La Casa Azul celebra la desgracia en el disco "La polinesia meridional"

  • Javier Herrero.

Javier Herrero.

Madrid, 13 dic.- Cuatro años después de remover las fases previas del Festival de Eurovisión con "La revolución sexual", Guille Milkyway se ha cobijado de nuevo en La Casa Azul para crear un disco "escapista" en el que alivia su tendencia al catastrofismo con melodías optimistas y sin prejuicios basadas en la música disco.

"La celebración de la desgracia me resulta sanadora", confiesa en una entrevista con Efe este artista catalán, que no ve mal "cantar de forma despreocupada" sus penas y temores recurrentes, acrecentados por el contexto actual de crisis, como el miedo a morir, a que el sistema se derrumbe y se refunda en algo "desastroso" para su existencia, o, simplemente, a la incertidumbre.

Resultado de ese aparente contrasentido entre melodía y contenido característico de La Casa Azul, se acaba de publicar "La polinesia meridional", el tercer disco de estudio de esta banda imaginaria, una "fantasía moldeable" creada por Guillem Vilella (Barcelona, 1974), su único miembro no virtual.

Se trata de un álbum que apuesta a partes iguales por la evasión y por el enfrentamiento con sus temores más arraigados, una paradoja presente en el título.

"La polinesia meridional aparece en una de las canciones y además evoca el punto escapista. Las playas del sur constituyen una especie de irrealidad distorsionada, porque son playas, pero tienen nieve y hielo, y me parecía evocador", explica.

A nivel estilístico, añade, ha "forzado la falta de prejuicios que identifica a La Casa Azul", mezclando "la cosa ruidosa de grupos de la escena independiente de finales de los 80, con la música de los años sesenta y la época dorada del disco de los setenta".

En defensa de este estilo musical, desechado a menudo por su aparente frivolidad, Milkyway defiende que la crítica le parece "lícita", pero que "a cada uno le gusta lo que le gusta" y que el problema es aplicar "dogmas" o "verdades absolutas" al arte.

"La música disco llevó a la pista de baile electrónica o protoelectrónica la canción absolutamente melódica y clásica. Es algo muy distinto de lo que sucede hoy en día en los clubs, donde se vive un retorno a la música tribal", opina este compositor, que reivindica la singularidad de "bailar a muerte una canción" y no "un ritmo a secas".

Ocupado en temas personales y proyectos laborales paralelos, como ponerle música a la serie animada "Jelly Jamm", dice que este es el disco al que menos tiempo ha dedicado, aunque hayan transcurrido cuatro años desde su anterior álbum de canciones inéditas, "La revolución sexual" (2007).

El tema que dio nombre a ese trabajo le introdujo a una audiencia masiva y cerca estuvo de convertirle en el representante español en el Festival de Eurovisión, función que finalmente recayó en Rodolfo Chikilicuatre.

"Eurovisión siempre me ha encantado y, casi como una broma, me vi inmerso en aquella locura mediática inesperada. Me sentí desubicado. No sé si fue perjudicial para mi carrera, pero lo fue para mi salud emocional y física", comenta el artista, que no se ve probando suerte de nuevo en estas lides, "al menos en un tiempo largo", dice.

El primer fin de semana de marzo, con el arranque de su gira en Valencia, tendrá oportunidad de comprobar los restos de aquella atención mediática súbita, aunque él asegure que es una persona "escéptica con el éxito", que tiene asumido que lo que hace "siempre va a interesar a una minoría".

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