Colombia desentierra a sus muertos

  • Quince equipos de antropólogos forenses buscan los cadáveres de más de 20.000 víctimas de la guerra en Colombia, incluso en zonas de combate activo. Ya han desenterrado los restos de 2.500 personas.
En Colombia hay 21.000 personas desaparecidas | John Otis, GLobalPost
En Colombia hay 21.000 personas desaparecidas | John Otis, GLobalPost
GlobalPost
John Otis|GlobalPost
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Tras una complicada caminata de tres horas por las montañas de Sierra Nevada, Sandra Vargas divisó al fin la granja abandonada de su familia y el improvisado cementerio en el patio trasero. Fue aquí, el 6 de enero de 1991,  donde los guerrilleros ejecutaron a su hermano, José de Jesús Vargas, y obligaron a sus padres a enterrarle.

Ahora, acompañada por antropólogos forenses, Sandra Vargas ha regresado a la granja para desenterrar los restos de su hermano y enterrarlos en condiciones. "Siempre he querido hacer esto, pero nunca he tenido la oportunidad", dice Vargas mientras el equipo de investigación comienza a remover la tierra. "Llevo esperando 18 años".

La espera se ha terminado para multitud de colombianos que han perdido a sus seres queridos en una guerra civil que dura ya 45 años. El conflicto enfrenta a guerrilleros de izquierdas contra tropas gubernamentales y escuadrones paramilitares de extrema derecha, aunque la mayor parte de las víctimas son civiles.

Un paso adelante en la trágica historia de Colombia

Las excavaciones comenzaron en 2005 tras el desarme de miles de paramilitares. A cambio de una reducción de condena, los comandantes militares que ordenaron miles de ejecuciones han confesado sus crímenes y aportado información sobre los lugares donde están enterrados los muertos.

Hasta el momento los antropólogos forenses han desenterradolos restos de unas 2.500 personas. Pero sus trabajos sólo están comenzando, ya que en Colombia hay más de 21.000 personas registradas oficialmente como desaparecidas. Algunos casos se remontan a 1974.

Hay tantos casos pendientes que los 15 equipos gubernamentales de antropólogos forenses han reducido sus trabajos a investigar lugares donde tienen una idea clara de las identidades de los muertos, para así poder devolver sus restos a sus familiares.

"Esto ayuda a cerrar las heridas de las familias", asegura Fernán González, un sacerdote católico miembro de una comisión gubernamental de reconciliación que trabaja en recopilar una historia de la guerra civil colombiana.

A diferencia de iniciativas similares en Bosnia, El Salvador, Guatemala, Perú y Argentina, en donde estos proyectos comenzaron cuando ya habían terminado las hostilidades, algunas de las excavaciones que ya se están realizando en Colombia tienen lugar en zonas activas de combate.

De hecho, los equipos de investigación viajan con soldados del ejército colombiano, que inspeccionan la zona en busca de guerrilleros y unidades paramilitares y después establecen un perímetro de seguridad.

Algunos de los miembros de estos equipos admiten estar un poco sorprendidos por el carácter de su trabajo. Tras licenciarse en Antropología, Juliana López imaginó que pasaría el mayor parte de su tiempo desenterrando viejas ruinas en emplazamientos arqueológicos. En vez de eso, está recibiendo un curso intensivo en la historia más reciente (y trágica) de Colombia.

Una tarea peligrosa

Para localizar los restos de José de Jesús Vargas, que fue ejecutado por el extinguido grupo maoísta Ejército de Liberación Popular, López y otros dos antropólogos han sido acompañados en la expedición por Sandra Vargas, que sabía el lugar en donde habían enterrado a su hermano y sirvió de guía.

Sandra, que tenía seis años cuando ocurrió el crimen, no tienen ni idea de por qué los guerrilleros mataron a su hermano, que tenía 24. Muchas de las víctimas civiles de esta guerra son asesinadas por ser presuntos colaboradores del enemigo. Después de la ejecución de José de Jesús, la familia Vargas huyó de su granja, a donde Sandra acaba de regresar ahora por primera vez en muchos años.

La jornada comenzó a las tres de la madrugada, cuando Sandra acudió a reunirse con el equipo de investigación en la ciudad costera de Santa Marta. Después de recoger a una patrulla de soldados, condujeron hasta las montañas de Sierra Nevada, que sobresalen imponentes en medio de la plana costa colombiana.

Sus picos escarpados y valles han servido durante mucho tiempo de refugio a grupos guerrilleros y paramilitares. Cuando la carretera se comenzó a estrechar y comenzó la larga marcha de ascenso, los soldados se encargaron de abrir el camino a la expedición.

Tan sólo llegar hasta el lugar de la tumba supuso media batalla. Los antropólogos cargaron parte de su equipo en un mula de alquiler, pero cruzar ríos y avanzar por el sendero sinuoso les dejó exhaustos y sudorosos.

Hacia la una de la tarde llegaron a la granja de los Vargas, donde tuvieron que ponerse a trabajar con rapidez. Hay grupos de guerrilleros en la zona, así que en lugar de para pasar allí la noche en un campamento el equipo tuvo que localizar el cuerpo y bajar la montaña antes del anochecer. Las identificaciones pertinentes se harían después, en una zona menos peligrosa.

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