Las "listas Robinson" vuelven a intentar poner freno a la publicidad no deseada

Este sistema que lleva años utilizándose para el correo postal –con escaso éxito– llega ahora a las llamadas por teléfono fijo, móvil, los SMS y hasta se atreve con Internet

El Servicio de Listas Robinson
El Servicio de Listas Robinson

En un mundo perfecto, cada persona recibiría sólo aquella publicidad que realmente le interesa, y en caso de que el mero hecho de recibirla le molestara, podría poner freno con solo decirlo. Pero en el mundo en que vivimos, la publicidad funciona muchas veces por la milenaria técnica de &quote;matar moscas a cañonazos&quote;, como se ha demostrado a través del correo postal, el telemárketing a través de teléfono y SMS o la publicidad que llega por correo electrónico. Tan absurda es la situación, que a toda esa plaga de folletos, propaganda y llamadas inoportunas e indeseadas se las conoce popularmente como &quote;correo basura&quote;, &quote;telemárketing basura&quote; y todo tipo de apelativos similares: todo un legado del correo postal indeseado que dio origen al término al colapsar los buzones de las casas.

Las Listas Robinson se inventaron para intentar paliar este fenómeno: son una especie de cartelito de &quote;no molestar&quote; hecho público en un lugar centralizado, una lista de auto-exclusión. La teoría es la siguiente: si una persona se apunta a una Lista Robinson, las empresas que realizan envíos masivos por correo postal, mediante llamadas telefónicas o a través de SMS o Internet &quote;filtrarán&quote; su dirección para no molestarle con envíos. Idealmente, la persona no recibirá esa publicidad no deseada y el anunciante se ahorrará un envío que no iba a ser bien recibido.

En España se ha actualizado ahora el Servicio de Listas Robinson de la Federación de Comercio Electrónico y Marketing Directo que llevaba años funcionando únicamente para correo postal, con el apoyo de la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD). Ahora pretende proteger ante los envíos de &quote;publicidad dirigida a nombre de una persona y a una dirección de correo postal, a una dirección de correo electrónico o a un número de teléfono concreto.&quote; Esto incluye específicamente mensajes SMS, MMS, llamadas a teléfonos fijos y al móvil e incluso el spam o correo electrónico basura. Teóricamente las empresas más profesionales contratarán el servicio para acceder a esa base de datos y filtrar los nombres, teléfonos y direcciones de las personas que no requieren sus servicios.

Sin embargo, este sistema nunca ha llegado a ser muy efectivo. El principal problema es que las empresas deben voluntariamente contactar con el registro de la lista Robinson para acceder a los datos, cosa que naturalmente no están obligadas a hacer. Para el usuario final, de poco sirve que cinco o diez empresas se apunten, si el resto no lo hacen. Por otro lado, son normales los problemas debidos a pequeños errores a la hora de escribir los nombres y almacenarlos y compararlos en las bases de datos (como sabe cualquiera que tenga un apellido con eñe). Y finalmente, está el problema de la ubicuidad: en un mundo hiperconectado en el que cualquiera puede enviar un correo electrónico, realizar una llamada de voz-por-Internet o enviar un SMS desde cualquier lugar del globo, de poco sirve apuntarse en la lista Robinson española si se pretende dejar de recibir correo basura por Internet desde Rusia o Nigeria, por decir algo. Este problema es especialmente grave en servicios en los que el coste de envío es marginal para quien lo realiza (como en el e-mail), algo menor en otros como los SMS o llamadas de voz.

Algunos operadores de telefonía móvil tienen en sus páginas información, un poco &quote;de aquella manera&quote;, sobre cómo solicitar la baja y nunca más recibir SMS publicitarios, una de las modernas plagas del siglo XXI. Aunque sea un proceso un poco complicado, funciona el 99% de las veces. Este tipo de estrategias son realmente efectivas, así como no compartir la dirección de email excepto con conocidos, no hacer circular correos encadenados: toda idea para proteger la &quote;intimidad&quote; del móvil y el buzón de correo de la invasión publicitaria es buena.

Las personas que estén hartas de ser bombardeadas por la publicidad también y se quieran auto-excluir en las nuevas listas, pueden hacerlo exclusivamente por Internet en ListaRobinson.es. En el plazo de unos tres meses deberían poder comprobar su efectividad, aunque lo mejor es que no se hagan muchas ilusiones: los repartidores seguirán llenando su buzón de folletos, algún robot llamará a su teléfono fijo para ofrecerle cualquier seguro o producto de telefonía y ver el casillero de e-mail libre de correo basura será algo que sólo verán las futuras generaciones.

En un mundo perfecto, cada persona recibiría sólo aquella publicidad que realmente le interesa, y en caso de que el mero hecho de recibirla le molestara, podría poner freno con solo decirlo. Pero en el mundo en que vivimos, la publicidad funciona muchas veces por la milenaria técnica de &quote;matar moscas a cañonazos&quote;, como se ha demostrado a través del correo postal, el telemárketing a través de teléfono y SMS o la publicidad que llega por correo electrónico. Tan absurda es la situación, que a toda esa plaga de folletos, propaganda y llamadas inoportunas e indeseadas se las conoce popularmente como &quote;correo basura&quote;, &quote;telemárketing basura&quote; y todo tipo de apelativos similares: todo un legado del correo postal indeseado que dio origen al término al colapsar los buzones de las casas.

Las Listas Robinson se inventaron para intentar paliar este fenómeno: son una especie de cartelito de &quote;no molestar&quote; hecho público en un lugar centralizado, una lista de auto-exclusión. La teoría es la siguiente: si una persona se apunta a una Lista Robinson, las empresas que realizan envíos masivos por correo postal, mediante llamadas telefónicas o a través de SMS o Internet &quote;filtrarán&quote; su dirección para no molestarle con envíos. Idealmente, la persona no recibirá esa publicidad no deseada y el anunciante se ahorrará un envío que no iba a ser bien recibido.

En España se ha actualizado ahora el Servicio de Listas Robinson de la Federación de Comercio Electrónico y Marketing Directo que llevaba años funcionando únicamente para correo postal, con el apoyo de la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD). Ahora pretende proteger ante los envíos de &quote;publicidad dirigida a nombre de una persona y a una dirección de correo postal, a una dirección de correo electrónico o a un número de teléfono concreto.&quote; Esto incluye específicamente mensajes SMS, MMS, llamadas a teléfonos fijos y al móvil e incluso el spam o correo electrónico basura. Teóricamente las empresas más profesionales contratarán el servicio para acceder a esa base de datos y filtrar los nombres, teléfonos y direcciones de las personas que no requieren sus servicios.

Sin embargo, este sistema nunca ha llegado a ser muy efectivo. El principal problema es que las empresas deben voluntariamente contactar con el registro de la lista Robinson para acceder a los datos, cosa que naturalmente no están obligadas a hacer. Para el usuario final, de poco sirve que cinco o diez empresas se apunten, si el resto no lo hacen. Por otro lado, son normales los problemas debidos a pequeños errores a la hora de escribir los nombres y almacenarlos y compararlos en las bases de datos (como sabe cualquiera que tenga un apellido con eñe). Y finalmente, está el problema de la ubicuidad: en un mundo hiperconectado en el que cualquiera puede enviar un correo electrónico, realizar una llamada de voz-por-Internet o enviar un SMS desde cualquier lugar del globo, de poco sirve apuntarse en la lista Robinson española si se pretende dejar de recibir correo basura por Internet desde Rusia o Nigeria, por decir algo. Este problema es especialmente grave en servicios en los que el coste de envío es marginal para quien lo realiza (como en el e-mail), algo menor en otros como los SMS o llamadas de voz.

Algunos operadores de telefonía móvil tienen en sus páginas información, un poco &quote;de aquella manera&quote;, sobre cómo solicitar la baja y nunca más recibir SMS publicitarios, una de las modernas plagas del siglo XXI. Aunque sea un proceso un poco complicado, funciona el 99% de las veces. Este tipo de estrategias son realmente efectivas, así como no compartir la dirección de email excepto con conocidos, no hacer circular correos encadenados: toda idea para proteger la &quote;intimidad&quote; del móvil y el buzón de correo de la invasión publicitaria es buena.

Las personas que estén hartas de ser bombardeadas por la publicidad también y se quieran auto-excluir en las nuevas listas, pueden hacerlo exclusivamente por Internet en ListaRobinson.es. En el plazo de unos tres meses deberían poder comprobar su efectividad, aunque lo mejor es que no se hagan muchas ilusiones: los repartidores seguirán llenando su buzón de folletos, algún robot llamará a su teléfono fijo para ofrecerle cualquier seguro o producto de telefonía y ver el casillero de e-mail libre de correo basura será algo que sólo verán las futuras generaciones.

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