Miércoles, 12.12.2018 - 00:16 h

Rubén Ochandiano se lanza a dirigir teatro y cine tras aprender con los grandes

Pocos actores pueden presumir de haber trabajado con Almodóvar, Soderbergh, Iñárritu, Armendáriz, Campanella… Tras aprender de ellos, ahora es él quien se lanza a la dirección. Ha presentado un corto, tiene una película a la vista y estos días representa en el teatro Lara 'La gaviota', de Chéjov, con un reparto de campanillas: Toni Acosta, Javier Albalá, Nausicaa Bonnin y Javier Pereira.

Rubén Ochandiano dirige 'La gaviota' en el Lara

Rubén Ochandiano es uno de los rostros más populares del cine español. A sus 30 años puede presumir de haber trabajado con directores como Pedro Almodóvar, Montxo Armendáriz, Juan José Campanella, Alejandro González de Iñárritu, Daniel Calparsoro… Su currículum es envidiable. Empapado por todo eso que ha aprendido al lado de los grandes, se lanza a la aventura de la dirección. Su corto El paraído está funcionando muy bien en los festivales. Tiene entre manos un proyecto para dirigir una película. Y, mientras eso llega, dirige a un grupo de compañeros encabezado por Toni Acosta en el Teatro Lara (Madrid). Allí, los días 1 y 8 de junio, representarán La gaviota, de Chéjov.

¿Por qué elegiste representar un texto como La gaviota?

La Gaviota me eligió a mí. Desde que lo leí de adolescente. Es de esos textos que se te quedan, que algo te resuena dentro y sientes que te estás leyendo a ti de alguna manera. He tenido que leerla muchas veces para no ver solo las zonas que me afectaban más a mí. La he visto representada muchas veces y supongo que todas me han enseñado a amarla más, pero sentía que iba creciendo el deseo de hacer mi propia versión. Después de un par de años buscando financiación y viendo que había muchos teatros interesados en programarla pero que no encontrábamos producción, decididos encarar el proyecto a modo de guerrilla. Cuando conseguimos el dinero para hacer frente a unos gastos mínimos de vestuario, escenografía, cartelería… asumimos el proyecto a modo de cooperativa, sin que nadie cobrara por los ensayos.

La obra transcurre a finales del siglo XIX, pero te la has traído más al presente introduciendo tecnología de hoy, ¿era necesario actualizarla?

No siento que esté actualizada. Siento que la versión está revisada, peinada, que todos los conflictos estaban más enfocados a la acción, pero en cuanto al lugar y al momento no transcurren hoy. De hecho, es un espacio mágico. Puede ser un teatro, un jardín. Hay elementos actuales como un iPod o un teléfono móvil, pero la intención era jugar a un juego metateatral, un grupo de actores ensayando La gaviota. No me apetecía que la cosa tuviera un olor moderno, actual, sino mantener la esencia chejoviana. Y creo que eso lo hemos conseguido.

Con tantas veces como la has leído y visto representada, ¿qué hay tuyo en esta versión?

Me falta perspectiva para poder decirlo. La gente que lo ve dice: "Es muy tuya, se te ve mucho". Lo primero que me viene es que el Treplev que hemos construido entre Javier Pereira y yo tiene mucho de mí. Para empezar, mi ropa. Creo que en todos los proyectos que encaras hay cosas tuyas, pero estoy tan empapado de él que me falta perspectiva para decirte con nitidez cuanto hay mío. Mucho, seguro.

Los personajes de La gaviota hablan de lo que significa el teatro, el arte… ¿Qué es el teatro para ti?

En la obra todos hablan de esto sin parar. Yo estoy de acuerdo con Constantine, el personaje de Treplev, cuando dice: "El teatro es arte sagrado. A mí el teatro actual no me interesa". A mí me pasa un poco lo mismo. Vivimos en dos extremos peligrosos y se tiende ha hacer teatro de tresillo o lo que se conoce como teatro alternativo, que es muy conceptual o casi performance. Creo que hay una zona bastante amplia por cubrir y que hay que revisar los clásicos, poner en marcha textos como La gaviota, Shakespeare, Lorca… Atreverse a darles una vuelta y a hacerlas un poco más contemporáneas. Tuve la oportunidad de ver muchas en París, Buenos Aires, Nueva York y creo que aquí hace falta mover el suelo un poco, darle una sacudida, porque está todo un poco aburguesado.

Para mí el teatro o el cine son mis vías de expresión y siento que tengo un matrimonio con ellas. Es lo que me nutre, lo que me salva, lo que me hace feliz, lo que me empuja a levantarme con ganas todos los días… es vocación.

¿Qué es lo que te tienta de la dirección?

Contar las historias que me remueven las tripas. Me seduce mucho que un director cuente conmigo para contar su sueño y que me haga formar parte de su maquinaria. Eso me encanta y no quiero renunciar a ello. Pero el hecho de implicar yo a gente para que cuente mi sueño y ser yo el pincel que pinta el cuadro, es muy tentador. Creo que para todos los que nos dedicamos a esto. Me gustaría poder seguir avanzando por este camino, porque ha sido una de las experiencias más placenteras de mi vida.

¿Resulta más fácil dirigir cuando también se es actor?

Pues no lo sé, porque solo he sido director siendo actor. Supongo que después de tantos años trabajando como actor, si eres inquieto y observador, hay muchas cosas que se aprenden en cuanto a puesta en escena. Supongo que también se aprende como espectador. Como actor, habiendo tenido que resolver tus propios personajes durante tanto tiempo, imagino que te haces con herramientas para poder ayudar a los actores cuando diriges. Yo estoy especialmente satisfecho de esta forma de trabajo.

Almodóvar, Soderbergh, Iñárritu, Armendáriz, Campanella… has trabajado con grandes nombres de la dirección cinematográfica, ¿qué has aprendido de ellos?

Es complicado ponerle un nombre a lo que cada director te enseña. Me parece que cada proyecto es un entrenador personal de uno mismo. Con cada uno, uno se pone a prueba. A veces me comparo con el deportista, que con cada entrenamiento, cada partido aprende. Te das cuenta de cómo responde tu cuerpo, tu capacidad… No sabría decir pues con Pedro tal, con Alejandro tal…

Pero de todos ellos, ¿hay alguno que te haya marcado especialmente?

Trabajar con Pedro Almodóvar y con Alejandro González de Iñárritu te marca sí o sí. No sé si hubiera podido levantar La gaviota, conseguir el dinero y liar a los actores. Trabajar en películas como estas te pone en un lugar. Creo que esta profesión es una carrera de fondo y estos proyectos te hacen subir peldaños. Además, trabajar con ellos (sobre todo con Pedro porque el personaje era más largo), encarar su manera de trabajar, ser cómplice de ella, formar parte de esa maquinaria… me gustó muchísimo. Me encantaría repetir. Pero es que ha habido varios, Alejandro, también, Armendáriz, Corbacho… muchos. Estoy muy agradecido. Siento mucha gratitud porque me doy cuenta de que he trabajado con gente muy interesante.

¿Además de con Pedro Almodóvar con quién te gustaría repetir?

Con el 95%. Me encantaría repetir con Pedro, con Icíar, con Corbacho, con Montxo, con Calparsoro, con Campanella, Jordi Mollá… con casi todos.

Son muchos con los que has trabajado, pero si pudieras elegir a uno con el que aún no has rodado, ¿quién sería?

Un millón, desde Mar Coll, que tengo una foto suya puesta en mi casa porque su película me dio la vuelta. He tenido oportunidad de mandarle un mail, declararle mi amor laboral y me encantaría trabajar con ella. Estoy volviendo a tomar clases de catalán para poder trabajar con ella. En España se me ocurre ella, pero hay muchos más. Fuera, me encantaría con Christophe Honoré. Por supuesto con Haneke, con Lars von Trier a pesar de la cagada esta en Cannes, con Woody Allen, con Tarantino, con Kusturica…. Me interesa mucho el cine francés y me encantaría tener la oportunidad de trabajar allí.

Por tu experiencia, ¿qué crees que hay que tener para ser un buen director?

Es muy personal, depende del producto que te interese. Para mí tiene que tener muchas cosas, pero lo primordial es que le gusten los actores y que sepa manejarlos. Es mi punto de vista porque primero soy actor. Además tiene que tener la capacidad de contar la historia, de conectar con el público, buen gusto. Me parece que la puesta en escena es imprescindible. La cosa más bonita que me han dicho en toda mi vida, es que los actores de La Gaviota me dicen que soy su Guardiola y eso me hace mucha ilusión. Es verdad que hemos conseguido una cosa muy potente, brutal. Cuando estoy como actor y trabajo con un director que lo consigue lo agradezco mucho.

Tenéis funciones el 1 y el 8 de junio, ¿qué pasa después con La gaviota?

Ahora estamos con estas funciones previas, que hacemos cinco, con todo vendido, afortunadamente. Después arrancamos en septiembre, en el mismo espacio, en el hall del Lara, como off oficial. Cada fin de semana de septiembre.

Has dirigido un corto, El paraíso, que está funcionando muy bien en festivales y ahora La gaviota en el teatro, ¿cómo va el largo que tienes entre mano?

Está presentado. Es una versión de La gaviota pero para rodaje en cine. Estamos cerrando la financiación. Puede pasar cualquier cosa. La idea original es rodar en primavera de 2012. Ojalá podamos. Hay un porcentaje de actores que están en La Gaviota en el Lara. Primero fue la película, después la función. Entonces he intentando contar en la función con la mayoría de los actores posibles que van a estar en la película. Están Toni Acosta, Nausicaa Bonnín, Javier Pereira… y luego hay otros.

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