El videoclub sobrevive gracias al cine de autor

  • El negocio del videoclub resiste gracias al cine de autor. El alquiler de películas para su visionado doméstico sobrevive así en plena era de descargas digitales, frente al apogeo de Youtube y a la oferta de cine de los canales gratuitos o de pago de Televisión Digital Terrestre (TDT).
David González / Aviondepapel.tv

El videoclub logró su época dorada durante los años 80, donde los establecimientos modestos competían con las franquicias multinacionales en una expansión en la que cada barrio incluía en su ecosistema uno o dos videoclubes junto a sus bares, restaurantes, cines y zonas de ocio.

La llegada de las televisiones privadas desbarató el negocio. El declive de ingresos y cierres de locales comenzaron en los años 90 y casi finalizó a principios del siglo XXI. El auge del consumo de cine por Internet –descargas y videoclubes online-, además de la TDT casi ha hundido al sector de estas pequeñas empresas, salvo a las que se especializaron en cine independiente.

“No basta cualquier cine de autor: tu catálogo ha de estar bien seleccionado. Es lo que mantiene a nuestra clientela, pero no creo que sea una receta que sirva para todos, porque, de hecho, han cerrado ya varios videoclubs de autor. Cada uno tiene que saber encontrar lo que busca su clientela”, explica Andrés Santana, fundador del videoclub madrileño Ficciones.

Una clientela que tienen un perfil bastante claro, según las fuentes consultadas. Serían jóvenes, cultos e intelectuales, entre 20 y 40 años, que buscan películas al margen de los circuitos comerciales o filmes clásicos o de países poco conocidos o cine descatalogado. En definitiva, buscan un cine entre de festival independiente y filmoteca.

“Es un cliente exigente, pero fiel. Busca la comodidad de alquilar una buena película, porque le da pereza su descarga digital durante 24 horas y prefiere la sensualidad de tocar la carátula del filme, el visionado de los extras y un mejor sonido e imagen para disfrutar del largometraje en su casa”, añade Daniel Gascón, propietario del videoclub valenciano Stromboli.

Lo cierto es que la mejora de los equipos de televisión y los avances tecnológicos –Blue Ray, sonido envolvente, imagen panorámica o en HD- hace que el consumo doméstico de películas de cine se mantenga de manera minoritaria y encuentre su oferta en estos videoclubes temáticos.

Sin embargo, la crisis económica y el consecuente bajón del consumo, además de la piratería también pasan factura a estos establecimientos de alquiler para visionado familiar.

“Son tiempos difíciles. A la crisis se suma las descargas y el top manta. A nosotros nos piden impuestos, seguridad social, nos aplica la SGAE un nuevo canon, pero no se cumple la ley que ha de proteger nuestro negocio, nuestros puestos de trabajo, nuestro servicio de un buen catálogo. En España terminaremos sin encontrar ninguna película buena, como ya pasó con la música y como pasa con el cine en otros países”, afirma Santana.

“Resistir significa mejorar la información y el servicio al cliente, así como aumentar la oferta de buen cine”, añade Gascón.

Otra de las acciones para mantener clientes es organizar actividades paralelas en torno al catálogo de cine del videoclub, como son los cineforum o los acuerdos con escuelas de guión o cinematográficas.

“No sólo se trata de fidelizar al cliente sino que se trata del cine en sí. Un videoclub no debería ser sólo un negocio”, dice Gascón.

“Estamos convencidos de que tenemos que tener algunas funciones sociales y una de ellas ha de ser ayudar a los estudiantes de cine y contribuir al desarrollo del cine en nuestro país, aunque estas actividades o acuerdos con escuelas no nos sean rentables”, finaliza Santana.

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