A por el consumidor japonés de atún rojo

  • El paso atrás para la prohibición del comercio internacional de atún rojo empuja a llevar la presión al consumo.
Sara Acosta

Esta semana habrá terminado con un paso atrás para el atún rojo. La cumbre mundial que debía aprobar la prohibición de la comercialización de esta especie fracasó en Doha (Qatar), de la mano de Libia, con susurros de boicot por parte de Japón a este país.

Tras muchos vaivenes de Europa, que no logró formar una posición común sobre la comercialización de atún rojo hasta el último momento, el tímido impulso del Viejo Continente no ha logrado imponerse a favor de esta especie, como mínimo en peligro de colapso comercial por el éxito del sushi.

Por su parte, mientras Japón siempre se ha puesto del lado de los organismos pesqueros, cumpliendo las cuotas de pesca asignadas, sigue siendo el principal consumidor de atún rojo, por mucho. El 80% de las ventas mundiales llegan a los restaurantes y hogares japoneses.

Y mientras en Europa se ha llegado a la reunión de Doha con una opinión pública concienciada sobre el peligro que pesa sobre esta especie, en Japón, el consumidor sigue sin saber el origen del pescado crudo que se lleva a la boca, y tampoco cree que sea importante. En Europa y en Estados Unidos, cada vez más restaurantes y supermercados se suman al boicot al consumo de atún rojo. En Japón, esta palabra no se puede si quiera mencionar.

Atún rojo equivale a dieta cotidiana, pensar en una posible desaparición de este alimento es como si a un español medio le dijeran que nunca más comería arroz. Por eso, porque el impacto del consumidor japonés es vital par dar aire a esta especie en dificultad, las organizaciones ecologistas se han planteado un nuevo objetivo: ganarse a la población japonesa para la causa de dar conciencia al consumo.

“Las preguntas que se hace el consumidor japonés se orientan hacia si el precio subirá y si podrán seguir comiendo sushi, no si la especie está en peligro”, explica Susana Sanz, miembro de WWF España, una de las organizaciones ecologistas que más ha hecho por dar salida al debate sobre el comercio del atún rojo.

Sanz vivió ocho años en Japón, y allí viaja varias veces al año para asesorar a la oficina que este organismo tiene en Tokio. Conoce bien las costumbres culinarias japonesas y la mentalidad de este país. “La cuestión sobre el papel que está desarrollando Japón en el consumo ingente de atún rojo ni se plantea”, explica.

En Japón no hay conciencia medioambiental como en Europa. Mientras la cadena de hoteles Relais et Chateaux, una de las más potentes en el mundo, se ha sumado al boicot, los restaurantes y hoteles miembros de la cadena en Japón han hecho como si esta no existiera. Por ello, la campaña de concienciación que esta organización está llevando a cabo en aquel país ni menciona la palabra “boicot”.

Pero ahora las cosas están cambiando. Se despierta poco a poco el interés por saber qué se come y de dónde procede. La  Convención sobre el comercio internacional de especies amenazadas de fauna y flora silvestres (Cites), que ahora acaba de mandar a paseo la prohibición del comercio internacional de atún rojo, es muy conocida en Japón, pero por la ballena, que Japón sigue cazando, dice por motivos científicos, aunque es sabido que estos ejemplares se consumen.

La última cita de Doha ha sido sorprendente para los observadores. Se ha seguido más y la población parece favorable a establecer medidas más restrictivas sobre este comercio. Un factor esperanzador. “Si concienciamos al consumidor japonés, podremos obtener una diferencia significativa en el futuro de la especie”, añade Susana Sanz.

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