Sentirse princesa en un tocador único

  • Como una princesa en un tocador único. Así se sienten las clientas de una peluquería que ha inventado un nuevo concepto de lujo y dedicación exclusiva: el salón de belleza cierra para ella y pone a su disposición una amplia selección de música, bebidas y aperitivos, además de un estilista personal.

Beatriz Rodríguez

Madrid, 30 oct.- Como una princesa en un tocador único. Así se sienten las clientas de una peluquería que ha inventado un nuevo concepto de lujo y dedicación exclusiva: el salón de belleza cierra para ella y pone a su disposición una amplia selección de música, bebidas y aperitivos, además de un estilista personal.

Esta iniciativa "nace de la ilusión de poder dedicarte al cliente al 100 %, con un concepto nuevo de peluquería distinto a todo lo convencional", explica a Efestilo Raúl Pérez Miranda, un emprendedor madrileño convencido de que el tiempo es el mejor regalo que se le puede ofrecer a alguien.

Los que pasean ante las librerías y bares de la calle Manuela Malasaña se asoman con curiosidad a la puerta acristalada de Kanna Luxury y se preguntan si la que durante décadas fue la peluquería del barrio es hoy una galería de arte o un estudio de fotografía.

Porque no solo han cambiado el dueño y el modelo de negocio; desde hace dos meses su apariencia moderna y minimalista atrae las miradas de vecinos y viandantes, que al fondo de la sala adivinan un espejo redondo de casi dos metros de diámetro. Es el único tocador y refleja el esplendor de la clienta cuidada y tratada con mimo.

Son las once de la mañana y Fani llega puntual a su cita. Quiere estar radiante esta noche en una fiesta y se pone en manos de Raúl para lucir un recogido informal; pero además se quiere regalar un momento de placer y de relax, por eso ha elegido este salón.

"Las clientas nos sentimos como princesas realmente, encontramos lo que buscamos, a una persona con estilo que nos entienda desde que entramos por la puerta y que nos mime, y la verdad es que esto engancha", confiesa.

La razón de su entusiasmo es clara: "Es tu momento, un rato agradable y maravilloso, porque a todas las mujeres nos encanta sentirnos guapas y mimadas. Y es de lo mejor", asegura.

Se pone cómoda en el único lavabo, ubicado al final de la sala en un rincón semicircular que bien podría tratarse de un altar, donde comienza el ritual del lavado, que, en este salón, se parece más bien a una sesión de masaje relajante, con velas en las estanterías y con los acordes de la música elegida por ella y el agua del grifo como únicos sonidos. Ahora nadie habla, solo se disfruta.

Fani ha perdido la noción del tiempo después del último aclarado y del masaje, y toma asiento en el gran sillón del tocador con semblante relajado y, ensimismada en su mundo de relax, espera a Raúl, que aparece tras una cortina bandeja en mano. Trae té con leche y pastas, su desayuno preferido, que coloca en una mesita aledaña antes de desenredarle el pelo.

Es otro detalle más de la filosofía de este estilista: "¿Por qué no dedicarle toda tu atención, todo tu cariño, todo tu empeño y experiencia a la persona que está sentada? ¿Y por qué no cerrarle la puerta, si es su momento y vamos a hacer que nadie lo interrumpa?", se pregunta Raúl. "Yo estaba dispuesto a ser el pionero de este sistema, para poder mimar a la persona", afirma rotundo.

"En un momento en el que todo el mundo habla de crisis y de momentos difíciles" no solo se ha embarcado en esta nueva experiencia, sino que ha ofrecido a sus clientes, precisamente en ese contexto, la oportunidad de "reforzar ese instante de felicidad y de bienestar, y esas sensaciones que el cliente necesita para poder sentirse a gusto", cuenta.

Porque en otros salones la experiencia de un corte de pelo, unas mechas o un peinado no llevan tanto tiempo. "Ni se lo puedes dedicar ni la gente te lo agradece", asegura. Pero aquí todo es distinto, "es un ten con ten: el cliente y tú".

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