidumbre económica tiene efectos cognitivos en la población y que el riesgo de morir de enfermedad crónica es entre un 25% y un 50% mayor entre la gente desfavorecida y la clase alta. Es decir, la desigualdad vuelve más tonto, y mata. Literal.

No hay mucha esperanza en el futuro en sus palabras, con una  innovación tecnológica que "siempre logra que el empleo esté peor pagado". Reconoce, no obstante, que "es evidente que hoy vivimos mejor en lo material, los progresos de la ciencia y de la tecnología han tenido que ser compartidos aunque sea en mínima parte, pero éticamente no. Sigue habiendo una enorme brecha entre los “have” y los “have not".

En su libro da cifras de ello. Si en 2010, 388 personas tenían la misma riqueza que la población mundial; en 2011 eran 177; en 2012, 159; en 2013, 92; en 2014, 80 y en 2015, 62. En 2015, el 1% de la población ya era más rica que resto de los seres humanos juntos. No se equivoca. El informe Reward Work, Not Health, desvela también cómo la riqueza de los multimillonarios aumentó 762.000 millones de dólares durante el 2017, y solo con lo que ganaron en 2017 podrían haber erradicado siete veces la pobreza del planeta. La concentración de riqueza en EEUU entre 2000 y 2010 superó el récord del período 1910-1920. Son datos. Hay más, y referentes a España. Los revela José Moisés Martín, autor del informe Oxfam Davos España 2018 en el que destaca que en España la recesión ha hecho más rico al 10% de la población, la expectativa de salario es un 33% menor que antes de la crisis, mientras que los salarios altos han crecido ya un 15%. Un 14% de los trabajadores están en riesgo de pobreza. 

de crisis en crisis

Ahora Davos denuncia la desigualdad, pero ¿por qué?

Pontón señala que ya Davos considera un riesgo la desigualdad social. El World Economic Forum señala "que la gente joven se ve desposeída de sus derechos y se convierte en fácil carne de conflictos", pero Pontón pone el dedo en la llaga y apunta que su intención no parece ser acabar con la injusticia. Y para ello destaca una de sus frases: "Corregir la desigualdad es bueno para los negocios ya que crea una nueva masa de consumidores...". Así, explica en su libro Pontón ha ocurrido siempre. "hasta 1860 los sueldos reales no solo se estancaron, retrocedieron un siglo en Gran Bretaña y Francia. Las dos guerras mundiales redujeron las desigualdades, "había que reconstruir el mundo". Luego llegó la crisis del petróleo del 1973, la crisis de la bolsa de 1987, el crack de la bolsa japonesa de 1990, el contagio asiático de 1997, el desastre latino con el FMI, la suspensiópn de pagos de la deuda rusa, la burbuja.com, el caso Enron, la quiebra de Lehman Brothers y la Gran Recesión de 2007. ¿Casualidad? Y lo que llega ahora, destaca Pontón, sin el espantajo comunista de fondo, es desmontar el Estado de Bienestar. Ya se ha acabado con la fortaleza sindical.  La deslocalización, la extraterritorialidad y el ninguneo del Estado Nación está creando un orden nuevo, pero ¿mejor?

España no sale bien parada en los últimos ránking de justicia social, muy al contrario. A Pontón no le sorprende. "La igualdad social no tiene cabida bajo el sistema de capitalismo rentista actual. Que una élite maneja el mundo no lo discute nadie. Warren Buffett, uno de los hombres más ricos del mundo ha dicho que “claro que existe la lucha de clases, lo que pasa es que la mía va ganando", confiesa, consciente de que "el egoísmo siempre convive con la solidaridad". 

Se le recuerda que cuando se intentó esa igualdad soñada el resultado fue la catástrofe comunista. "Con “desastre” seguramente usted se refiere a la experiencia fallida de la Unión Soviética. Duró solo 75 años, mientras que el sistema de explotación del hombre por el hombre se remonta a 10.000 años que sepamos. ¿Por qué seguimos apegados a la experiencia nefasta de esos 9.925 años restantes? ¿Es que fuera del capitalismo no se nos ocurre nada? Convenir en que la experiencia “comunista” fue un fracaso ¿nos impide pensar en otras alternativas? ¿dónde está la responsabilidad del hombre?", señala sin tapujos. 

No achaca, no obstante, Pontón a esos políticos que "solo leen el Marca o el Mundo Deportivo", la culpa de todo lo que ocurre. "Los políticos, en teoría, deben representar al pueblo. Luego, la culpa de la injusticia social es de todos los que les votamos. El neoliberalismo exige que haya el menor estado posible y que sea el mercado quien distribuya. Mientras sigamos votando a políticos neoliberales, el estado tendrá cada vez menos poder y llegará a ser privatizado por ellos".

No mira con agrado tampoco Pontón los nacionalismos, "grandes motores de la desigualdad, porque siempre representan los intereses de una sola clase". Tampoco parece muy convencido de que la nueva era de los robots acabe siendo beneficiosa para todos, o provoque más ocio y rentas básicas. "Si los robots están al servicio del capitalismo –como parece obvio—las desigualdades aumentarán".

Sí vio Pontón una leve esperanza en los indignados. Pero le duró poco. "El movimiento de los 'indignados' ante la gran recesión iniciada en 2007 pareció encender por un momento la vieja chispa igualitaria, pero su deriva en Podemos la ha apagado en seguida sumergiéndola en la vieja charca del modo burgués de hacer política". Otra decepción más.

No olvida Pontón otra lacra que ahora copa portadas en los periódicos: la brecha salarial entre hombres y mujeres, que no cesa, y que podría pagar si se erradicara, según los últimos estudios, las pensiones del futuro. "Yo he escrito ya muchas veces que la diferencia salarial entre hombres y mujeres se puede solucionar en una tarde, pero falta voluntad política como acabamos de ver. Una manifestación de un millón de personas en Madrid, Barcelona y las grandes ciudades exigiendo la igualdad de salarios no podría ser resistida por el gobierno. Al día siguiente, tendríamos igualdad salarial entre hombres y mujeres como ya sucede en Islandia y pronto sucederá en Alemania". No lo haremos, concluye Pontón. El ha puesto su granito de arena con 'La lucha por la desigualdad' (editorial Pasado&Presente), donde deja claro que esta no es de ahora. Lleva siglos dominando las relaciones humanas.

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