El truco del encendido del pebetero: la televisión al servicio de Barcelona'92

El truco del encendido del pebetero de Barcelona`92: la televisión al servicio de las olimpiadas y de una ciudad

Barcelona' 92 fue más allá de la competición deportiva que se presupone de unas olimpiadas e incorporó un nuevo lenguaje a las ceremonias de apertura y clausura de los Juegos Olímpicos, haciendo más interesantes este tipo de acontecimientos a través de las narrativas del espectáculo televisivo.

El equipo responsable de estas galas, encabezado por dos creativos publicitarios, Luis Bassat y Pepo Sol, entendió que ya no era tiempo de los tradicionales faustos que mostraban un mundo idealizado y ostentoso. 

Barcelona'92 acercó la realidad del mediterráneo: con lo bueno, lo regular… y lo salvaje. En el Estadio Olímpico de Montjuic hubo soles, mares, caos, cuerpos… se representó la guerra, el dolor, el sida e, incluso, apareció Hércules. Se había terminado con la gala de desfiles casi militarizados.

Barcelona inauguró la ceremonia comprometida, teatralizada y con instantes para la reflexión. La Fura dels Baus puso su apabullante imaginación para convertir el show en una experiencia real. Y el otro gran acierto es que se creó, por primera vez, un espectáculo pensado para la televisión.

En la historia de los Juegos Olímpicos, en cambio, la televisión era una especie de agente externo, que iba con sus cámaras e inmortalizaba el momento de forma testimonial, desde fuera.

A partir de Barcelona’92, la tele se convirtió en arte y parte del evento. Y Televisión Española y TV3, la cadena autonómica catalana, lograron que la realización visual envolviera e impulsara lo que estaba sucediendo en el Estadio Olímpico. La televisión fue crucial para que el espectador no se perdiera nada, entendiera todo y sintiera la experiencia de la forma lo más armoniosa posible.

Y, mucho antes de las redes sociales, las ceremonias de apertura y clausura de Barcelona'92 también retrataron un público partícipe, que desde su asiento tenía tareas encomendadas con pequeñas luces. Cualquiera que estaba en el Estadio de Montjuic tenía su cometido. Hoy es una característica habitual en este tipo de eventos, pero entonces una grada viva y con diálogo era un atrevimiento con cierto riesgo.

Aunque, sobre todo, fue la ceremonia de apertura, de la que ahora se cumplen 25 años, la que supuso un antes y un después en las “galas” olímpicas. Barcelona'92 apostó por un guion que no se quedaba meramente en lo institucional y construía un arco emocional casi de ficción de prime time.

El truco del encendido del pebetero fue la idea redonda, perfecta como punto álgido de ese guión, amplificando la tensión por el momento más esperado de la ceremonia.

Con su flecha, Antonio Rebollo lanzó el fuego olímpico a la diana del pebetero. Acertó, sí. No podía fallar, pues todo era un truco pensado para la televisión, ya que había un mecanismo que activaba el pebetero sí o sí.  La llama solamente pasaba por encima del pebetero con ayuda de la astucia de Reyes Abades, el maestro de los efectos especiales del cine español, que había diseñado una flecha peculiar para que no se apagara la mecha en el vuelo. 

Una original puesta en escena, tan espectacular como tensa, que tampoco olvidó la importancia de incorporar una banda sonora de película épica, compuesta por Angelo Badalamenti (Twin Peaks). El tema sonoro aumentaba la emoción del instante crucial, junto con la calculada coreografía de cámaras de la emisión televisiva.

De hecho, el tiro de cámara final del lanzamiento de la flecha ardiendo recalcaba en el subconsciente del espectador la intensidad del momento, con el apoteósico acercamiento del zoom al mismo tiempo que la llama se acercaba al pebetero.

Pero, también, ese mismo zoom estaba calculado desde la posición exacta para que no se viera que la flecha, en verdad, pasaba de largo del pebetero. Sólo volaba por encima y, después, caía por detrás. Una artimaña teatral más complicada de plasmar hoy, ya que los espectadores realizan sus propias grabaciones con sus dispositivos móviles y, como consecuencia, desvelarían el efecto especial desde otros ángulos.

Fue el resultado del boom creativo de un país que intentó sorprender al mundo, integrando los engranajes de la narrativa del espectáculo televisivo a las ceremonias olímpicas.  El acierto de Barcelona 92 estuvo en que pensaron las ceremonias desde un prisma más televisivo que nunca. También en el instante crucial del encendido olímpico.  No faltó detalle. Con heroica música de fondo incluida. Como en el cine clásico. Los Juegos Olímpicos de Barcelona miraban al mundo más allá del deporte. Barcelona decía literalmente "¡Hola!" a la millonaria audiencia, convirtiendo la ceremonia de apertura en el spot perfecto. Ese anuncio que no necesita vender nada porque presenta una historia cargada de emoción, adrenalina y participación.  

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