Sol León, coreógrafa del Nederlands, vendría "encantada" a encargarse del CND

  • Madrid.- La cordobesa Sol León es feliz y se siente una privilegiada formando parte de la masa crítica del Nederlands Dans Theater (NDT), pero vendría "encantada" a España a encargarse de la parte creativa, "y sólo de esa", en la Compañía Nacional de Danza (CND), que su ex compañero Nacho Duato dejará este verano.

Madrid.- La cordobesa Sol León es feliz y se siente una privilegiada formando parte de la masa crítica del Nederlands Dans Theater (NDT), pero vendría "encantada" a España a encargarse de la parte creativa, "y sólo de esa", en la Compañía Nacional de Danza (CND), que su ex compañero Nacho Duato dejará este verano.

La formación holandesa está representando en el Teatro Real su programa de "jubileo", es decir, con el que recorren el mundo para celebrar sus 50 años de existencia como una de las más prestigiosas compañías de danza contemporánea, gracias en buena parte al trabajo en ella de Jiri Kyliàn entre 1975 y 2004, cuando éste decidió abandonarla por "cansancio".

León, una de las cinco coreógrafas residentes del NDT, firma junto a su inseparable Paul Lightfoot, no sólo su alter ego creativo sino también el padre de su hija, "Subject change", la única de las tres piezas del repertorio que el público del Real puede ver hasta este sábado que no es de Kyliàn.

Aunque "Subject change", un mágico relato con música de Schubert sobre la muerte de las personas queridas, la hace sentirse "feliz y orgullosa" como artista, le hubiera gustado, según confiesa en una entrevista con Efe, que sus compatriotas vieran en su lugar, "o también", "Shoot the moon", de la que se siente especialmente satisfecha.

Esta cordobesa que a los 5 años fue "trasplantada" a Gijón, decidió ser bailarina "muy tarde", ya siendo una adolescente, pero tuvo la suerte de que un día, "haciendo una clase" con Víctor Ullate en un viaje a Madrid, una profesora casada con un fotógrafo del NDT le dijera lo que ya le habían sugerido en Italia: que ella era una bailarina perfecta para la compañía de la ciudad de La Haya.

A la semana siguiente ya era parte del Nederlands -"algo increíble, algo del destino"- y, aunque ella no tenía ni idea de lo que era ese "laboratorio" de la danza contemporánea, ahí continúa 23 años después, si bien hace ya seis que decidió colgar las zapatillas, precisamente en el Liceo de Barcelona, porque, dice, "estaba agotada, bailando cuatro ballets cada noche".

En las salas del NDT se topó con su amigo Duato -que se incorporaría a la CND como su director en 1990- y con Lightfoot, con el que empezó a crear "desde el primer segundo", porque Kyliàn, subraya, siempre ha querido que sus bailarines explotaran todas sus posibilidades artísticas.

"Fue increíble encontrar a Paul, un alma con la misma pasión, la misma luz creadora. Llegaba al NDT un poquitín traumatizada con que en mi país no pudiera crear y allí encontré el paraíso", dice, a pesar de que en aquel tiempo no tenía "ni idea de inglés".

Ahora, cuando su castellano está aderezado con los acentos más variopintos -"en el NDT hablamos seis lenguas corporales"- y ha bailado "infinitamente", está segura de haber tenido una suerte "excepcional", la de haber estado "en el sitio oportuno en el momento justo".

Cuando Kyliàn (1947) dejó la dirección del NDT y se quedó solo de coreógrafo, a Lightfoot y a ella les hicieron, junto a otros tres artistas, coreógrafos residentes, aunque desde 1987 haya habido siempre una de sus composiciones en el repertorio de la compañía.

En todo ese tiempo nunca ha tenido que hacer algo -"y ese es uno de los privilegios de no tener el poder, de no dirigir"- que no quisiera, nada en lo que no creyera.

Por eso, subraya, "ni de broma" se encargaría de la dirección de un ballet, pero "vendría encantada" a España a ocuparse de la parte coreográfica, "y exclusivamente de esa", en la CND, siempre y cuando hubiera "química" con sus gestores.

Concha Barrigós

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