Viernes, 06.12.2019 - 12:09 h

La iraní Sahar Delijani denuncia los fundamentalismos en su primera novela

Jose Oliva.

Jose Oliva.

Barcelona (España), 14 sep.- La escritora iraní Sahar Delijani hace en su primera novela, "A la sombra del árbol violeta", un retrato de la generación de jóvenes que, como ella, nacieron tras la revolución iraní y sufrieron el giro islamista del nuevo régimen.

El relato multigeneracional de "A la sombra del árbol violeta" (Salamandra/Amsterdam), un libro con el que, ha dicho, quiere "denunciar los fundamentalismos", se convirtió en la revelación de la Feria del Libro de Londres de 2012 y desde entonces se ha publicado en más de 70 países.

En una entrevista concedida a Efe, Sahar Delijani, que se expresa en un correcto castellano sobre su amor a la poesía de Lorca, su convivencia con esta lengua en la California de sus estudios universitarios y una estancia de seis meses en Madrid, ha dicho que se decidió a escribir su historia, porque "sentía casi una obligación de contarla".

Sin embargo, había otra razón más poderosa: "No me interesaban estas historias en sí, no sólo para decir qué me ha pasado, sino que quería contar un momento histórico en la historia de Irán, el nacimiento de una segunda dictadura, tras el derrocamiento del 'sha'", explica.

Tras la revolución, recuerda, "en los primeros cuatro años había alguna actividad política, pero a partir de 1984 todo se acabó y fueron encarcelados numerosos críticos con ese giro y en 1988 se n fusiló casi todos, pues querían eliminar a la oposición".

A pesar de que en la novela no ha recurrido a los nombres de su propia familia y amigos, Delijani narra prácticamente en primera persona: nació en la cárcel, su madre sólo pudo criarla unos meses, y luego estuvo al cuidado de sus abuelos, al igual que su hermano y un primo, cuyo padre había sido fusilado en 1988.

"El nacimiento en la cárcel no me ha marcado la vida de manera significativa, pero, cuando escribí ese pasaje de mi vida, pensé que encarnamos como testigos la represión que reinaba entonces en Irán", comenta.

Aunque en sus intenciones iniciales sólo estaban "escribir lo que pasó y cómo marcó nuestra vida la historia del país, sin ánimo de denunciar nada", al final acabó denunciando la dictadura y el fundamentalismo, porque "nos cambia emocionalmente, nos limita la existencia, como si fuéramos niños con un padre que nos dice lo que tenemos que hacer".

Tras leer la novela, sus padres no han podido ocultar la emoción de revivir aquellos duros años: "Todas esas historias habían pasado en silencio y, ahora que ese silencio se ha acabado y se ha revelado todo, ha sido como una redención para ellos", señala.

Cuando Sahar Delijani se trasladó con 12 años con su familia a California, el choque, confiesa, fue brutal: "Había cosas que no me gustaban en Estados Unidos como el silencio que reina en los barrios de casas con jardín, un contraste con el bullicio que sentía en Teherán, algo a lo que todavía no me he acostumbrado", dice.

En la mente de la niña que fue, retiene también la multiculturalidad de la escuela californiana en la que estudió, "con amigos de todos los rincones del mundo, Nicaragua, Etiopía, México, China, frente a la uniformidad de orígenes y sexo de la escuela de Teherán".

Asegura que estudió el español como segunda lengua, porque siempre le había gustado la poesía de Lorca, como a muchos iraníes, asegura, y de Latinoamérica también le gustaban, sobre todo, Cortázar y Borges.

Sobre el futuro de su país, Delijani, que hoy vive en Turín con su marido italiano, piensa que su generación ha aprendido mucho de sus padres, "porque ellos hicieron la revolución y hemos visto la consecuencia, para bien o para mal, mientras que nosotros conocemos sólo una república islámica y no queremos otra revolución violenta, sino cambiar las cosas a través de reformas".

Antes de la publicación del libro, Delijani visitaba mucho Irán, pero ahora dejará que pase un tiempo antes de volver.

Entretanto, ya ha comenzado a escribir su segunda novela, que será como una segunda parte, en la que se centrará en la salida de la cárcel y en cómo la generación de sus padres reconstruyó su vida, su relación con unos hijos que casi no conocían y cómo volvieron al mundo laboral.

"Dejaron la prisión para estar en una cárcel más grande", subraya.

Asiste, incrédula todavía, al éxito de su novela y en las múltiples presentaciones por toda la geografía ha coincidido con otros hijos de las cárceles iraníes: "Casi todos me agradecen haber contado esta historia, porque sienten un alivio al ver que por fin se ha acabado el silencio que rodeaba este período de la historia de Irán", comenta.

Expresa su preocupación por la república islamista que domina en partes de Siria e Iraq, algo que vincula al antiguo colonialismo en una región retrasada. "Me da mucho miedo, pero no creo que la única solución posible sea una guerra", recalca.

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