Viernes, 06.12.2019 - 10:03 h

Una sucesión de triunfos menores

El balance final de la valenciana Feria de Julio que finalizó ayer, publicitada como un pretendido palenque de rivalidad entre primeras figuras, arrojó en cambio un grisaceo saldo de triunfos menores.

Paco Aguado

Valencia, 29 jul.- El balance final de la valenciana Feria de Julio que finalizó ayer, publicitada como un pretendido palenque de rivalidad entre primeras figuras, arrojó en cambio un grisaceo saldo de triunfos menores.

La falta de raza de la mayoría de los toros lidiados -algunos incluso con un escaso trapío- y la actitud conservadora de la mayoría de los espadas anunciados -especialmente de las figuras que deberían haber rivalizado- marcaron un tono anodino que no logró tapar ni la benevolencia del público a la hora de pedir las orejas.

Aunque varios toreros se ganaron el derecho de abrir la puerta grande, con el aval de dos orejas cortadas, ninguno lo logró hacer de un mismo toro. Y, conscientes del escaso peso de los trofeos, incluso dos de ellos, Juan José Padilla y El Juli, renunciaron a hacerlo y prefirieron salir a pie del coso de la calle de Játiva.

Padilla obtuvo sendos trofeos por sus animosos trasteos a los descastados toros de Las Ramblas, en una corrida en la que también logró pasear el anillo el vasco Iván Fandiño, que hizo el toreo más consistente de la tarde, mientras Finito de Córdoba pasó sin opciones.

Al día siguiente, 25 de julio, se lidió la mejor corrida del abono, un encierro de Núñez del Cuvillo con tres primeros toros con bravura y calidad en las embestidas que fueron poco aprovechados por un destajista Fandi y un ventajista Daniel Luque.

Fue Sebastián Castella quien abrió ese día la puerta grande por primera vez en la feria, después de hacer un esfuerzo de valor con el quinto toro, con el que ameritó más la salida triunfal que con su otro trasteo al buen ejemplar de Cuvillo de su lote.

De entonces en adelante llegaron los "duelos", esos manos a mano que basaron el abono y en los que se suponía que la competencia entre figuras daría repercusión y peso a una feria que hace tiempo que anda en busca de sus glorias de antaño.

Pero no hubo rivalidad posible ante la falta de casta y de trapío de la corrida de Domingo Hernández que escogieron El Juli y Jose María Manzanares, que además andan lejos de encontrarse en su mejor momento.

El Juli paseó dos orejas también de escaso valor por dos trasteos esforzados y tensos a sendos mansos, mientras que Manzanares obtuvo una del mejor toro de la corrida. Ese solitario premio sobrevaloró una actuación sin poso ni reposo en la que el alicantino mostró bastantes debilidades anímicas y taurinas.

Tampoco fue rotundo el triunfo de Alejandro Talavante en el mano a mano del día siguiente, pues su poco ambiciosa faena a un bravo ejemplar de Victoriano del Río dejó en evidencia una salida a hombros sin mucho eco.

Fue su alterante Morante de la Puebla quien, con un lote descastadísimo de Juan Pedro Domecq, dejó en ese cierre de las corridas de a pie las gotas de más sabrosa torería de todo el ciclo, premiadas también con un trofeo.

Las labores más compactas de la feria se localizaron al principio y al final, pues el martes 23 el novillero Román le hizo a un novillo de Daniel Ruiz una buena faena que la presidencia, lejos de la manga ancha de otras tardes, solo quiso valorar en una oreja que supo a poco. Esa misma tarde dejaron dudas Martín Escudero y el mexicano Armillita, que debutó con picadores entre una gran expectación del mundo del toro.

Y para finalizar, la faena más redonda llegó en la de rejones con Diego Ventura ante un toro de Bohórquez al que hubiera cortado las dos orejas de manera indiscutible no haber fallado con el rejón de muerte.

Las dos que paseó el sevillano de sus anteriores toros en su mano a mano con Andy Cartagena fueron las que le valieron para abrir también la puerta grande.

Terminó así la feria con una preocupante sensación entre los aficionados, dado el bajo nivel mostrado por los toreros de la parte alta del escalafón y la escasez de bravura de las corridas lidiadas.

La pobre respuesta ofrecida como espectáculo, sobre todo al público que, no si esfuerzos, casi llenó la plaza en las corridas estelares del abono, no es desde luego la mejor manera de promocionar la fiesta de los toros ni de revitalizar una feria que necesita de mejores planteamientos para reinventarse.

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