Domingo, 19.11.2017 - 08:09 h

Los 10 mejores finales de la historia del cine

Anthony Quinn, crítico del diario 'Independent', ha seleccionado las películas que, según su criterio, tienen una conclusión excepcional. En el libro colectivo 'Curiosidades de cine', Quinn nos recuerda así clásicos como 'Con la muerte en los talones', 'Chinatown', 'Casablanca' o 'Grupo salvaje'.

"¡No me cuentes el final!". Muchos espectadores han oído esa frase cuando un amigo le da su opinión sobre una película que aún no ha visto.

Anthony Quinn, el crítico del periódico británico Independent, ha decidido hacer oídos sordos a esta llamada de atención para ofrecernos una clasificación de aquellos filmes que acaban su metraje de manera memorable en el libro colectivo Curiosidades de cine, en el que participa Quinn.

Una cuenta atrás de este ranking de 10 grandes finales se cierra con Pelham uno, dos, tres (Joseph Sargent, 1970). Este thriller, que tiene entre sus fans a Quentin Tarantino, utiliza una argucia de guion para conseguir un final sorprendente.

El protagonista, un jefe del Servicio de Tráfico de Nueva York, habla a lo largo de la película con uno de los secuestradores de un vagón de metro. Durante su conversación, el criminal da muestras de encontrarse resfriado.

En los últimos minutos del filme, cuando han muerto la mayoría de los captores, el investigador averigua que existe un superviviente del grupo cuando oye toser a un conductor de trenes que jura que ha estado todo el día en casa.

En el noveno puesto de la lista de grandes desenlaces se encuentra Con la muerte en los talones (1959), el clásico de Alfred Hitchcock. El mago del suspense sitúa a sus dos protagonistas, Cary Grant y Eva Marie Saint, a punto de caerse de una ladera del monte Rushmore.

En tan solo cuarenta y tres segundos, el mago del suspense enseña cómo uno de los malvados muere, el bueno consigue salvar a la chica, un microfilm que comprometía a Estados Unidos queda en buenas manos y la pareja protagonista coge un tren en dirección al este.

La octava posición la ocupa la inquietante Amenaza en la sombra (1973), una de las películas más recordadas de Nicolas Roeg. Donald Sutherland y Julie Christie visitan Venecia para olvidar la trágica muerte de su hija.

Allí se encontrarán con una mujer clarividente que ha recibido mensajes de peligro inminente enviados, supuestamente, por la pequeña fallecida.

La conclusión del filme nos muestra al esposo persiguiendo a una figura con una capucha roja. Al conseguir pararla, vemos a un enano de rostro maligno que le apuñala en la yugular. Sin duda, el momento es difícil de olvidar para todos aquellos que hayan visto esta desasosegante película.

El largo Viernes Santo (John MacKenzie, 1980) ocupa el séptimo lugar de la clasificación de Quinn. Los últimos segundos del filme nos muestran a un gánster inglés, secuestrado por unos miembros del IRA a la salida de un hotel.

El rostro de Bob Hoskins, el actor encargado de interpretar al personaje, es una mezcla de cólera, resignación y admiración por sus enemigos.

Sexto puesto: La vida privada de Sherlock Holmes (1970), una de las últimas películas del gran Billy Wilder. En el epílogo del filme, vemos cómo el mítico detective recibe la noticia de la ejecución de la espía alemana de la que había estado enamorado.

Holmes, entristecido, le pide a su fiel Watson que le prepare una inyección, que suponemos llena de cocaína, para poder superar el mal trago. La música de Miklós Rózsa pone banda sonora a esta patética y triste conclusión.

La conversación (1974), una de las obras maestras de Francis Ford Coppola, se hace con el quinto lugar. El final nos muestra a su protagonista (Gene Hackman), un hombre encargado de realizar escuchas, desmontando su apartamento en busca de un micrófono oculto.Exhausto, decide tocar el saxo en una imagen que muestra la gran soledad del personaje.

El tercer hombre (Carol Reed, 1949) no podía faltar en el cuarto peldaño de la clasificación. El protagonista, un escritor de segunda fila, acude al entierro de Harry Lime, un amigo que ejercía de espía.

El novelista espera poder reconciliarse con la novia de su amigo. Sin embargo, ella pasa frente a él sin dirigirle la palabra y frustrando sus propósitos de una posible relación.

En el tercer lugar del podio, encontramos los últimos momentos de Casablanca (Michael Curtiz, 1942). Rick, el dueño del club más famoso de la ciudad africana, deja marchar a su amada Ilsa con el que ahora es su marido.

Después dispara al general Strasser que pretendía detener a la pareja y, junto al cínico Renault, pasea bajo la niebla.

Es el principio de una gran amistad y una de las conclusiones más acertadas de la historia del séptimo arte.

Chinatown (Roman Polanski, 1974) se sitúa como el segundo mejor final de la historia cinematográfica. Resulta verdaderamente imborrable la imagen del detective protagonista, interpretado por Jack Nicholson, abandonando desolado el lugar donde han disparado a Evelyn, una mujer que ha sido, a la vez, su cliente y amante.

"Olvídalo todo. Es el barrio chino", le aconseja uno de sus acompañantes.

El lugar de honor de los finales más memorables del cine lo ocuparía Grupo Salvaje (Sam Peckimpah, 1969).

Los últimos instantes de este clásico del western nos muestran a los dos supervivientes de la banda de forajidos protagonista, encarnados por Robert Ryan y Edmond O'Brien, armándose de fuerzas para seguir adelante después de la muerte de sus compañeros.

Mientras se ríen ante su siguiente destino, participar en la revolución mexicana, se intercalan imágenes del resto de miembros fallecidos del peculiar grupo.

Fin.

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