Lunes, 06.04.2020 - 03:19 h
Una bala perdida mata a un hombre

El búnker de Palma-Palmilla: dos clanes, linchamiento a policías y un kalashnikov

Los vecinos de Málaga denuncian la situación de impunidad que se vive en el barrio ante el uso de armas de alto calibre. 

Los agentes de policía buscan casquillos de bala en Palma-Palmilla
Los agentes de policía buscan casquillos de bala en Palma-Palmilla / EFE

Málaga. Barrio de Palma-Palmilla. La serie Malaka de TVE lo pone en el mapa. Sus índices de criminalidad también. El último incidente, esta misma semana, ocurrió cuando una bala perdida de un kalasnikov acababa con la vida de Mateo, un hombre de 74 años al que su mujer le decía desde el salón "no te asomes". Padre de dos hijos -uno policía local y otro guardia civil- se sintió seguro desde su décimo piso de la calle Ebro. Quería comprobar si lo que estaba escuchando era lo que pensaba: un nuevo tiroteo. Y allí murió tras impactarle en el pecho una bala de un fusil de guerra que penetró el aluminio y el cristal de la ventana. Entre sus planes de futuro estaba abandonar un barrio en el que la policía local se enfrenta a linchamientos cuando intenta hacer su trabajo, los vecinos aseguran vivir con el miedo en el cuerpo y denuncian el uso de armas de alto calibre que utilizan con total impunidad los dos clanes rivales que allí residen: 'Los Romualdos' y 'Los Charros'.

Seis personas fueron detenidas por la Policía Nacional por su supuesta implicación en un tiroteo que, en este caso, parece responder a un problema sentimental. Los incidentes entre ambos clanes pueden no estar relacionados con un conflicto por controlar el tráfico de drogas y deberse a cosas tan simples como que "uno ha pisado el terreno del otro, un roce, un mal gesto...", explica a La Información un policía local que sabe lo que es detener en las calles de esta barriada a alguien porque conduce sin carné "y que empiece a gritar y de repente 50 personas salgan de sus casas e intenten lincharte". Pidieron refuerzos, pero en aquella ocasión "el coche no conseguimos sacarlo de allí porque bloquearon a la grúa". 

Los choques entre ambos clanes se repiten con asiduidad en este pequeño barrio de un distrito que data de los años 60 y cuyos índices de criminalidad y pobreza son tan altos como su cifra de desempleo (una de las mayores de toda Málaga). Allí fueron realojadas personas de otras barriadas en las que había un gran número de chabolas. Ahora, junto a esos clanes, hay "gente humilde que vive amedrantada", asegura este agente, que recuerda como hasta allí llegaron las cámaras de TVE para rodar su serie 'Malaka'. Los vecinos vuelven ahora a la calle para llorar la muerte de Mateo y exponer cómo alguien puede ir con total impunidad por la calle con un arma de alto calibre. "El vecindario vive con miedo e inseguridad", aseguran. 

Son pocos los que se atreven a hablar ante las cámaras de televisión sobre el tiroteo del pasado miércoles. Y lo hacen pero de espaldas. Ninguno quiere dar la cara por miedo a las represalias. "La barriada está excluida". "En los tiroteos hay que cerrar las ventanas y meterse dentro". "Allí hay muchos casquillos de bala de fusiles de asalto". "Yo tengo miedo de que venga mi nieto a verme"... son algunos de sus testimonios a Antena 3 para denunciar el abandono que sienten. Viven en una zona que ha sido bautizada como uno de los grandes supermercados de la droga de Málaga, pero son muchos los que intentan eliminar esa imagen.

Óscar Camacho, que también es secretario general de la Confederación de Seguridad Local y Autonómica, también tiene una reivindicación. "Los policías locales se enfrentan con su pistola 9mm Parabellum contra unos rifles cuyas balas perforan cualquier material". Mariló Valencia, portavoz del Sindicato Unificado de Policía, tiene la respuesta a la pregunta que llevan días haciéndose los vecinos de Palma- Palmilla. ¿Cómo puede ir alguien armado con un fusil de asalto por la calle? En declaraciones a Antena 3 aseguraba que los grupos criminales cada vez aumentan más su fuerza y "el mercado negro siempre ha existido". A algunos vecinos del barrio no les pilla por sorpresa.

Los impactos del último tiroteo siguen en la fachada de ese bloque de viviendas en el que se asomó Mateo. Lo que parecía una rencilla entre clanes rivales acabó con su vida, que nada tiene que ver con lo que se cocía en la calle, kalashnikov en mano. Detrás, 'Los Charros' y 'Los Romualdos'. Dos de los clanes más temidos de Málaga. Varios de sus cabecillas han dejado de vivir en esta barriada que sí parece seguir siendo la base de su venta de droga. Y eso es lo que denuncian los vecinos. Su rivalidad por controlar el negocio les hace usar armas a plena luz del día. Sus expedientes policiales están llenos de detenciones y condenas. Ahora la tensión vuelve a ser máxima en el barrio

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