Sábado, 16.11.2019 - 02:03 h
Las pequeñas llamaron a emergencias

Las hijas del asesino de Ada: "Detengan a mi padre y salven a mi madre, por favor"

El hombre se sentó en la calle junto al portal con el cuchillo esperando a ser detenido. Tenía una orden de alejamiento de la víctima. 

Crimen machista en Ciudad Lineal
Fachada de la casa en la que se produjo el suceso. M.B.

Los vecinos de la madrileña calle Juan Pascual amanecían hoy como les venció el sueño anoche. Asomados a las ventanas. En el número 15 de esta barriada de Ciudad Lineal un hombre mató a puñaladas a Ada, su pareja, delante de sus hijas de ocho y diez años. El silencio frente al portal -en el que todavía quedan restos de sangre que muestran la tragedia que se vivió allí- se rompe cuando los transeúntes recuerdan lo ocurrido.

No es la primera vez que se escuchaban gritos en ese tercer piso izquierda. No es la primera vez que la víctima llamaba a la Policía. Fueron las hijas las que pidieron auxilio "a gritos desgarradores" solicitando que "detuvieran al padre y salvaran a la madre". No pudo ser. La mujer, de 30 años y de nacionalidad paraguaya, perdió la vida tras recibir hasta seis puñaladas en un portal de apenas metro y medio de ancho.

El presunto asesino, un hombre de nacionalidad ecuatoriana de 43 años, esperó sentado en la calle, con el cuchillo en la mano, hasta que fue detenido. La hija pequeña fue la que llamó a emergencias desde la vivienda al escuchar a sus padres discutir en la calle. Ambas increparon al padre siguiéndole por la calle entre gritos y sollozos: "Has matado a mamá". Ambas tuvieron que ser atendidas por psicólogos del Summa 112. Las tres habían llegado al barrio hace algo más de año y medio. Vivían de alquiler. "Ella era muy trabajadora". Ayer, cuando regresaba a casa, su pareja y padre de las pequeñas la estaba esperando en el portal. Discutieron. Recibió varias puñaladas en el pecho y abdomen.

Crimen machista en Ciudad Lineal
 

No era la primera vez que acudía al edificio del que no tenía llaves desde que la víctima le echó de la vivienda. Algún vecino reconoce haberle abierto la puerta del portal después de que llamara a todos los telefonillos. En el buzón no está su nombre. El mismo fin de semana son varios los que relatan una fuerte discusión. En el garaje que hay junto a la vivienda alguna mañana ha aparecido una botella en la que orinaba mientras esperaba que le dejaran entrar. "Los días que venía más bebido de la cuenta eran los peores", relatan.

Sobre él existe una orden de alejamiento por denuncias de maltrato dictada por un Juzgado de la localidad madrileña de Navalcarnero. Desde allí llegaron a este nuevo piso cuyas ventanas eran las únicas que ayer por la noche no arrojaban luz. En cuanto se escucharon los gritos se avisó a la Policía. Al llegar la primera patrulla una agente pidió toallas que los vecinos arrojaron por las ventanas para intentar taponar las heridas de la víctima. Se llegó a intentar traer un desfibrilador, pero tras varios minutos de reanimación, la mujer falleció. "A él se lo llevó rápidamente la Policía. No se fue a ningún sitio. Se quedó ahí". 

Los que residen ya más de 30 años en el barrio se llevan las manos a la cabeza. "Otra mujer muerta". No olvidarán a esas niñas, que ya estarían a cargo de un familiar de la víctima, "el hermano", gritar pidiendo ayuda mientras veían la sangre en las escaleras del portal. Pocos han sido los que han podido dormir sin pensar en lo sucedido. Relatan cómo el presunto asesino salió del portal con el cuchillo en una mano y el móvil en la otra. "Iba caminando despacio y las niñas detrás".

Mano sangre asesinato Ada

"Por desgracia no es el único caso que hemos vivido". Lamentan estar acostumbrados al paso de coches de la Policía por las trifulcas que hay "cada dos por tres en una plaza que tenemos aquí al lado". Tampoco olvidan a ese matrimonio que vivía a menos de dos kilómetros del último suceso que se ha cobrado la víctima número 42 de violencia machista. "El estaba recién jubilado y mató a la mujer de un disparo", recuerdan.

La calle vuelve al silencio después de que se vayan del portal los últimos coches de las cadenas de televisión. Al recorrerla se escuchan las televisiones de los pisos bajos. En más de una están informando del suceso que les ha quitado el sueño un día después de que el tema de conversación en los tendederos fuera el triple crimen de Valga. En menos de 48 horas cuatro mujeres han muerto víctimas de la violencia machista. Dos no pasarán a formar parte de las estadísticas por ser la madre y hermana de Sandra. Su expareja, en prisión sin fianza, las quitó la vida de un disparo a cada una también delante de sus hijos de cuatro y siete años que al ser preguntados por la Guardia Civil, vestidos de paisano, declararon haber visto a su padre "llegar con una pistola y matar a mamá". 

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