El regreso difícil de los Kakai iraquíes a las aldeas liberadas de yihadistas

"Propiedad del Estado Islámico". Pese al eslogan siniestro que aún mancha la puerta de su casa en el norte de Irak, Guli Hassan Warani, 42 años, limpia su patio con entusiasmo y tira en un balde restos calcinados.

"Nadie viene a ayudarnos, así que tenemos que hacer el trabajo nosotros mismos. Los yihadistas incendiaron mi casa. Separo lo que puedo recuperar", lanza mientras que en la huerta de al lado su marido se ocupa de hacer crecer los rábanos.

Liberada por las fuerzas kurdas a finales de mayo después de más de dos años de ocupación, esta aldea situada en la llanura de Nínive, entre Erbil y Mosul, se parece a una ciudad fantasma. Está integralmente poblada de Kakai, una minoría religiosa kurda, que sigue una doctrina esotérica e iniciática de inspiración sufí, considerada infiel para los yihadistas sunitas.

"Somos diferentes. Además, algunos de nosotros trabajamos con los estadounidenses y con los peshmergas (combatientes kurdos), y esas son todas razones para que (el grupo yihadista Estado Islámico) EI nos deteste. En el frente, ninguna aldea sufrió como la nuestra. Los yihadistas querían destruir nuestra cultura", cuenta Saman Khalil, 30 años.

"Una cincuentena de casas están hoy habitadas, lo que significa que apenas el 10% de los vecinos volvió", precisa Salman Ahmed Abdullah, uno de los dos jefes locales, en pantalón bombacho tradicional.

"Pero los entiendo. No hay agua, ni electricidad, ni escuela. Y hay minas por todos lados, en las casas vacías y en los campos", agrega. Sobre algunas puertas pintaron grandes X rojas para disuadir a los habitantes de entrar.

Él, que había huido como todos en agosto de 2014, volvió el 14 de septiembre para instalarse en una casa... que había sido transformada en cuartel de comando por las fuerzas locales de EI.

Descubrió muebles destrozados y paredes tagueadas de eslogans a la gloria de los yihadistas. En la cocina, una baldosa de hormigón tapa la entrada de un túnel que los yihadistas usaban como depósito de equipos y como camino hacia la casa vecina.

No limitó sus esfuerzos para darle a su casa el brillo de antes. Las columnas están pintadas, el techo, decorado, y las cortinas, elaboradas. Pero otros tuvieron menos suerte. No muy lejos, alrededor de un cráter de cuatro metros de profundidad, diez casas fueron destruidas por una explosión y reducidas a ruinas.

"EI había preparado un camión suicida lleno de explosivos para atacar a los peshmergas, pero fue destruido durante un bombardeo de la coalición", explica Kameran Khalil, gemelo de Saman.

En el jardín de su casa, una rampa de mortero abandonada se vislumbra sobre una colina que domina la llanura donde se situaba antes el frente de combate.

"Volví la tarde misma del día en el cual los peshmergas retomaron la aldea. Estaba muy excitado. Y descubrí que, cuando se estaban yendo, los yihadistas incendiaron mi casa. Me sentí muy mal. Y fue imprudente de mi parte volver tan pronto. Un vecino, por ejemplo, activó una trampa al dar vuelta la perilla de su puerta y la casa cayó sobre él", cuenta.

La remoción de minas es un tema crucial, subraya a su lado el vice presidente de Fraternidad en Irak, Jean Vallette d´Osia, que dirige una asociación francesa que ayuda a las minorías religiosas del país.

"Por supuesto, hubo un desminado militar sobre los ejes principales. Después viene el tiempo del desminado civil: casa por casa, campo por campo. Sin desminado no hay reconstrucción, y sin reconstrucción las poblaciones no vuelven", insiste.

La asociación, que recibió la ayuda del ministerio francés de Relaciones Exteriores, prevé organizar una remoción de minas en seis aldeas de la región con equipos de profesionales.

Cinco meses después de la liberación, la difícil situación de las aldeas Kakai podría bien anticipar el futuro de Mosul, donde una ofensiva está en curso para sacar a EI.

"Cuando vemos a qué situación llegamos, en una aldea como la nuestra, nos imaginamos cuán difícil será para una ciudad más grande como Mosul" donde viven 1,5 millones de habitantes según las Naciones Unidas, señala Kameran Khalil.

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