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El asesino de la catana 17 años después: "Pensarán que sigo siendo un monstruo"

Libre, casado y con una hija, José Rabadán asegura que el recuerdo de asesinar a su padre, madre y hermana "no morirá" mientras siga viviendo.

Fotografía del asesino de la catana.
El asesino de la catana. / DMAX.

DMAX emitió anoche la segunda parte de ‘Yo fui un asesino: el crimen de la catana’. José Rabadán siguió relatando el triple asesinato que cometió hace 17 años cuando quitó la vida a su padre, su madre y su hermana con síndrome de Down una noche en la que no quiso dormir para esperar el momento exacto y cometer el triple asesinato de la catana que conmocionó al país.

La nueva entrega acaba con José Rabadán libre frente al balcón de la casa en Murcia donde vivía con su familia. “A cualquier persona que haya cometido un error, el hecho de estar martirizándose con ello no le va a reportar nada positivo”, asegura.

Su hermanastra por parte de padre, a la que dejó toda la herencia, le ha perdonado y es feliz cuando va a verla junto a su nueva familia. Tania, su mujer, cuenta que es cariñoso y respetuoso y está muy pendiente de su hija.

“Soy consciente de que mucha gente va a seguir viéndome como un monstruo, lo hago por esa gente que sí que va a ver que ha habido un cambio en mí. Mi intención es aportar un granito de arena hacia la restauración, parte de la reinserción trata de eso, mostrar que hay esperanza", asegura un hombre que se considera rehabilitado en la sociedad.

Rabadán tiene claro que “el acto atroz que cometí está ahí y siempre va a estar”. Se lo recuerdan todos los días las tres cruces tatuadas en su pecho. “El recuerdo no muere, estará conmigo mientras que yo viva”.

La terrible noche
Y en esta nueva entrega Rabadán recuerda lo que sucedió aquella noche que se metió en la cama con una catana debajo de la almohada. El primero al que quitó la vida fue a su padre. “El brazo cayó solo”, insiste. Le asestó 12 golpes en la cabeza. A continuación vio cómo su madre, que dormía con su hermana, se asomó a la puerta y salió corriendo.

Rabadán fue detrás y acabó con su vida. El cuerpo de la madre era el único que presentaba heridas que mostraban que había intentado defenderse. No recuerda cómo asesinó a su hermana, a la que mató con un machete, tal y como había soñado la pequeña esa misma semana. La catana se había partido.

Cogió un móvil y dinero y salió corriendo para llamar a la policía. "La primera vez no me creyeron, la segunda sí”. Empezó a hacer autostop y paró a una policía local de Elche. Al subirse al coche sólo le preocupaba que la camiseta de sangre que no se había quitado empezara a oler. Así llegó a la estación de tren de Alicante. Quería viajar a Barcelona para irse con la joven que chateaba a empezar una nueva vida. Precisamente Sonia fue la que alertó a la policía de su paradero.

Primer día de cárcel
“La primera vez que entré en la cárcel se me quedó clavado el golpe del pestillo. Cuando se abrieron las puertas escuché insultos, amenazadas y toda clase de improperios”. Entró con 16 años y pensó en suicidarse. Y ahí es donde pidió ayuda a Dios y “mi vida cambió de repente”.

Dos jóvenes mataron para imitarle
Muchos días recibía cartas de chicas de 16 años “que sentían admiración hacia mí”. Y una de ellas fue la que mató a otra compañera en Cádiz.
“Recibí una carta y al empezar a leerla automáticamente vi que no eran como el resto de cartas que me escribían sino que había una búsqueda de hacer daño”. Relata que intentó escribir para impedirlo, pero ya era tarde.

Psicópata narcisista
Pero ¿qué le pasó por la cabeza a José Rabadán para hacer algo tan salvaje? “Nos pareció un psicópata narcisista y sádico que quería desembarazarse de su padre”, aseguran los psicólogos que le vieron. Los abogados de su defensa aseguraron que tenía una anomalía en el lóbulo del cerebro “un fallo neurológico con una epilepsia que junto a la falta de sueño provocó una inestabilidad que le llevó a evadirse de la realidad”. Tal diagnóstico fue muy duramente criticado, pero aceptado en el juicio.

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