Martes, 10.12.2019 - 09:57 h
A la espera del jurado

Las confesiones de Ana Julia que la ponen frente a la prisión permanente revisable

Su defensa ha modificado su escrito pasando a pedir una pena de 15 años frente a los tres que solicitaba. Así han sido los siete días de juicio.

Ana Julia Quezada en su último día de juicio
Ana Julia Quezada en su último día de juicio / EFE

Se acaba el juicio por la muerte del pequeño Gabriel. En intervenciones de aproximadamente una hora, cada una de las partes personadas han defendido ante el jurado popular que juzga a Ana Julia Quezada los argumentos y pruebas por los que debe ser condenada. Tres posibles muertes. Para la fiscalía, alevosa. No pudo defenderse. Pero no ve ensañamiento, algo que sí plantea la acusación particular con un informe que mantiene que provocó más dolor del imprescindible para matarle. Por último se ha escuchado la versión de la muerte del pequeño que ha mantenido la defensa, unos abogados de oficio que empezaron hablando de un homicidio imprudente para acabar exponiendo un homicidio doloso, aumentado su petición de pena de tres a quince años. Quizá supo en algún momento que podía acabar con su vida. Ahora es el turno del jurado, que puede decantarse por la máxima pena que contempla el ordenamiento penal.

A lo largo de siete sesiones son muchos los testigos que han ido desmontando poco a poco su versión de lo sucedido aquel 27 de febrero de 2018 con argumentos casi demoledores: la autopsia, las grabaciones de la guardia civil, la declaración de la hija, el testimonio del tío de Gabriel... Las pruebas son las pruebas y todos los indicios parecen apuntar a que puede convertirse en la primera mujer condenada a la prisión permanente revisable. Esa es la condena que solicita la fiscal Elena Fernández  por su "falta de piedad", mientras que Francisco Torres, letrado de la acusación particular,  va más allá y asegura que se trata de una "sociópata" que "no tiene el mismo derecho a respirar el mismo aire que que nosotros" y que "va a matar  a más niños".

Estas han sido las palabras más duras que ha tenido que escuchar una Ana Julia que sorprendió a todos con su nueva imagen el primer día y que se ha enfrentado a su último sesión sin poder contener las lágrimas. El abogado de la familia ha llegado a solicitar que se callara o se fuera de la sala  porque "no me concentro". En su alegato final ha insistido en que la acusada actuó con premeditación, alevosía y ensañamiento a la hora de arrebatar la vida al niño.

Difiere de la fiscalía en que el pequeño agonizó durante casi una hora. Ve ensañamiento. Sobre el móvil ambos apuntan a que fuera  "económico" u "odio absoluto a la madre del niño" o porque "le estorbaba". Y va más allá al asegurar que "Gabriel seguiría vivo si se hubiera investigado en Burgos", haciendo referencia a la muerte de la hija de la acusada que se habría precipitado al vacío por una ventana con cuatro años. A la defensa de Quezada le ha criticado que modificara su escrito final e introdujera la versión de que actuó bajo el efecto de fármacos y un arrebato

Desde el departamento penal de Legálitas señalan que actuar presa por la ira puede convertirse en un atenuante. La confesión también. Pedir perdón no. Y así empezó Ana Julia Quezada su declaración hace siete días, reconociendo que sí quitó la vida a Gabriel, "la única verdad que habría dicho" según la fiscal. Ese día fue el primero que pidió perdón. Y en el final de juicio de nuevo se ha hablado de perdón a través de una carta que le escribió al padre del niño y de su propia voz haciendo uso de su último turno de palabra: "Pido perdón a la familia de Gabriel, a mi hija, a toda España por lo que yo hice y solo espero que Dios me perdone".

Hace una semana aseguraba que todo sucedió por un arrebato de ira después de que el niño la llamara "fea" y "negra" y que no quería que estuviera "con su padre porque quería que se casara con su madre". También aseguró que quería confesar, que "no podía más con este secreto". Por primera vez aseguró que intentó contárselo a alguien y que su intención era suicidarse. 

Su versión de lo sucedido en la finca de Rodalquilar "ofende a la inteligencia" según la propia fiscal. Quezada ha insistido en que no quería matarle, algo que es "inaceptable, inconcebible". Los propios testigos que han ido declarando han demostrado que ella sabía que ese día a esa hora nadie podía aparecer por la finca. Y la fiscal recuerda que la única acusada "miente hasta con la ropa y las manos manchadas de arena en el momento de su detención" asegurando que en el vehículo solo estaba su perro. 

Fiscal y acusación particular creen que sí hubo premeditación. El tío del pequeño no reconoce como suyas ni la pala ni el hacha con el que Ana Julia enterró a Gabriel. Incluso le llegó a sorprender lo bien colocadas que estaban en la casa de la finca la primera noche que pasan allí después de que el niño desapareciera. La abuela señaló que dichas herramientas estaban en la casa de Las Hortichuelas. Tampoco parece creíble su intención de confesar después de escuchar los audios grabados por la Guardia Civil en los que ella misma se anima, con el cuerpo de Gabriel en el maletero: "Tranquila Ana, no vas a ir a la cárcel".  Sus palabras hacia la madre del pequeño, así como hacia el propio 'pescaíto' también pinta una cara B de Ana Julia que ella misma dice no recordar. 

Los testigos han ido desmontando así día a día su testimonio. Ella habla de arrepentimiento, pero el jurado popular ha escuchado todo lo contrario. La fiscal ha recalcado como durmió con el padre durante los doce días en los que se estaba buscando al niño "llegando a convertirse en su propia sombra". Los agentes de la Guardia Civil llegan a decir que casi le dirige. Ella es la que responde a las llamadas que los agentes al frente de la investigación hacían al padre, conociendo así todos los detalles. La excusa, que no tenía móvil. Llegó a perder dos de forma consecutiva, algo que empezó a ponerla en el foco de las sospechas. 

El abogado defensor Esteban Hernández intentó dibujar un perfil de la acusada  ante el jurado como de alguien que "no ha tenido una vida fácil", recordando cómo llega a España y cae en la prostitución. Familiares de anteriores parejas suyas e incluso su hija Judith, fruto de un primer matrimonio en España, la tachan de fría, calculadora e interesada en el dinero. No son los únicos ya que un agente de la guardia civil señaló que su interés podía ser la recompensa por Gabriel. 

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