Sábado, 30.05.2020 - 14:05 h
Más allá de las subvenciones

Los Oscar en los que 'Klaus' y Almodóvar dieron un 'tirón de orejas' a Hollywood

Los títulos españoles se baten el cobre con superproducciones en una ceremonia donde salen a la luz las abismales diferencias de financiación. 

Klaus
Los Oscar en los que 'Klaus' y Almodóvar dieron un 'tirón de orejas' a Hollywood / Europa Press

Parece que la fábula de 'David y Goliat' haya hecho mella en los Oscar de este año. Los dos títulos españoles, aspirantes a tres de los galardones de la gala, se juegan el tipo con los nombres más reconocidos de un Hollywood que tiene a su disposición la mayor maquinaria de promoción del sector... y una fuente de financiación que parece inagotable. "La brecha no se refleja solo al cruzar el charco, el presupuesto de la producción en España también es el más modesto de toda Europa", asegura a 'La Información' Iván Agenjo, presidente de la Asociación ProAnimats y miembro de la Junta de la Federación de Productoras Audiovisuales (PROA).

Ni siquiera sumando los presupuestos de los dos títulos españoles, se iguala el colchón de muchas de las producciones con las que rivalizan en la noche más esperada del cine americano. Pedro Almodóvar atesoró alrededor de 9,6 millones para sacar adelante a la gran vencedora de los Goya, 'Dolor y Gloria', y, de ese total, las arcas públicas le concedieron uno. Por su parte, el film de animación 'Klaus' de Sergio Pablos contó con un presupuesto de unos 40 millones, monto que refleja el 'efecto Netflix' como catalizador de la atención mediática y el capital. Agenjo apunta a esta plataforma como una de las claves del 'fenómeno Klaus': "No puedes triunfar si no saben que existes y eso Netflix lo entiende muy bien... hace unas campañas de promoción fantásticas", explica.

¿Cuánto costaron las favoritas de Hollywood?

Cuando se sale de los ejemplos españoles, y en el caso de los títulos nominados a 'Mejor Película', los presupuestos registrados fueron aún más generosos y la mayoría flotó muy por encima de los 40 millones de la cinta de Sergio Pablos (con la particularidad de que el cine de animación siempre es más caro): 'El Irlandés' (160 millones), 'Le Mans '66' (97,6 millones), 'Érase una vez en Hollywood' y '1917' (alrededor de 90 millones cada una), 'Joker' (62,5 millones) y 'Mujercitas' (40 millones). Por debajo de esta barrera que marca la cinta española solo quedaron 'Historia de un matrimonio' (18 millones), 'Jojo Rabbit' (14 millones) y 'Parásitos' (11 millones). Ninguna roza los menos de 10 millones del título de Almodóvar, ganador del premio homólogo en la última edición de los Goya.

Tanto dentro como fuera de las fronteras nacionales, el cine se financia, básicamente, gracias a dos fuentes externas. Por un lado está la inversión privada, atraída por los beneficios fiscales que conlleva el apoyo a las producciones audiovisuales y sobre la que el presidente de ProAnimats explica: "Aunque en España esta política se integró en 2015, la burocracia es tan farragosa que dificulta la llegada de las ayudas". La segunda burbuja de oxígeno la constituyen las subvenciones estatales que, según Agenjo, "no siempre acaban beneficiando de forma proporcionada a todos los géneros" del séptimo arte. 

Tanto en un caso como en otro, las cifras quedan muy por debajo de las que se registran en otros países cuyas producciones acaban por batirse con los títulos españoles, de 'igual a igual', en citas internacionales de primer nivel como los aclamados Premios Oscar. Agenjo detalla que en España esos incentivos fiscales se encuentran, según el Real Decreto-ley 6/2015, de 14 de mayo, por el que se modificó la Ley del Cine de 2007, en torno al 20% o el 25%. No ocurre igual en las regiones de las Islas Canarias, País Vasco y Navarra, que tienen sus propios baremos y donde estos beneficios acarician el 40% -"¡Pero no nos vamos a ir a producir a Canarias siendo de Barcelona!", se lamenta.  

Más allá de los Pirineos, y sin necesidad de pisar el Paseo de la Fama, el norte de Europa mira al sector privado: países como Irlanda o Reino Unido ofrecen incentivos fiscales de entre un 34% y un 40% para las compañías que apoyan la industria nacional del cine. Por su parte, Francia apuesta por un modelo distinto, que ha logrado poner al país a la cabeza de la producción europea en animación, y que apuesta por un sistema proteccionista con fuertes ayudas públicas. El modelo español no termina de germinar por ninguna de las dos vías.

¿Quién recibe las migajas del sistema de subvenciones?

A pesar de las críticas de los directores y actores españoles sobre la exigua ayuda institucional a los largometrajes, este formato está en la cúspide del sistema de subvenciones español. Si se desgrana la procedencia del capital de la última película de Alejandro Amenábar, 'Mientras dure la guerra', se observa una tendencia que alimentan la mayoría de los directores españoles a la hora de desarrollar sus proyectos. La producción de esta cinta contó con el respaldo de Movistar+, MOD producciones, Himenóptero y K&S Films. Además, recibió una inyección estatal de 1,4 millones sobre un presupuesto de 6,38 de manos del  Instituto de la Cinematografia y de las Artes Audiovisuales (ICAA), dependiente del Ministerio de Cultura. Es decir, casi un 23% de la factura de este homenaje a Unamuno lo pagó el Estado.

El valor de estas partidas (entre las que se encuentra el millón que recibió Almodóvar), ofrece una visión de la parte del gasto de las producciones que asumen las arcas públicas... pero que no sustentan de igual manera a todos los agentes del sector. En España, la financiación estatal dista mucho de la equidad y los verdaderos 'Davides' de la industria sobreviven a base de las migajas de los directores estrella. Es el ejemplo del cortometraje, un formato que no llega a imantar ni al público ni a las ayudas estatales que se limitaron a un millón a repartir entre todos sus títulos, es decir, apenas un 1% del total empleado para financiar el séptimo arte en 2018. Quizá, las grandes voces del cine deban tomar la iniciativa y repensar el modelo antes de escribir una carta recurrente a un 'Klaus' que no siempre tiene oídos para aquellos que no copan las salas.

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