Domingo, 20.10.2019 - 12:02 h

La pluma de Jean-Christophe Rufin revive al hombre más rico del siglo XV

Catalina Guerrero.

Catalina Guerrero.

Madrid, 24 sep.- "La experiencia del poder nunca es satisfactoria ni feliz", según el exdiplomático, médico, escritor y académico francés Jean-Christophe Rufin, quien debe a Jacques Coeur, pionero del capitalismo, a quien pone voz en su última novela, haberse "fugado de la tentación de la carrera política".

Dos veces galardonado con el prestigioso Goncourt ("El abisinio" y "Rojo Brasil"), Rufin se zambulle de nuevo en el género de la novela histórica en "La fortuna del gran Jacques Coeur" (Ediciones B) para revivir el ascenso, apogeo y caída del hombre más rico de Francia en el siglo XV.

Un hombre excepcional con el que Rufin (1952) siente que tiene muchos "paralelismos" y "similitudes", aunque entre ambos haya un salto en el tiempo de más de quinientos años.

Para empezar, enumera en una entrevista con Efe, ambos nacieron en Bourges, una pequeña ciudad del centro de Francia "cerrada y muy aislada" que dejaron atrás para descubrir mundo, y lo hicieron en pos de un sueño, en la creencia de la posibilidad de una vida mejor.

Los dos se codearon con el poder, Jacques Coeur como tesorero y consejero del rey Carlos VII, "un ingrato que traicionó a todos los que le ayudaron", y Rufin como destacado dirigente de organizaciones humanitarias (Médicos sin Fronteras y Acción contra el Hambre) y como embajador de Francia en Senegal, de 2007 a 2009.

Y ambos salieron un tanto decepcionados de esa experiencia. Jacques Coeur cayó en desgracia, fue torturado y condenado a muerte, de la que escapó con una rocambolesca fuga de prisión.

"Lo perdió todo y estuvo en prisión, yo no, pero quizá vendrá...", bromea Rufin, en este recuento de similitudes con su lejano paisano, aunque para él la más importante es el gusto por la "aventura" y la "libertad" que ha descubierto en esa figura histórica fundamental en la historia de Francia y de Europa.

El protagonista de "La fortuna del gran Jacques Coeur" nace en plena Guerra de los Cien Años, una de las épocas más oscuras de Europa, y contribuye como pocos a que el continente evolucione de la Edad Media al Renacimiento.

Hijo de un modesto peletero, Coeur es considerado como uno de los primeros hombres modernos, visionarios, exponente de los comerciantes emergentes del siglo XV, fundador de un "capitalismo arcaico", pero que ya contenía, según Rufin, "todos los elementos" de la actual globalización aunque a la escala de una época en la que Colón aun no había descubierto América.

En el tiempo de las Cruzadas fue el primero capaz de viajar a Oriente sin ánimo de conquista sino de intercambio. Y de ahí, del comercio, surgió su fortuna, que llegó a ser inmensa, hasta el punto de convertirse en el hombre más rico de Francia.

Ayudó a Carlos VII a terminar la sanguinaria Guerra de los Cien Años, le abrió los ojos al hacerle comprender que alcanzaría el poder absoluto, no por la guerra, sino por la prosperidad económica, y además le mostró que "los polos de poder cambian".

El problema surgió por los celos del monarca. En este sentido, Jacques Coeur fue a Carlos VII lo que Nicolas Fouquet a Luis XIV trescientos años después. "Son destinos trágicos porque triunfan y eso es peligroso, ya que el éxito en esos casos es una forma de fracaso. Coeur como Fouquet estaban condenados de antemano", dice.

En su libro, escrito en primera persona, hay no solo historia, también se mezcla el género de las memorias con toques de novela caballeresca, ya que más allá de ser una profunda reflexión sobre el poder, "La fortuna del gran Jacques Coeur" contiene una potente historia de amor.

Se trata de la estrecha relación que mantuvo Coeur con Agnes Sorel, conocida también como la "dama de la belleza", una mujer "refinada" y "extremadamente inteligente" obligada a ser la amante del "feísimo y malvado" Carlos VII y que se convirtió en la primera "favorita" de Francia.

Una mujer inmortalizada por Jean Fouquet en el cuadro "La virgen con el niño" y por la que Rufin siente "fascinación", pues supo adaptarse a las circunstancias, crear "un arte de vivir" y una red de colaboradores para controlar al rey.

Está convencido de que su muerte, a los 28 años, fue por envenenamiento, pues sus restos recientemente analizados han arrojado trazas de mercurio anormalmente altas.

Con esta novela, Rufin pasa página de su pasión infantil por el personaje, "un viejo señor del que siempre había oído hablar" y que le había hecho soñar cuando pasaba por delante del espléndido palacio que construyó en Bourges y en el que nunca llegó a vivir.

Como poso le ha quedado una reflexión sobre su propia vida y su futuro. "Me ha ayudado a recuperar mi libertad, la creación y a ser feliz por ser libre, a pasar página. Me ha enseñado -continua- una especie de filosofía y me ha salvado de la tentación del poder y de la carrera política. En el fondo -subraya- me he fugado con él".

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