La exigencia de Bilbao aclara el escalafón de matadores

  • Paco Aguado.

Paco Aguado.

Bilbao (España), 26 ago.- La gran exigencia que, por la seriedad del toro, del público y de la presidencia, supone para los toreros actuar en Bilbao (norte de España) ha servido para que las Corridas Generales que finalizaron ayer aclaren las posiciones y los méritos del escalafón de matadores de esta confusa temporada de 2013.

En tan rigurosas circunstancias y ante un gran número de toros de sobrado trapío y enrazado comportamiento, tanto las figuras como los que aspiran a serlo han dejado ver su verdadero estado de forma más allá de su situación en esa engañosa tabla estadística.

Es así como, a pesar de salir a hombros el día 19 de agosto -por la puntual y extraña generosidad del siempre polémico presidente de esta plaza-, El Juli dejó ver que no pasa por su mejor momento, con un toreo tenso y muy alejado del de sus temporadas triunfales.

Esas sensaciones fueron más evidentes al día siguiente, cuando lidió una de las más decepcionantes corridas del abono, la de El Pilar de Zaragoza, en un nuevo mano a mano descafeinado con un José María Manzanares que mostró una actitud laxa y preocupante para abrir la espita de las especulaciones en los mentideros del toreo.

A mucho más nivel que ambos se han mostrado toreros como Miguel Ángel Perera, que acabó estoqueando seis toros en sus dos actuaciones y que con todos hizo alarde de su apabullante autoridad. Cortó sólo una oreja, al único astado con posibilidades de la mala corrida de Fuente Ymbro, pero fue uno de los trofeos de más peso del abono.

También una solitaria oreja paseó el torero vasco Iván Fandiño, que se mantuvo en la línea que marca su regular temporada: la de una total disposición sin mayores matices. El de Orduña hizo valer más esa firmeza ante un enrazado toro de Jandilla el jueves 22 que en el esperado mano a mano con Perera al día siguiente.

Caso aparte es el de Enrique Ponce, uno de los ídolos de la afición bilbaína y que parece vivir una segunda o hasta tercera juventud en su carrera.

Con la frescura de un principiante, pero con la inteligencia y la puesta en escena de un maestro, el veterano espada valenciano deleitó en Bilbao tanto con un dócil ejemplar de Domingo Hernández, al que cortó una oreja, como con los exigentes toros de Alcurrucén del día 21.

El hecho de que no se cortaran muchos trofeos, por la no siempre justificable rigidez presidencial, no quiere decir que no se hayan vivido en la feria bilbaína momentos muy emotivos y de un toreo de muchos quilates.

Uno de los espadas que firmó varios de los muletazos de más calidad fue el riojano Diego Urdiales, con unos naturales de mucho sabor y temple a un encastado toro de Victorino Martín en la desapacible tarde del cierre, en la que resolvió sólo con oficio el extremeño Antonio Ferrera.

Como Urdiales, también cortó una oreja la tarde anterior el menudo torero madrileño Alberto Aguilar, agigantado en valor y en claridad de ideas ante un sobrero de casi setecientos kilos que remendó una descastada corrida de Adelaida Rodríguez.

En ese apartado de los toreros no instalados en cabeza del escalafón, también brilló la facilidad de Manuel Escribano en la primera de feria, cuando también "tocaron pelo" Luis Bolívar y Rubén Pinar, a muy buen nivel ante un noble y soso encierro de La Quinta.

Con una vuelta al ruedo en su balance, gustó y emocionó también la mayor sinceridad de Alejandro Talavante ante los cambiantes toros de Domingo Hernández, mientras que la buena actitud de Jiménez Fortes le costó el único percance de consideración de la feria, con los de Alcurrucén.

También entre los toreros premiados, sembró ciertas dudas el paso del joven Juan del Álamo, sustituto en la segunda tarde de Morante de la Puebla. Dispuesto con su enrazado primero, el salmantino dejó ver sus lógicas carencias con el toro de más calidad de la completa corrida de Jandilla.

Javier Castaño, David Mora y El Cid pasaron sin pena ni gloria, más bien decepcionando, por una feria que se abrió con la maestría, minusvalorada por el palco, del rejoneador Hermoso de Mendoza.

Nueve días después de esa tarde de apertura, la Junta Administrativa de la plaza expresaba la satisfacción de haber mantenido, pese a la crisis, unos números muy aceptables en cuanto a beneficios económicos, al nivel de las dos ediciones anteriores.

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