Pasen y vean: los niños pobres de Camboya montan su propio Circo del Sol

  • Les rescataron de las calles y de las redes de prostitución infantil. Ahora se labran un futuro en uno de los espectáculos más famosos en Camboya: un circo al estilo del Circo del Sol en medio de la nada

El Circo del Sol de los Pobres en Camboya
El Circo del Sol de los Pobres en Camboya
José Luis Cámara Pineda
José Luis Cámara Pineda, Battambang (Camboya)

Fotogalería:El Circo del Sol de los pobres

Seang Volak era una niña cuando sus padres, granjeros sin recursos, cedieron ante la presión de los nuevos terratenientes locales y abandonaron su hogar.

"Tuvimos que dejar nuestra casa. Mis hermanos mayores se fueron a Phnom Penh [capital de Camboya] y yo me puse a trabajar como camarera", relata Volak. Durante meses mantuvo a sus progenitores y dos sobrinos con menos de 50 dólares de sueldo.

Por eso, cuando le propusieron sacarse un extra saliendo "de fiesta con extranjeros", no se lo pensó. "Podía ganar 100 dólares en una noche", asegura ingenuamente la menor a lainformacion.com, que cayó en manos de una red de trata de personas, desarticulada hace ahora un año.

La rescataron de la calle, donde había ido a parar tras ser engañada por un turista que le prometió sacarla de la indigencia. Ahora, a sus 17 años, busca un futuro con el Circo del Sol de los pobres.

De la calle a famosos artistas

No hay tigres, ni leones; tampoco elefantes, osos, ni domadores. Pero nada de eso importa cuando se encienden los focos del pequeño teatro en Battabang y el presentador anuncia en inglés que la sesión va a comenzar. "Pasen y vean. Bienvenidos al mayor espectáculo del mundo: el circo".

Bajo la carpa, una veintena de turistas esperan ansiosos para ver aquello de lo que les hablaron al llegar a Battabang, la ciudad bañada por el Tonlé Sap que late en el corazón de Camboya. En la grada, Patricia y Sara, cooperantes españolas que acaban de terminar una maratoniana jornada de templos y pagodas. "Nos han hablado muy bien de este espectáculo", afirman.

La música cesa, la luz se atenúa y cuatro jóvenes aparecen en escena dando volteretas imposibles. Son el primer número de la media docena que ha preparado la ONG Phare Ponleu Selpak –la alegría del arte- (PPS), cuya representación circense es ya uno de los atractivos más singulares del sudeste asiático.

Compromiso con la sociedad

Gracias a la asistencia técnica y económica de escuelas de circo francesas, entre ellas el Circo del Sol, el grupo de la pequeña localidad de Anch Anh inició su andadura profesional en 1998, con una treintena de artistas. Entre ellos figuraban siete niños rescatados de las redes de la prostitución y acogidos en el orfanato de la asociación. Sus espectáculos, más allá del entretenimiento, tienen una clara vocación pedagógica.

"Con las actuaciones damos información sobre el sida, las drogas, la higiene o las minas antipersona", explica Sun Srey, educador y exalumno del centro, quien asegura que la finalidad de la ONG es "ofrecer alternativas a los adolescentes, para que éstos se comprometan con la sociedad en la que viven".

Para Vichet Sanghá, clown y malabarista, el circo y sus compañeros le ayudan "a ser mejor cada día". "Aquí he aprendido a respetar a los demás; me gusta lo que hago y gano dinero para mi familia".

Dos de sus hermanos también acuden cada día al centro creado por Khuon Det, antiguo gimnasta y profesor de artes marciales, que tras la dictadura de los jemeres rojos impartía talleres de dibujo en un campo de refugiados en Tailandia. Era el año 1986.

Proyecto completo en busca del desarrollo personal

La experiencia continuó tras la vuelta de los exiliados a Camboya, bajo el impulso de aquellos siete jóvenes y del propio Khuon Det, fundador de PPS. "Tras adquirir un terreno en Anh Chanh, diversificaron las actividades y al dibujo se le fueron uniendo la música, el circo, una biblioteca y muchas otras actividades", explica Collet Dunoir, uno de los voluntarios franceses que ayudan en la alfabetización de los chicos.

"Sacamos a los niños de la calle, del círculo de violencia y conflicto con la ley en los que crecen en Anh Chanh", asevera Collet, quien insiste en que el circo es una herramienta de "desarrollo personal", "inserción" y, por supuesto, "comunicación".

Cham Khunly es uno de los casos más significativos. Hace apenas año y medio no sabía leer ni escribir, había perdido una pierna tras pisar una mina y estaba sumida en una severa depresión.

Hoy, gracias al trabajo de los trabajadores sociales y psicólogos que colaboran con la ONG, es una de las jóvenes más prometedoras del taller de videoanimación. Su puesto en el Circo del Sol de los pobres está entre bastidores. Junto a ella, otras dos adolescentes camboyanas revisan el montaje que acompaña a la representación, imágenes que evocan un pasado de sangre y devastación. También de esperanza.

Y es que, por su ubicación, el ejército regular de Phnom Penh instaló en Battambang un centro de operaciones de primer orden en 1990, para combatir a las guerrillas que trataban de infiltrarse en la zona central del país. En represalia por la presencia militar, los jemeres rojos atacaban periódicamente la ciudad, que durante años estuvo aislada.

"Con el inicio de las conversaciones de paz en 1998, el clima de inseguridad fue desapareciendo, se rehabilitó la carretera de acceso al municipio y se potenció nuestro rico patrimonio cultural", arguye Sovanny Lon, educadora y pedagoga.

En medio de la nada

En esta metamorfosis fue decisivo el papel de la Escuela de Circo, que ha rescatado del abismo a cientos de niños que ahora entrenan con esfuerzo e ilusión en disciplinas como las acrobacias, los malabares, el equilibrio, el contorsionismo o el trapecio.

"Con ganas y sacrificio, eres capaz de hacer cosas que parecen imposibles", señala Rasy Chenng, de 21 años, una de las estrellas del espectáculo que PPS prepara para el otoño, cuando el grupo iniciará una gira que recorrerá Asia y posiblemente Europa en 2013.

Ha pasado una hora y cuarto, en un suspiro. El público no ha parado de aplaudir. "No esperábamos ver algo así en medio de la nada", reconoce Lucy, una aventurera australiana de paso en Battambang. A su lado, una familia khemer, quizá de las pocas que pueden pagar los 8 euros que cuesta la sesión, que incluye una visita a las instalaciones, talleres y espacios expositivos de la ONG. Lo mejor, sin embargo, está por llegar.

Un joven sonriente y musculoso ejecuta el más difícil todavía. Un triple mortal a casi diez metros del suelo. Más aplausos. Es el colofón perfecto, el punto y final que deja a quien escribe boquiabierto, emocionado y encantado de comprobar que la magia del circo es universal. Pasen y vean.

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