Las chicas, con Janelle Monáe al frente, reclaman el Día de la Música

  • Madrid.- Con permiso del aciago calor casi estival y de otros artistas del cartel, la segunda jornada del VI Día de la Música Heineken -de nuevo con sus 13.000 entradas agotadas- ha sido hoy cosa de chicas, desde Janelle Monáe, Lykke Li y Russian Red hasta Glasvegas, cuya avezada batería es una mujer.

Las chicas, con Janelle Monáe al frente, reclaman el Día de la Música
Las chicas, con Janelle Monáe al frente, reclaman el Día de la Música

Madrid.- Con permiso del aciago calor casi estival y de otros artistas del cartel, la segunda jornada del VI Día de la Música Heineken -de nuevo con sus 13.000 entradas agotadas- ha sido hoy cosa de chicas, desde Janelle Monáe, Lykke Li y Russian Red hasta Glasvegas, cuya avezada batería es una mujer.

El programa, que ha arrancado en torno a las once, se ha empezado a entonar después de la comida con las Dum Dum Girls y John Grant.

Al estadounidense, que habla un castellano más que digno, hay que reconocerle además el mérito de llenar el pabellón a unas horas, las de la siesta, y con una temperatura, 33 grados, que no invitaban a salir de la piscina.

Su folk de raíz americana remite a otras latitudes agrestes, el corazón más opresivo y conservador de su país. Ha puesto el vello de punta con el tema "Queen of Denmark", que sintetiza su obra, su lucha personal contra el alcoholismo, su supervivencia frente a amores tortuosos y la aceptación de su homosexualidad.

A partir de ahí, casi toda la gloria ha tenido nombre de mujer (sálvese Ron Sexsmith). Imposible pasar inadvertido el coro femenino Scala & Kolacny Brothers, que podría batirse con los chicos del colegio McKingley en un capítulo de la serie "Glee".

A Lykke Li no le hacen falta fuegos de artificio para dar empaque a un espectáculo que se sostiene gracias a su expresividad y a su pop-rock, que tontea con la electrónica y explota en la boca como un caramelo pica-pica.

Se ha presentado tardía pero segura como un torbellino, envuelta en gasas negras que ocultaban su cara y su cabello, ahora rubio.

Apenas segundos le ha llevado desmelenarse y, con canciones como "I Follow Rivers" y "Get Some", la sueca ha hecho suyo a un público un poco asfixiado por el calor.

Recién coronada en el Festival Sónar, la estadounidense Janelle Monáe ha pisado por primera vez un escenario madrileño. Con un vestuario bañado en rombos y picas, ha puesto sobre las tablas todas las cartas negras de su baraja, en la que ella ha sido la reina.

Pese a que su aplaudido disco de debut se titula "The ArchAndroid" (el arzo-androide), hay poco de mecánico en ella y mucho de pop-soul orgánico y funk visceral. Monáe retoma el sonido de los Jackson Five, a los que por cierto ha versionado en uno de los momentos más aplaudidos, y lo sitúa en el siglo XXI.

Su éxito no puede ser casual, con la puesta en escena mejor armada del festival, que ha incluido a quince personas sobre el escenario, entre percusionistas, violinistas, trompetistas, guitarras, teclados, bailarinas y unas coristas arlequines que para sí quisiera Lady Gaga.

Y después de este vendaval que ha puesto a batir palmas a todo el público, las revoluciones han bajado considerablemente para recibir el discurso amable de Lourdes Hernández, alias Russian Red, en la "puesta de largo" en Madrid de su segundo disco "Fuerteventura".

No le ha ido mal a la madrileña, pero probablemente habría sido mejor que su folk relajado hubiese sonado antes de que azotara tanto ciclón por el Día de la Música.

Así ha llegado la noche y el momento de otra de las citas importantes de la velada, la de los escoceses Glasvegas, con su "Euphoric///Heartbreak\\" recién publicado.

Carismático y controvertido, el cantante James Allan -vestido de blanco y con gafas de sol- lo ha dado todo sobre el escenario. Por dar, hasta ha acercado al público una lata de refresco.

Allan se ha movido (o ha deambulado) por todo el escenario, ha jugado con el cable de micrófono fosforescente y, sobre todo, se ha desgarrado la garganta como exige la melancolía de Glasvegas. No puede olvidarse tampoco el mérito y el poderío en la batería de Jonna Löfgren, recién incorporada a la banda.

El concierto no ha podido empezar más fuerte, con "Geraldine", la más sonada y, después, el repertorio se ha repartido entre los temas nuevos (emocionantes "Shine like stars", "Whatever hurts you through the night" y "Euphoria, take my hand") y los viejos, como "Daddy's gone", que ha cerrado el concierto.

El programa del día lo han completado otras actuaciones estelares, como las de los españoles Pony Bravo y el canadiense Caribou, encargado de cerrar las actuaciones en el Matadero de Madrid.

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