Biólogos denuncian que los modelos climáticos de la onu no sirven para explicar la extinción de especies


Un grupo de biólogos marinos, entre los que se encuentra el investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Carlos Duarte, ha comprobado que los modelos climáticos en los que se basan los informes del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU son "inadecuados" para explicar la extinción de especies a escala local.
En un artículo publicado en el primer número de la nueva revista "Nature Climate Change", Duarte y científicos estadounidenses y australianos señalan que las políticas de conservación y adaptación deberían contemplar de forma integrada otros factores, como la destrucción de hábitat, la pesca desmedida o la contaminación.
"Las especies no cambian de modo global, sino dentro de ecosistemas particulares. Por eso, los modelos de los climatólogos no sirven para determinar, por ejemplo, qué parte de la mortalidad de posidonia en las Islas Baleares es debida a la acción del hombre y qué parte se debe a un proceso natural derivado del cambio climático", explica el científico del CSIC.
El artículo se escribió a raíz de los debates de una reunión sobre detección y atribución del cambio climático en el seno del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU.
Los autores se dieron cuenta de que era necesario buscar un equilibrio entre tratar de comprender los efectos del cambio climático y prevenir sus consecuencias. Según estos biólogos, "se gasta tiempo y esfuerzo en buscar pruebas de que este fenómeno ya afecta a las especies", en vez de emprender el desarrollo de medidas de adaptación y conservación.
Duarte señala que, aunque es posible evaluar cómo evoluciona la temperatura media del planeta, "es mucho más complicado determinar cómo varía la biodiversidad a escala global".
"Es imposible resolver este dilema con los modelos climáticos actuales que contemplan escalas superiores a un continente", señala el científico del CSIC.
Los autores indican que la probabilidad de atribuir los cambios en el clima a los gases de efecto invernadero disminuye bruscamente en espacios menores de un millón de kilómetros cuadrados y en tiempos menores a 50 años, algo que contrasta con la naturaleza local de las observaciones sobre ecosistemas.

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